CHARLES BARNABY EN EL TRÉBOL (CONTINUACION)

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Dejé mis ojos fijos en los ojos de la cantante en varios instantes mientras ella recorría las distintas mesas haciendo las delicias del resto de clientes.

Tengo que reconocer que en este desempeño, tan absorto quedé, prendado de un especial brillo en la mirada de aquella mujer, que no reparé en la llegada nuevamente del grandullón Wayne, que se sentó en la mesa y pidió levantando uno de sus fornidos brazos que le trajesen una consumición para acompañarme.

Poco después atendiendo el gesto del trabajador del establecimiento, dos muchachas acudieron a nuestra mesa de forma solícita y pasando sus manos por encima de mis hombros y mis brazos con voces cálidas e intenciones complacientes sonrieron diciendo:

  • Buenas noches guapo. ¿Permites que nos sentemos a la mesa? ¿Podrías invitarnos a una copa?
  • Buenas noches señoritas. Es una propuesta, francamente tentadora por su parte, pero quizá debamos dejarlo para otro momento. ¿Quién sabe si a lo largo de la noche? –dije mirando a ambas alternativamente con aire displicente.

 Las chicas miraron a Hammer, quien con un gesto de la cabeza ordenó que se retiraran por el mismo camino por el que habían acudido hasta la mesa.

  • ¿No le gusta la compañía femenina Sr. Barnaby, quizá usted tiene, otros gustos? –Preguntó de forma descarada y sin ningún tacto para apenas conocernos Jack Wayne.
  • Digamos, que mis gustos son cosa mía, Sr. Wayne. Pero, en este caso, y dada su amabilidad para con mi persona, he de confesarle que no soy demasiado amigo de disfrutar como segundo plato de lo que ha disfrutado alguien con anterioridad. Considero, que debo ser yo, el que cate primero los manjares que esta vida concede. ¿No se, si me explico con suficiente claridad? –contesté sonriendo ampliamente y mirándole a los ojos.
  • Con total claridad.
  • Sin embargo –continué- tengo la sensación de que en este establecimiento hay muchos manjares que aún no han sido catados. Y que, en tan breve paso por el mismo, me he percatado al instante. ¿Me equivoco?
  • Puede que esté usted en lo cierto. Aun y así, ese tipo de manjares, a los que usted se refiere, están reservados para un tipo de persona diferente a la clientela habitual. ¿No sé, si ahora yo me estoy explicando con la suficiente claridad?
  • Meridiana, Sr. Wayne. Hablamos el mismo idioma, y eso en los tiempos que corren, es de agradecer en un establecimiento como este. No se equivocaron al recomendármelo –Levanté mi copa al aire, cuando le hubieron servido a él la suya, y ambos dimos un pequeño trago- Sin embargo, y siguiendo en la misma línea de la conversación, he de decirle, que se habrá podido percatar prácticamente al momento, de que no está hablando con un cliente cualquiera.
  • Barnaby, usted es un hombre inteligente, y muy observador. De ello me he podido percatar al instante, por eso, sin duda se habrá percatado también casi al momento de que en esta casa, hay distintos tipos de clientes. Desde el alcalde de la ciudad, hasta el obispo, pasando por los hombres de negocios más influyentes a la nobleza, y por supuesto otra clase emergente con algún dinero que poder gastar en juego, mujeres y alcohol –ha dicho acercándose sobre la mesa, y bajando deliberadamente la voz buscando ser discreto.
  • Sin duda, si frecuentara más la ciudad, sabría tan sólo con entrar en la sala, de quien se trata cada una de las personas que acaba de describirme, pero, desgraciadamente no es así. No obstante, me encantaría conocer que puede ofrecerme en esta noche, para que me distraiga del viaje, y del tedio que aun me espera por delante, aparte de la compañía femenina que ya es más que evidente y de la que ya hablaremos más adelante.

