LA BUENA LITERATURA HA MUERTO, ¡VIVA LA LITERATURA!

Escandaloso el título. ¿Verdad?

La buena literatura no es que haya muerto, como sin duda ya sabes, pero hay cuestiones subyacentes que nos llevan a dudar de manera constante sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos. Y sobre todo, si calidad va unida indefectiblemente a gusto. 

Lo cierto es que lo que tengo que decirte en el día de hoy, no va a gustarte nada.

Si eres escritor, porque tenemos un ego que no nos cabe en el cuerpo y nos cuesta reaccionar ante las críticas negativas. Si eres lector, porque no te hace gracia que te indiquen que puedes estar haciendo el canelo con las novelas que acabas de leer. Y si eres profesional del mundo del libro, porque al igual que en los casos anteriores, eres un profesional muy cualificado que nunca falla en sus apreciaciones.

Bien, hasta aquí el mundo. Nada nuevo bajo el sol. Todos los sectores se comportan más o menos igual. Todas las personas, más bien, se comportan más o menos igual.

Antes de empezar te voy a dejar con un corte de la película “Algunos hombre buenos” en la que Tom Cruise, interroga al personaje de Jack Nicholson. Ahora nos vemos.

¿Qué tal? ¿Potente, verdad?

Pues una cosa parecida es lo que nos pasa al común de los mortales: No queremos que nos digan la verdad.

Sí, jugamos con la emoción de presentar nuestras obras y que nos den una opinión sincera. Algo que nos permita satisfacer la vanidad que se oculta detrás de cada una de las acciones que en muchas ocasiones nos lleva a considerar que somos una suerte de Walt Whitman, Virginia Wolf o el nuevo García Márquez. Pero lo cierto es que no es así.

Bueno, matizo, en muchos casos no es así. Lo que sucede, es que en los casos en los que sí lo es, a la persona en cuestión le importa entre poco o nada la opinión del resto de los mortales al respecto de su obra. Tiene algo que decir y simplemente lo dice.

¿Tienes algo que decir?

Eso es lo que debes plantearte si quieres dedicarte a escribir.

Nos pasamos gran parte de nuestro tiempo, de nuestro día, de nuestra vida, tratando de demostrar que tenemos razón y que merecemos la pena.

¿Para qué tienes que demostrar nada a nadie?

Si ya has superado esta pregunta, simplemente sigue avanzando.

Parece que necesitamos la aprobación constante de nuestro entorno para hacer nuestro trabajo, nuestra función, lo que nos gusta; contar historias. Que sin esas tres o cuatro palmadas en la espalda, no podemos sentarnos a teclear.

¿Pero no se supone que lo haces porque tienes necesidad de hacerlo? Porque te queman las manos y tienes una historia que necesitas vomitar a la primera de cambio ¿no?

Entonces ¿Qué más da el ruido del exterior?

Bueno, en este último punto tengo que matizar. Tampoco debemos hacer oídos sordos a todo lo que se nos dice. Cuando alguien que sabe más que tú, te ofrece una crítica constructiva (o destructiva que tampoco pasa nada) sobre tu trabajo, atiende y mejora. Saldrás fortalecido. Esos son los famosos informes de lectura, u opiniones de lectores cero cualificados, que te permiten mejorar aquellos aspectos de la novela que quedan por pulir. 

No seas como en el corte de la película, no quieras cerrar los ojos a la verdad. Cuando dos o mas personas coinciden en una opinión al respecto de algún escrito tuyo, a lo mejor es que tienen razón. 

Piénsalo.

Imagen tomada en el preciso instante en el que un grupo ofrece su opinión al respecto de mi último relato.

¿A qué viene todo esto?

Viene, sobre todo, al debate que hay sobre la mesa casi de manera constante entre “qué es bueno y qué no lo es”, “qué me gusta y qué no”. Pero sobre todo a la manía que tenemos de terminar asociando el primer debate con el segundo hasta pervertirlo en grado sumo y retorcerlo de tal manera, que no se distinga la primera cosa de la segunda.

Yo podré estar más o menos de acuerdo con las exposiciones de motivos de alguien a la hora de defender una idea. Pero eso no significa, que su manera de exponerlo sea mala, o incluso que sus motivos lo sean.

No sé si me explico.

En alguna ocasión, te he hablado de Isaac Belmar. Un bloguero y escritor, que llama a las cosas por su nombre. O si no lo hace, al menos tiene su criterio y te explica cuáles son sus motivos con toda la crudeza que le da saber de lo que habla.

Puedes estar de acuerdo con él, o no. Pero lo que nunca se le podrá achacar, es que no tenga ni idea de lo que está hablando.

