AMOR EN VERSO. CARTAS Y CELOS

Nunca he ocultado mi inclinación por el teatro, por la narración de historias relacionadas con las pasiones humanas. Pasiones que muy bien reflejó Shakespeare en obras, como Hamlet, Romeo y Julieta, Macbeth, El Rey Lear, y sobre todo Otelo.

De la misma forma, mi fascinación por el Siglo de Oro español, en figuras como Lope de Vega o Calderón de la Barca es patente. Lo prolífico de su obra en tiempos como aquellos, y la facilidad para el verso y la rima, el dominio del lenguaje cuando tan difícil se antojaba el poder acceder a la educación, lo hacen incluso mas meritorio.

Pero de todas las obras, la que más me ha impactado y podríamos decir que marcado, la que tengo como una de mis favoritas por lo que significa y lo que me identifico con ella es; Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Por ello he decidido en este post hacer un pequeño tributo, muy humilde y salvando las distancias, tratando de recrear en verso una escena de enamorados que bien pudiera representarse en teatro.

I

Nos ponemos en situación. Alonso, capitán de los ejércitos españoles que combate en Flandes y lleva fuera largo tiempo, recibe carta de su amada que reside en la ciudad de Toledo. Ella es una mujer de clase alta, a la que enamoró con sus palabras y valor, y que sufre por estar lejos de su amado.

Lejano amor:

Cuanto regocijo alberga mi esperanza

desterrada por el tiempo transcurrido

en el sentido de tus frases a mi olvido

que marcan el recuerdo en la añoranza.

Pasión remota, de bélica armadura decorado,

tus anhelos se columpian en mi pecho

como mi cuerpo se postra en este lecho

de rosas y jacintos en verbo enamorado.

¿Felicidad?

es poco en este instante robado

al negro desafío que tu marcha expuso

riada que de lágrimas supuso

el intento de privarme del aliento que fluye en el costado.

¡Oh amor!

que dichosa encuentro esta mañana

que tus labios a mi mente han regresado

y que con tan amoroso gesto han besado

el aire que tu retrato ponía en la ventana.

No sufras más de amor en tus soledades

ni tiembles en las noches a su frío

que no tiene tu honor lugar al desvarío

de los celos, que con velos tapen las verdades.

Con hondo desconsuelo he de poner fin a las letras

que con tanto afán y frenesí te escribo,

para que me devuelvan tus palabras con más brío

lo mucho que mueres sin tener mi boca cerca.

II

Don Alonso contesta, pero quizá no de la manera que espera su amada, puesto que la distancia, el tiempo transcurrido, y el fragor del combate lejos de su amada, no han hecho que la olvide, sino más bien que los celos lleguen a su mente y la turben poniendo su honor en peligro, a su juicio, la distancia y la belleza de la mujer que espera por sus besos. Confiesa que no es él quien la está escribiendo hablándola de amor:

Inolvidable flor:

ojalá fuese mi mano tan diestra en el rimar

como sin duda se muestra con la espada,

estaría vuestra sangre aun más calmada

y mi pecho lo estaría a vuestro lado, más.

El recuerdo sin rémora es cruel y pendenciero

pues se adueña, como enemigo transparente, de los sesos

y los baña de amargura y colera en exceso

de palabras y risas vividas a vuestro regazo placentero.

Qué más hubiera querido mi escaso ingenio

que gozar de habilidad y tiempo para la rima

y no usar del mismo perdido entre la esgrima,

que mueve a algún poeta a sonetos escribiros.

¿Cómo por tan alto erudito me tenéis señora

que no habéis reparado en un momento

que nunca mi mano dedicó un lamento

pusilánime de amor, como los versos que leéis ahora?

¿Cómo podéis pensar, mi bien amado

que yo tranquilo viviré y muy sosegado

en las lejanas tierras de Flandes, aun taimado

por algún barbián de mucha letra y poco cuajo?

No, angel mio, mi rubí desconsolado,

no por menos noticias remitiros de mi mal

de amores sin duda afectado en este lodazal,

mi corazón de vos se había olvidado.

Es ahora que el éter de la angustia ha penetrado

cuando siento que mi ánima se aleja

del cuerpo que como burda comadreja

expoliaban tus besos de suave licor y lealtad disfrazados.

No seáis rostro enjuto y congoja por la muerte del amado

podeis olvidar la promesa eterna de quererme

mientras dabais vuestro pañuelo a mi amor inerme,

pues no os preocupéis no lo necesito,mi lagrimal está agotado.

III

Confundida, dolida, y completamente herida en lo más profundo de su corazón por las palabras de su amado, debemos tener en cuenta que el momento en el que se desarrolla la acción la distancia es amplia entre Flandes y Toledo, y las cartas podían tardar meses en llegar, Doña Blanca contesta a Don Alonso plena de confusión, y le comunica la decisión que ha adoptado y lo que acontecerá o habrá acontecido con anterioridad a que él pueda estar leyendo su carta.

Desabrida añoranza:

La estupenda imagen que refleja mi semblante

no es comparable al angustioso llanto y desazón

en que tu inflexible mano sume mi frágil ilusión

herida por la desdicha de una espera amante.

No logro comprender en mi aflicción severa

como un corazón no ha mucho tiempo, amaba

tanto que en el paso de la noche al día le robaba

la savia que pura en su argumento permitir latiera.

¿Qué han hecho mis ojos sino adoraros

todo este tiempo que no erais más que pensamiento

único y desbaratado en mi cabeza, perdido ya el contento

y descabalada la cordura en la locura de quereros?

¿Quién ha esperado en vano las letras del apuesto

hombre embozado que a mi balcón se apostaba,

y permiso con su trova me rogaba

para rondarme galán tornando a encarnado la palidez de mi gesto?

Os juro que no hallo en mi pecho ahora

razón alguna para mudar el semblante entristecido

que no sea conocer la razón de vuestro tono envilecido

contra la noble paciencia de la dama que su soledad llora.

Pensar en el origen de las letras que me llevaron a escribiros

debe ser el motivo de vuestro atropellado juramento,

más sólo soy culpable de quereros con ansia y sin comedimiento,

y si ello no es bastante prueba, será mejor resarciros.

Todo está ya dispuesto en este luctuoso ambiente

serán estas, sólo mis verdades, el único castigo

que penetre en la lucidez del olvido, a despedirme como digo:

es mejor sentir lo que se dice que morir din decir lo que se siente.

CONTINUARÁ…

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
1Comentario

Publicar un comentario