Mientras hablábamos, Sussie miraba con interés en dirección a nuestra mesa. Supongo que le extrañaría sobremanera, que hacia Hammer, hablando con un desconocido que vestía de manera tan elegante, dedicándole tanta atención. Al terminar, recibió una sonora ovación por parte del respetable, que entre vítores, solicitaba que cantase otra pieza.

Al pasar a la altura de una mesa, un par de jóvenes, sin duda de fuera de la ciudad, con una considerable embriaguez agarraron a la mujer por la cintura, tratando de sentarla en las rodillas de uno de ellos.

Sussie se resistió al hecho, y propinó un bofetón que hizo que el hombre voltease la cara. Ante las risas del amigo, el susodicho, lejos de ceder en sus intenciones hundió su cabeza en el escote de Sussie.

Al momento Hammer miró hacia la barra, donde Duncan, hizo un gesto de aprobación con la cabeza y se levantó lentamente.

  • Disculpe un segundo Sr. Barnaby, he de ocuparme de un asunto sin importancia. Será sólo un momento.
  • Por supuesto, guarde cuidado –dije de manera cortes sin moverme de la mesa.

 Sin hacer muchos aspavientos, y abotonando su chaqueta en un gesto instintivo, se dirigió hacia la mesa donde la mujer pataleaba y luchaba por zafarse de los brazos del joven que la manoseaba de forma consciente. En la distancia observé, como llamaba la atención del pobre diablo, la mujer se levantaba de las rodillas del mismo, y el joven se giraba sobre la estampa del gigantón Wayne.

Ambos cruzaron algunas palabras inaudibles para mí, mientras el compañero trataba de tranquilizar poniendo su mano en el pecho del joven que había tratado de disfrutar de los favores de la estrella de El Trébol.

Sin esperar más, Hammer propinó un puñetazo seco en el estomago del alborotador que hizo que se doblase sin más tosiendo por la falta de aire, y asió a ambos de la chaqueta para invitarles amablemente a abandonar el establecimiento.

Me resultó curioso comprobar como, salvo las dos mesas que estaban justo al lado de la suya, nadie en el local parecía reparar en lo que estaba sucediendo allí, como si eso fuera algo habitual y lógico.

En estos pensamientos me encontraba cuando frente a mí pude ver la figura de un caballero bien vestido y de aspecto duro, con una cicatriz en la parte izquierda del mentón inferior, que le llegaba casi hasta la oreja.

  • Disculpe este lamentable espectáculo señor. No es propio de esta casa. Soy Thomas Duncan, propietario de El Trébol. –dijo tendiéndome la mano de manera educada.
  • Descuide, entiendo que hay que velar por la seguridad de cuantos aquí nos encontramos.
  • Cierto, aun y así, me gustaría invitarle a una copa para pedirle disculpas, y sentarme con usted, ¿si no le parece mal?
  • Por favor – contesté mostrándole la mesa invitándole a sentarse.

 En ese momento pude comprobar como Sussie no apartaba la vista de lo que sucedía en la mesa entre Duncan y yo. Mientras nos acomodábamos, el resto del local seguía con su vida normal, dentro de lo que puede considerarse como normal en un local de ese tipo. Al fondo del mismo de la oscuridad, apareció una figura de mujer vestida un modo singular.

Creí reconocer el estilo de vestir en algún otro lado. Intenté hacer memoria de dónde había podido ver un estilo tan propio. Rápidamente caí en la cuenta, el estilo singular de las trabajadoras del local más importante de variedades del momento, el Moulin Rouge de Paris.

Sin lugar a dudas, lo que no se le podía negar a Thomas Duncan, es que era un hombre que se preocupaba por tener su negocio a la última para hacer sentir a sus clientes más distinguidos en el ambiente más exclusivo.

La mujer se movía entre las mesas con una tablilla en la que ofrecía sólo a determinados clientes cigarros de distintos tipos y cerillas para disfrutarlos.

  • Cuando usted quiera con mucho gusto le explico las distintas estancias de este establecimiento, y estaré encantado, si me lo permite de recomendarle alguno de los divertimentos si no acaba de decidirse. –dijo Duncan sonriendo.
  • