CHARLES BARNABY. EL TREN CAMINO A BRISTOL

Por supuesto amigos, es Navidad, pero como ya dije en una entrada anterior, Charles Barnaby es puntual a su cita con todos vosotros de cada jueves.

¿Qué mejor momento que estar rodeados de la familia, justo después de la comida, y al calor del hogar disfrutar de las aventuras de este pícaro y galán inglés?

Continuamos con la relación que se ha establecido entre el Sr. Barnaby y la Sra. Walker en el interior del tren.

Espero que todos podais pasar unos entrañables días en compañía de vuestros seres queridos, y no dudéis en tomaros vuestro momento personal para seguir estas aventuras.

Mis mejores deseos desde estas líneas para vosotros y vuestras familias. 🙂

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imagen cogida de infoseriestv.com

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Los ojos de Sara Walker se clavaron en mí, pero esta vez no había dureza en su mirada, sino más bien intriga, como preguntándose ¿Quién era ese extraño personaje que decía pertenecer a la nobleza?

  • ¿Y usted a qué se dirige a Bristol? – preguntó la voz grave de Robert.
  • He de coger un barco hacía Francia, estoy huyendo de Scotland Yard. Tuve un problema con un tío mío respecto a una de mis posesiones en York, y se produjo una desagradable discusión que me condujo a la irremediable situación de tener que matarlo con uno de los hierros de atizar el fuego en la chimenea. Luego viendo el desafortunado destrozo que se había producido, decidí no sin unas dosis altas de repulsión, le descuarticé para que no hubiera pruebas, pero cometí un pequeño y desafortunado error, olvidar uno de sus dedos con un sello característico en una mesa encima de mi pitillera y…tuve que huir- respondí bajando la mirada y suspirando profundamente.

Sara y Robert me miraron asombrados con los ojos casi fuera de las orbitas.

  • Pero, pero…-tartamudeo Robert

Levanté poco a poco la cabeza y fijé mi mirada en la inmensidad azul de Sara al tiempo que soltaba una sostenida y sutil carcajada. El matrimonio se miró confundido.

  • Es una broma. Disculpen mi humor negro.-Dije entre risas mientras ambos respiraban aliviados y Robert prorrumpió en una sonora y desagradable carcajada llevándose ambas manos a su inmensa barriga, dejando caer su canosa y enorme cabeza hacia atrás- En realidad me dirijo a París por negocios, aunque mi destino final es Túnez, es allí donde realmente debo entrevistarme con una persona.- aclaré.
  • Sir Charles, por un momento me ha venido a la menta la imagen de ese desalmado que está últimamente sembrando el terror en las calles de Londres asesinando sin piedad a jóvenes mujeres al amparo de la noche, me ha estremecido su frialdad amigo mío- Se sinceró Robert.
  • Créame que no era mi intención- y dirigiéndose a Sara, dije con voz melosa- espero no haberla importunado, señora Walker.
  • No, Sir Charles, no negaré que me ha sorprendido su relato, aunque no se si me ha sorprendido más hallar un toque humorístico de ese calibre en su persona- contestó Sara con una media sonrisa.
  • Aun hay más cosas en mi persona que se hallan ocultas, Sra Walker, tanto que ni yo mismo se que existen- agregué mientras levantaba la copa al aire brindando por el ingenio de la dama.

La cena trascurrió de forma agradable, entre caldos, escabechadas, con guarnición de verdura y pastel de postre. Todo ello regado por vino tinto, cuya tercera botella estaba siendo apurada por Robert Walker, que empezaba a tener la cara enrojecida detrás de la servilleta que se había anudado al cuello a modo de babero, para evitar mancharse, y a encontrar problemas para articular adecuadamente las palabras.

La conversación se hizo más fluida entre Sara y yo, y las risas comenzaron a fluir con naturalidad.

Una vez hubimos acabado, volvimos a la cabina que correspondía a nuestro billete para descansar un poco, antes de llegar a Bristol. Prácticamente un segundo después de habernos acomodado, el viejo Walker estaba roncando como un auténtico cerdo. Los alimentos de la cena y sobre todo el vino habían provocado la somnolencia aguda, de un hombre que ya no estaba en edad de soportar esa cantidad de alcohol.

Sara lo acomodó como buena esposa, y lo miró cariñosamente con una amplia sonrisa en su gesto mientras pasaba la mano por su barbuda cara. Poco después sus ojos adquirieron un tono melancólico.

  • Es curioso- dije mientras sacaba un cigarro de mi chaqueta y me disponía a encenderlo.
  • ¿Qué?- preguntó la mujer con gestó confundido.
  • Todas las mujeres que conozco se casan con hombres que podrían ser sus padres- contesté.
  • Bueno, el amor no entiende de edades, Sir Charles, usted debe saberlo ¿no es así?
  • No creo que sea una cuestión referente al corazón lo que atañe a estos casos Sra. Walker, es más bien, una atracción hacia la comodidad y la seguridad, pues más vale suspiro al aire que estomago vacio – expliqué mientras saboreaba el cigarro con caladas hondas y pausadas.
  • Eso es una grosería, Sir Charles, no esperaba esas palabras en un hombre de su posición. ¿Creía que les enseñaban a tratar a las damas?- respondió enojada con un aspaviento la mujer.
  • Si, ha sido una grosería, no ha sido mi intención señora, probablemente su belleza ha hecho que olvidara mis modales, ruego me disculpe.- expresé seriamente- La dejo que descanse junto a su marido, yo saldré un momento al pasillo para terminar el cigarro y no molestarles más- hubo un silencio y ambos nos miramos fijamente. Pude sentir como su pupila se dilataba y el rubor de apoderaba de su cara.
  • Entonces, buenas noches, Sir Charles- dijo Sara mientras bajaba el rostro.
  • Buenas noches, señora- me limite a contestar.

Salí del compartimento, y me dirigí a al final del vagón con la mano izquierda en uno de los bolsillos de mi chaleco y la derecha sosteniendo el cigarro. Me llevé la mano al reloj y lo abrí, todavía eran las 10.30 p.m.

El movimiento del tren era tremendamente monótono, y su sonido con el contacto de las vigas de hierro estridente. “¿Cómo podía dormir la gente con semejante ruido?” no podía entenderlo. Me encontraba mirando la oscuridad del exterior, y preguntándome el frio que debía hacer, cuando de pronto, el sonido de unas puertas abriéndose llamó mi atención y miré hacia el fondo del pasillo. Una figura de mujer salía del compartimento y cerraba las puertas a su espalda. Era Sara.

Su belleza era tal que incluso podía adivinarse en la oscuridad. Apagué el cigarro y llamé su atención. Llegó hasta mí, con sus brazos cruzados a la altura del pecho y dijo.

  • No puedo dormir, ¿le importa si le acompaño?.
  • En absoluto, una agradable compañía siempre es grata, y la suya lo es mucho más aun- me apresuré a contestar.

Ambos mirábamos por la ventana, y hubo otro silencio prolongado, que rompió Sara.

  • La vida no siempre es sencilla, Sir Charles
  • Llámeme Charles, por favor- interrumpí mientras ella alzaba un momento su rubia cabeza y esbozaba una sonrisa que liberaba una perfecta y radiante dentadura.
  • De acuerdo, Charles. Decía, que la vida no siempre es fácil, y menos para una mujer joven y de provincia. La crueldad humana puede llegar a ser infinita. Por eso cuando la vida te empuja a sobrevivir, te puedes encontrar con ciertas cosas, que a simple vista parezcan carentes de sentido.
  • ¿Cómo su matrimonio con Robert? – me apresuré a significar. Sara me miró fijamente un instante con los ojos humedecidos y volvió de nuevo la vista al ventanal.
  • Las personas deben sobrevivir, digamos que yo no estaba consiguiéndolo, y Robert me ayudó. Es un hombre bueno. De alguna manera, debía devolverle todo lo que había hecho por mí- Explicó con una cara entristecida y ojos humedecidos Sara.
  • Las deudas se pagan, los vestidos se pagan, pero hay determinadas cosas que yo creo que no tienen un valor para estar en venta.
  • Eso lo dice Sir Charles Barnaby Noland III, que nunca ha pasado necesidades, que todo ha estado a su alcance, y que ha disfrutado y disfruta de todo lo que se le antoja.
  • No creo que me conozca tanto para aseverar con tanta seguridad algo como eso- contesté airado.
  • Por favor, no pretenderá hacerme creer que…está bien, da igual, no se por qué le cuento todo esto, usted y yo somos muy distintos, y nunca pensaremos igual. Además, una vez que lleguemos a Bristol probablemente no volveremos a vernos- dijo Sara mientras se volvía y empezaba a andar de nuevo hacia el compartimento.
  • No todo se puede comprar con dinero Sara, la libertad de una persona no puede comprarse, podrán atarla con mil grilletes pero interiormente seguirá siendo libre…-acerté a decir cuando en ese instante el tren realizó una brusca maniobra que zarandeó el vagón y provocó que Sara estuviera a punto de caer al suelo. La fortuna evitó que esto sucediera dejándola en mis brazos, que la sujetaron por sus axilas mientras mi espalda se apoyaba contra la pared para no perder el equilibrio. Sus delgados brazos colgaron y se sujetaron posteriormente agarrándose a mis hombros, y mi mano derecha se apoyó en su espalda para ayudarla a sostenerse. Sus labios y los míos quedaron a la misma altura y podía sentir su respiración entrecortada en mi boca. Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos, y pude notar como el bello de mi nuca se erizaba, y la respiración en su pecho se aceleraba.
imagen de www.lilemus.wordpress.com

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CONTINUARÁ…

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 05:30h, 26 diciembre Responder

    Hola Jose, me gustó el humor negro de Sir Charles, y ya se veía venir cierta atracción física entre él y Sara, ¿qué pasará después?
    Abrazos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 18:00h, 31 diciembre Responder

      Muchas gracias Alejandra. Veremos que sucede después. Lo que es claro es que mañana es jueves, y aunque sea día 1 intentaremos dar la bienvenida a este nuevo año 2015 con nuestro galán favorito.
      Abrazos.

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