AMOR EN VERSO. CARTAS Y CELOS (DESENLACE)

En el día de ayer publiqué la primera entrega de esta serie de poemas epistolares que pretendían ser un remedo de escena teatralizada de la relación amorosa que mantenían Don Alonso y Doña Blanca, dos nobles castellanos.

Por hacer un breve recuerdo de dónde nos quedamos, Don Alonso contesta a la carta enamorada que Doña Blanca le envía, mientras éste combate en las guerras de Flandes, tras haber recibido “supuestamente” versos de amor y cartas enamoradas de su amado. Don Alonso, presa del fragor del combate, contesta pleno de celos de forma airada a su amada, negando la autoría de las mismas, y preguntando por la persona que realiza esos versos y la ronda en su ausencia.

Doña Blanca, confundida, desairada, y entristecida por la respuesta desapegada de su amado, devuelve las letras afligida y con la pretensión de quitarse la vida ante el rechazo sufrido y el daño a su honra y deshonor en la que sume su nombre Don Alonso.

En esta entrega, entra en juego Don Rodrigo, amigo íntimo de Don Alonso, el cual le expondrá la situación vivida, dándole nuevas desde España, nuevas que no le gustarán, y contestará entrando en razón con el fatal desenlace.

Si te gusta, ¡no lo dudes!, compártelo, para que el mayor número de personas de tu entorno, pueda comentarlo contigo. Si no es así, al menos, tomate dos segundos, para dejarme un mensaje más abajo que me permita crear composiciones que en el futuro, ¡igual, puedan ser más de tu agrado!. ¿Qué me dices? 😉

 

IV

Abyecto, un tiempo amigo:

Puede que los años de ardua campaña

hayan convertido la antaño sangre noble

en pérfido veneno, o que dura como un roble

y vacía tengáis la cabeza, y en vez de persona seais alimaña.

Por el amor que os tuve, que ya se ha agotado,

me he decidido a escribiros, no por ser merecedor

de ello, sino más bien, por haberos hecho acreedor

con vuestra torpeza, del tormento en el que vais a acomodaros.

¿Cómo la más noble espada, cómo la más alta cuna

puede abrazarse a los celos y matar una ilusión?

¿No latía vuestro pecho joven, de Toledo en su balcón

cuando su náyade esbelta reflejaba la belleza de la luna?

¿No moríais enfermo de amor gimiendo

en mi hombro, consuelo siempre acertado,

cada vez que su rostro, siempre venerado,

se volvía hacia vos, no era ese vuestro lamento?

¿Por qué si cuando marchasteis con vuestras tropas

a Flandes, me encargasteis que de vuestro bien cuidara

y que mi joven espada de miedo nunca temblara

en vuestro honor mantener y vuestra llama avivaran mis estrofas

el ingenio se os aparece tan postrero,

que menguado de recuerdo vuestro celo

os cubre la razón con grueso velo

y no veáis que vuestro verbo siempre fue mi acero?

Que desatinado empeño de Otelo mal encarado

ha elegido la vileza para herir sin punta en arma.

Pues, sírvaos de condena y tenedla como alarma

la clara letra que escribo a vuestro orgullo adorado.

Capitán de las Españas, fiero soldado a caballo,

quien escribía las cartas fue quien su amor os ha dado,

el mismo que la guardaba y que vuestro nombre ha guardado

como el eunuco que fiel, guarda puerta en el serrallo.

Don Alonso, hermano en sangre, de Blanca fue enamorado

por blanco tuvo el cerebro, y blanca la ardiente sangre

que habrá arrojado y casi toda perdido en combate,

para no llorar la pena de su amada, que por amor su vida ha sesgado.

V

Leal Rodrigo, siempre hermano:

No os priveis del acertado gozo que produce

la ruina en que vuestras palabras han calado,

que la armadura de huesos se ha desmoronado

al punto de la culpabilidad en que la ignorancia sume.

¡Dios en las alturas tantas veces invocado!

¿Qué tan hondo mal, yo siervo, a vuestro reino celestial

he causado, que la venda que en los ojos fue vital

no rasgarais, para el enmiendo de mi equívoco haber adoptado?

Que negra infausta sombra tañe mi campana

en estos campos, Rodrigo, que de gloria y bendiciones

mi orgullo han exaltado, trasladando con ello mis pasiones

al último rincón de mi ser, siendo por el olvido enterradas.

Mi estrella de Oriente, luz que me guías,

tulipán de mil colores adornados de vainilla

amor de amores primero, puro azahar de Sevilla,

tendrán mis males remedio privándoles de mis días.

Servicial amigo, hermano de vena herida

poeta que atento me servia en el claro de la noche,

acepta ser el resuello último sin reproche

del que mató en la distancia y con ello perdió su vida.

Se tú, que siempre lo has sido, el manantial

de mis líneas, y adorna con tus metáforas

la ruindad más desdichada de un héroe entre las tropas

que fue villano a su dama por inculto y lenguaraz.

Decid que la amé mucho, con sentimiento,

tanto que le ofrecí vuestros sonetos perfectos

de ingenio alto y no mío, pues yo sólo tengo defectos,

que hubiesen estropeado tanta belleza unida en un solo movimiento.

He aqui un hombre atormentado, sólo carne,

a los pies de un árbol seco, derrumbado,

llorando su destino, por la barbarie causado,

y purgando su injusticia en tanto cielo dónde el mismo infierno cabe.

Es tal, con esto ya estoy decidido

que anudo el anillo al aire que aun todavía respiro

y que sin duda a su lirio

me acercará, pues he exhalado un último suspiro…

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]