AQUEL DIA QUE TENER SUPER PODERES NO TE CONVIRTIÓ EN SUPER HEROE

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Se levantó del sillón, puso las manos en los bolsillos y miró por la ventana.

Apartó ligeramente la cortina y respiró profundo. Miró a lo lejos a través de la ventana sin detenerse en nada concreto, simplemente miraba.

Miraba los colores, la luz, gente pasando a lo mejor, miraba los sonidos del exterior también, si, también se pueden mirar los sonidos, y con ello ni ver ni oir absolutamente nada de lo que tienes fuera.

Se dio la vuelta y caminó por el salón con el paso pesaroso, la cabeza gacha, la camiseta por fuera del pantalón arrugado y las zapatillas a medio poner.

 

  • ¿Qué te pasa? –preguntó ella.
  • Nada –respondió dando la vuelta sobre sus pasos.
  • No me digas que no te pasa nada. Algo te pasa. Ya nos vamos conociendo –cerró el libro no sin haber dejado el separador marcando la página por la que iba, y lo dejó encima de la mesa de cristal.
  • Me preocupa algo.
  • ¿Qué es lo que te preocupa?
  • Pareces un fiscal. ¿Puedes dejar de hacerme preguntas y dejar que te cuente lo que me pasa? Me estás agobiando un poco con tanta pregunta –contestó él enarcando una ceja y mirándola fijamente a los ojos.
  • Bueno hijo, no es para tanto. Encima de que me preocupo por ti.
  • Pues quizá se trate de eso.
  • ¿De qué?
  • Pues de que a lo mejor ahora, si que hay motivos para que empieces a preocuparte por mí.
  • Me estás asustando. ¿Qué es lo que pasa? –dijo con un tono más profundo mientras se removía en el asiento y cruzaba sus piernas sentándose frente a él al tiempo que recogía su pelo en una coleta.
  • Se trata de unos sueños…-comenzó diciendo.
  • Joder Javi, ¿unos sueños? Pareces tonto, ¿tu sabes el susto que acabas de darme tío?

 

Se quedó mirándola muy fijamente, con la boca medio abierta. Se sentó de nuevo en el sillón, cogió su taza de té que se había quedado frío, hizo como que removía el contenido con la mano en el aire sin dejar de mirarla a los ojos y finalmente dijo mientras se quitaba las gafas y las dejaba en la mesa.

 

  • Susto el que te vas a llevar ahora de verdad. ¿Sabes lo que es tener, ese famoso dejavue verdad? Lo hemos hablado en alguna ocasión. Esa sensación tan extraña y a la vez tan familiar de que has vivido algo con anterioridad a que te pase lo que en ese momento te está sucediendo. Bien. Pues llevo unos días viviendo lo que sueño previamente. Suceden las cosas que sueño. Es más ha llegado un punto en el que puedo modificar las cosas que suceden a mi antojo, sólo con pensarlo.
  • ¿Me estás vacilando? ¿Qué te has puesto en esa taza, estás seguro que es té? ¿No te habrás equivocado y has puesto otro tipo de hierbas?
  • No estoy de broma. Y créeme que es grave. Al principio no caí demasiado en la cuenta, porque me parecía una casualidad. Una simple broma del destino que hacía que cuando me fundiera a negro por las noches para dormir, un pequeño laser atravesara mi mente como si de un chispazo galáctico se tratara para transpórtame por un proceloso mundo de agujeros negros, ojos de gusano estelares, en los que el tiempo y el espacio se funden para llevarme en un viaje que me colocaba en un lugar conocido en una escena desconocida como si de un espectador se tratara.
  • Me lo estás diciendo en serio. Es que no me lo puedo creer de verdad Javi. ¿Esto no será una de tus bromitas de guionista verdad? Mira que no tengo el cuerpo para bromitas pesadas, te prometo que como me estés tratando de gastar una broma de las tuyas estás a dos velas hasta que a mí se me ponga en las narices. –le dijo levantando las cejas y señalando con su delgado y pequeño dedo índice, al tiempo que colocaba uno de los tirantes de su camiseta rosa.
  • Es una pena que no me escuches, Elena, cuando de verdad tengo algo importante que decirte. ¿No has notado nada raro últimamente? –pregunto llevándose a los labios la taza.
  • Si, justo en este instante. Que te estoy notando más raro de lo habitual y mira que es difícil eso. Pero, a ver, continua. ¿Qué es lo que ves?
  • Lo que veo es justo lo que pasa al día siguiente. Vivo metido como dentro de un bucle. Hace unos días, como te decía, simplemente lo veía como su fuera un espectador, nadie reparaba en mi presencia, todo se producía como si no estuviera allí. Hasta hace dos días. Hace dos días pude interactuar como uno más. –en ese momento dejó caer la mano sobre la cabeza de su perro Kiko que se había colocado a su lado dejando caer la misma sobre sus piernas.
  • Entonces es como si tuvieras el poder de predecir el futuro.
  • Quítale el como.
  • ¿Pero eso es fantástico a fin de cuentas no? Es como tener en tus manos un súper poder, como si fueras uno de los cuatro fantásticos, o un X Men, un súper héroe?. –comenzó a chillar ella presa de un momento de jubilo espontáneo ante una situación que al principio parecía dramática.
  • No es tan sencillo como te parece. Sólo veo cosas relacionadas con mi vida, y no puedo cambiar nada de lo malo que va a suceder. Soy como una especie de Oráculo, puedo ver lo bueno y lo malo, pero no puedo cambiar nada de lo malo que va a suceder. Es como estar metido dentro de una caja de cristal, en la que ves lo que ocurre, y no puedes hacer nada por evitarlo.