En esta entrada de su blog, habla de los aspectos que considera son determinantes para concluir cuándo algo es bueno o malo. No me voy a repetir. Primero porque él lo hace muy bien. Segundo, al escribir esta entrada para mi blog, ya estoy cayendo en uno de los motivos que el argumenta para decir que algo es malo. Y tiene razón. Tercero, porque no te voy a aburrir con motivos copiados de un acá para allá.

Pero sí que quiero comentar algunas cuestiones que pueden ayudarte a identificar tu obra como buena o mala. Y si quieres las de los demás también, pero te recomiendo que empieces por mirarte en el espejo.

1.          Lo que cuentas, lo ha contado alguien antes.

Te podrá gustar más o menos, pero lo que el espejo refleja eres tú. Así que si no te gusta, ya sabes a cambiarlo.

2.   Tus personajes están llenos de estereotipos y sin       profundidad.

3.          El ritmo es lento o simplemente no hay ritmo.

4.     Tu estructura es deficiente o no sabes lo que es una estructura narrativa.

5.           Las cosas suceden porque sí, sin explicación alguna.

6.          Estás considerando que el lector/a es tonto/a y que se va a creer cualquier cosa que le cuentes.

7.         No has trabajado la documentación anterior a tu historia y por lo tanto tus escenas carecen de credibilidad.

8.            La ambientación es deficiente o simplemente no existe.

9.           Te has dedicado a copiar una novela de mucho éxito en el mercado y cambiarle los nombres a los protagonistas.

¿Cómo calificarías una novela que llega a tus manos con estas características?

Son solo algunos de los motivos para considerar que tu novela es mala. O la mía.

Pero todo esto nos lleva a criminalizar, por decirlo de alguna manera, a estas obras y quemarlas en la pira de las redes cual iracundo Goebbels (la verdad es que no tengo en mi mente ahora mismo ninguna imagen de este señor de otra manera que no sea iracundo).

No pasa nada por reconocer que hay miles de obras malas de solemnidad con las que la gente disfruta, se ríe, se lo pasa bien y lee, que al final es lo que buscamos.

Los escritores queremos que nos lean. Y si nos pasamos la vida diciendo:

Mi obra es una maravilla de la técnica, pero no me lee ni Dios.

Pues no estaremos nada contentos. Mientras tanto, aquellos que señalamos con el dedo como descastados que no tienen ni idea de literatura, nos mirarán desde sus sillones de cuero y reirán sacando a colación sus millones de lectores a lo largo y ancho del planeta.

No te preocupes, muchos de los escritores venerados, hoy en día, como autores de grandes obras de la literatura universal, murieron pobres de solemnidad. Y vivieron de la misma manera.

Así que tranquilo, vas por el buen camino. 🙂

Yo, buscándome la vida con otra cosa que no es la literatura mientras espero que algunas de mis obras sea considerada digna par recibir el Nobel.

Se puede realizar una obra de calidad y que al mismo tiempo entretenga. No es que se pueda, es que se debe intentar hacer eso. Pero también es verdad que hay un gran número de obras que tienen esa etiqueta y que a muchos les parecen un coñazo. Y no pasa nada por decirlo a los cuatro vientos.

Vuelvo a Isaac, y a esta entrada. Aquí hace referencias a Nabokov y a Javier Marías.

En mi caso, el primero me encanta. El segundo me cuesta. Jamás se me ocurriría decir que es mala literatura lo que hace ninguno de los dos. Como tampoco lo digo de Joyce, aunque no me guste el “Ulises”. O de García Márquez porque no me parezca que “Cien años de soledad”, es la pera limonera (ya puedes lapidarme, no hay problema)

¿Qué quieres escribir?

Es lo que tienes que plantearte. El resto no dejan de ser etiquetas. Todos sabemos que hay miles de libros, cientos de miles, que hoy en día están vendiendo cifras geniales (sobre todo para sus editoriales que se están frotando las manos con las ganancias obtenidas) que no pasarán a la posteridad como obras cúlmenes de la literatura universal.

Pero te repito.

¿Qué quieres que sea tu obra?

¿Una obra que pase a la posteridad o una hucha?

Tú decides. Y no pasa nada, no te juzgues por ello.

Mira lo que decía Pérez Reverte en ABC en el 2010. Lo recoge Actualidad Literatura en este artículo.

No creo que le importe mucho lo que se dice de su obra. De hecho, se le achaca tanto a él como a Stephen King, que no saben escribir finales para sus novelas. Pero seguro que pocos dirían que todas sus obras son malas. Yo me reservo mi opinión en este punto.

¿Tú que opinas?

