CARTA A CERVANTES

Querido Don Miguel de Cervantes Saavedra.

Espero que al recibo de estas letras se encuentre usted bien.

Creo que últimamente le han estado buscando un tanto las cosquillas, husmeando a la caza de su lugar de enterramiento. No quisiera asustarle, pero por lo que tengo entendido parece que han dado con sus huesos y si el tiempo, o Dios, no lo remedian, se va a convertir usted más en atracción de feria para turistas, que en imagen venerada.

Todo este movimiento y revuelo me recuerda a cuando obcecados, tampoco supieron ver más allá de las letras en el negocio y decidieron cambiar la fecha de su muerte y la de otro insigne, inventando bulos y patrañas diversas para hacerla coincidir en tiempo.

El Día del Libro lo llaman. 

¿Qué le parece?

Seguro que le suena un tal Shakespeare.

Ya ve, usted batallando y viviendo el desastre de la Armada Invencible, para acabar asociado en efemérides con un hijo de la “pérfida Albión”.

¿No me diga que no es grande la literatura o pequeño el seso del hombre?

Por lo demás, poco ha cambiado esta España nuestra. Salvo una cosa, eso sí, que ya no somos Imperio. Aunque a ciencia cierta en su época teníamos muy encauzada la caída.

Pero no desespere en su tumba Don Miguel, no todo es malo y ha cambiado.

Por ejemplo, los pícaros nos siguen sobrando, a fe.

Fíjese si está su obra de actualidad, que los políticos, que son una especie de Corte que rige los designios del pueblo ahora, se empeñan en emular a Rinconete y Cortadillo en Las Novelas Ejemplares a diario.

Es todo un detalle ¡No me diga, Don Miguel!

Usted, que apenas pudo disfrutar en vida de su éxito, se asustaría al ver el reconocimiento que en el extranjero se tiene por Don Alonso Quijano, su Quijote. Es tanto, que mientras fuera se le estudia y venera, aquí en la patria que lo vio nacer nos cuestionamos si es oportuna su lectura por cierta parte de la población.

¿Ve? Nada ha cambiado. Aunque algunos nos empeñemos en mejorar ésta tierra que nos contempla siguiendo las enseñanzas del lúcido Quijote:

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía. Es justicia”

Allá dónde se encuentre su alma contemplando cómo transitamos por la ribera del Tajo, o cuidamos de su adorada Posada del Potro, puede quedar tranquila por la defensa de las letras. Los del negocio quieren sus huesos, a nosotros nos basta con su espíritu Don Miguel, ese que atesoramos a buen recaudo en cada una de sus letras.

J.C. Sanchez

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