Se levantó de nuevo con la taza en sus manos, Kiko le siguió a paso cansino. Cogió un periódico del montón que tenía apilados al lado de la televisión y lo abrió al azar aparentemente.

  • Entonces sabías donde estaba mi móvil, ¿verdad?
  • Claro, ya me extrañaba a mí que con lo despistado que eres lo hubieras terminado encontrando tú.
  • ¿Y lo de mi entrevista de trabajo del otro día? –preguntó mientras se levantaba lentamente.
  • Y lo del último guión…
  • También. En todo eso puedo influir de alguna manera. Modifico algún parámetro y posteriormente consigo que sucedan las cosas. Es como si fuera un aviso de lo que va a suceder, y lo cambio ligeramente.
  • ¿Cómo lo cambias? ¿Cómo haces para cambiarlo?
  • Lo escribo.
  • ¿Cómo?
  • Tengo que escribirlo. Reescribo la historia. Es como si fuéramos personajes de algún libro, pero si quiero cambiar algún suceso negativo no puedo hacerlo. Lo he probado en papel, en el ordenador, de mil formas diferentes, y es imposible, no consigo escribirlo de ninguna manera, no puedo cambiar el devenir de las cosas en aquello que es negativo.
  • Pero ¿qué es lo negativo? ¿ha pasado algo negativo?
  • No, pero va a pasar. –contestó de manera lacónica.
  • ¿El qué? ¿Me estás poniendo muy nerviosa otra vez?
  • ¿Te has tomado el té? –preguntó intentando cambiar de tema.
  • No me cambies de tema Javi, dime si va a pasar algo negativo. No te quedes callado ahora.

 

Cogió las tazas las llevó a la cocina mientras Kiko le perseguía moviendo el rabo y le olisqueaba de forma graciosa la pierna, invitándole a jugar. Al volver de nuevo al salón miró fijamente a Elena y la invitó a levantarse.

La enseñó un anillo improvisado que llevaba en las manos, hecho con papel de plata. Los ojos de Elena se iluminaron, y se llevó una mano a la boca. Javier, secó sus manos de manera improvisada en el pantalón, se puso las gafas y cogió la mano derecha de Elena.

 

  • Quizá no tenga mucho sentido ahora, pero se que te hacía mucha ilusión, y bueno, llevamos viviendo un tiempo juntos, por eso, y aunque no sean diamantes. ¿Quieres casarte conmigo?
  • Claro que quiero casarme contigo bobo –gritó Elena

 

Kiko comenzó a ladrar de forma nerviosa y a mover el rabo como si de un limpiaparabrisas se tratara. Elena se tiró al cuello y besó con fuerza la boca de Javier al tiempo que levantaba las piernas en alto y cargaba todo el peso sobre el cuerpo de su novio, haciéndole caer de repente sobre el sofá.

 

  • ¿Esto ya lo has vivido verdad? –dijo ella con una amplia sonrisa en la boca.
  • Es una pena que no vaya a durar mucho.
  • ¿Por qué dices eso?
  • Porque ya te dije que puedo prever lo que pasa e incluso actuar en cierta manera sobre las cosas que nos hacen felices, pero no puedo hacer nada para borrar lo malo.
  • Pero no nos va a pasar nada malo. ¿Verdad?

 

Javier miró su reloj, y giró la cabeza hacia a Elena, que al ver su expresión mudó el gesto.

  • Madre mía, si va a pasar verdad?
  • ¿Cuando? –preguntó ella
  • En un minuto hará efecto el veneno que te puse en el té.
  • ¿Cómo? –gritó Elena.
  • No sabía como decirte que me quedaría viudo.

En ese momento los ojos de Elena empezaron a ponerse en blanco, su cuerpo convulsionó en el sillón donde antes había sonreído y preguntado a partes iguales. Confusa y excitada, en cortes espaciados por apenas segundos. Agitada ante lo que Javier le estaba contando, atraída por la idea de un futuro mejor ante lo que le contaba, y al mismo tiempo recelosa de que lo que le estaba contando de verdad fuera cierto.

Ahora su boca, luchaba por intentar llevar un poco de aire a los pulmones, la cara estaba completamente azul. Javier se acercó para cogerla en su regazo y tranquilizarla acariciando su pelo recogido en una cola de caballo.