Creo que no les va a quitar el sueño a ninguno de los dos. Pero te puede servir para profundizar en lo que quieres hacer con lo que escribes. Puede servirte de análisis para no cometer los errores que los demás cometen. Para hacer de tus historias, algo mejor. Un texto mejor, una idea mejor, un final mejor, una propuesta mejor que te permita también mejorar a ti, novela a novela.

Pérez Reverte, habla de las tragedias griegas escritas para el pueblo. Son las que han servido como modelo, en muchos casos, para el desarrollo posterior de obras geniales. No eran consideradas entonces como lo más elevado de la cultura sino todo lo contrario.

Lope y Shakespeare escribían para el pueblo, para que se les entendiese. Historias, cuya temática principal era del gusto de gente llana sin estudios. Tontos no eran, sabían que tenían que llegar a la mayoría para poder comer, y la manera de hacerlo era esa. Hoy día, pregunta tú por ahí si cualquiera de ellos hacía literatura de la mala, a ver qué te dicen, sobre todo en la universidad.

En este otro artículo del blog patrulla de salvación, se recogen varios artículos de distintas personas vinculadas al mundo de la literatura, en distintas épocas, que me parece muy interesante. Dale un ojo con atención porque creo que puede aclararte muchas dudas. 

Para terminar, quiero dejarte reflexionando con una frase de Mark Twain que dice así:

“Es más fácil engañar a la gente, que convencerles de que han sido engañados”

¿A ti que te parece?

Me encantaría que me dejaras tu opinión en los comentarios. Y si quieres ayudarme a seguir escribiendo artículos como éste, compartirlo en tus redes será en buen comienzo. ;P

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
4 Comentarios
  • Manuel
    Publicado a las 12:14h, 02 abril Responder

    Muy bueno. ¿Y que significa bueno para mí ?.Pues que lo aquí escrito revela crecimiento personal,autenticidad , llega y enseña. Y esa sabiduría que trasmite este texto me encanta., me flipa , me gusta.

    • JC Sanchez
      Publicado a las 08:18h, 03 abril Responder

      Muchas gracias, Manuel. Me alegra que te haya gustado.
      Creo, honestamente, que aunque nos cueste, todos debemos estar en esa idea de crecimiento personal de manera constante. De otro modo, ¿qué hacemos aquí? ¿para qué estamos? Ya sé que no voy a resolver yo las preguntas más repetidas de la humanidad. Otros mucho más inteligentes, hombres y mujeres mucho más inteligentes que yo ya se las hicieron y aún así, todavía estamos como estamos. Pero quizá, si simplemente al despertar cada mañana, nos hiciéramos esa reflexión cada uno durante unos minutos… no sé, me gusta imaginar que igual muchas de las cosas que pasan, no sucederían.
      Muchas gracias por tus amables palabras, de corazón.

  • Mayte Esteban
    Publicado a las 23:00h, 02 abril Responder

    Me ha encantado tu artículo y te añado un nombre a esa lista de Lope y Shakespeare, Jacinto Benavente. Su obra “Los intereses creados” me parece genial, pero no tuvo ningún éxito así que, como quería vivir de la literatura, se dedicó a escribir comedias burguesas, al gusto de la gente que pisaba los teatros. Hay quien cuestiona su premio Nobel y a mí, sin embargo, el que me cuesta asimilar es el de Juan Ramón porque no conecto ni con media docena de sus poemas. Gustos. Colores. Nada es bueno o malo del todo, porque hasta de lo más horrendo se puede aprender qué no hacer.

    Yo seguiré dando clase que es con lo que como y, cuando no pueda evitarlo, escribiré lo que me salga del corazón.

    • JC Sanchez
      Publicado a las 08:22h, 03 abril Responder

      Hola, Mayte.
      Muy honrado de tenerte por mi blog.
      Estoy de acuerdo contigo. Son muchos los autores que no he nombrado en esta entrada que no tuvieron el éxito que buscaban, por mucho que se empeñasen en perseguirlo. El éxito les llegaría mucho después como se dice en el propio post. La idea es justo lo que señalas, gustos hay muchos, pero bueno o malo no depende ese gusto, sino de otros factores como muy bien sabes.
      Puede ser muy bueno y no gustar a nadie, o muy malo y tener un éxito arrollador.
      También coincido en que lo mejor que podemos sacar de cualquier cuestión es el aprendizaje. Llevarnos ese aprendizaje en la mochila es lo más importante. Malo cuando dejemos de hacerlo.
      Escribir lo que nos sale del corazón es la mayor verdad que podemos dejar para los que vienen detrás. No creo que un escritor/a tenga otra obligación mayor que esa.
      Muchas gracias por comentar. Estás en tu casa, vuelve siempre que quieras 🙂

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