 

  • Tranquila en unos segundos todo habrá acabado. Me hubiera gustado borrar tu aventura. No conocerla. No verte. No descubrirte como iba a hacerlo esta noche. Es mejor así. Es el mejor final que se me ocurría para nuestra historia. Ya ves, soy un guionista mediocre.

 

Al terminar de decir esas palabras Kiko ladró, y lamió la mano de Elena, dónde destellaba el papel de plata en uno de los dedos simulando un anillo.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
7 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 06:19h, 29 Mayo Responder

    Hola José Carlos, me he quedado sin palabras. No contaba con este final….. La verdad es que la mente de un escritor es un polvorín jajaja. Nunca hubiera imaginado un final así para esta historia.
    El caso es que Javier no considera un margen de error en su predicción ni asume una infidelidad como algo que puede formar parte de una relación, terminándola sin más. Actúa como Otelo y sin ningún tipo de remordimiento, impartiendo su justicia….pero esto daría para otro escrito.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:34h, 09 Junio Responder

      Hola Carol. Bienvenida de nuevo.
      Me alegra mucho esto que me dices, porque para un escritor, como señalas, una de las cosas que mejor nos puede ir es que nuestros lectores se sorprendan con los giros de las historias y las reacciones de los personajes. ;P
      No lo considera ese margen de error en absoluto, es cierto, no lo considera tanto como un poder, como se ve en la conversación que tiene con su pareja, sino como una maldición, algo que no quiere, pero que ya que tiene, le ha servido para darse cuenta de cosas que no hubiera querido saber. Es cierto que Javier es un Otelo, un tanto menos vehemente, un tanto más calculador, y que tiene a su Iago particular en sus propios sueños, aunque esto, como bien dices, daría para otro escrito.
      Muchas gracias por comentar como siempre, tus opiniones son muy bien recibidas.
      Un beso

  • Magdalia
    Publicado a las 06:56h, 29 Mayo Responder

    Algo me daba q

    • Magdalia
      Publicado a las 07:02h, 29 Mayo Responder

      Conforme iba leyendo y esa actitud de él elevándose, me iba anunciando que algo raro iba a suceder y así ha sido.
      Tengamos o no superpoderes, eso no es lo importante. Hay que saberlos dominar e interpretar. Él se creyó en poder de su absoluta verdad pero el destino, en ocasiones, nos da oportunidades… Buscó un final para confirmar su dejavù y eligió el menos correcto. O mejor dicho, reescribió la historia o así lo veo yo.
      Un beso.
      Podría decir que me ha encantado que, de hecho así ha sido, pero sería un comentario muy tonto para el trabajo que has realizado. Quiero que sepas que me has llevado de un lado a otro de esa casa y visto y percibido cada uno de los personajes… Hasta al perro.

      • Jose Carlos
        Publicado a las 05:39h, 09 Junio Responder

        Hola Magdalia, bienvenida de nuevo. Es un placer para mí leer tus consideraciones al respecto de mis escritos. Lo valoro mucho.
        Como bien refieres, y yo secundo, lo importante de tener un cierto poder o no, que de hecho si filosofamos, podriamos decir que así es en muchas ocasiones, no es el propio hecho de tenerlo, sino más bien, saber gestionarlo. Saber utilizarlos en pro de los demás incluso antes que en el beneficio de uno. También es verdad, que le di el poder a Javier, de elegir su propio final, su propio destino, el de hablar y perdonar, el de entender, el de solucionar, pero el eligió la parte menos racional y decidió quedarse con la pasional. Incluso su propio perro, que encarna la fidelidad, el que está a su lado siempre, hay momentos en los que parece indicarle que varíe su actitud, pero decide no hacer caso.
        Muchas gracias por el comentario y por tus palabras, tan amables. Me alegro que hayas podido imbuirte de la atmósfera de la habitación en la escena.
        Un beso.

  • Erika Martin
    Publicado a las 17:14h, 30 Mayo Responder

    Hola Jose Carlos,
    no sé si eran super poderes o instintos asesinos 😉 El caso es que has sabido pasar con gran habilidad del suspense al romanticismo para acabar en tragedia. He podido visualizar perfectamente la escena y los personajes. Enhorabuena.
    Un beso

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:30h, 09 Junio Responder

      Hola Erika.
      Bienvenida de nuevo a esta tu casa, muchas gracias por pasarte. El caso es que si se trataba de un super poder, es cierto no? poder visualizar en un sueño todo aquello que va a suceder en el futuro y tener la posibilidad de cambiar cosas, excepto como dice el personaje “las malas”, te da poder, pero también una cierta responsabilidad para saber gestionarlo.
      El problema es qué sucede cuando la realidad humana, de lo que somos, se apodera de nosotros por encima de ese poder, cuando se siente traicionado por su pareja, y se lo hace pagar, y sobre todo, cuando despierta de nuevo, y aun no ha pasado nada, pero tiene claro que va a pasar. Dónde están nuestras capacidades de perdonar, o de vivir en base a otros modos o condicionantes?
      Muchas gracias por venir y comentar de nuevo me ha hecho ilusión.
      Un beso

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]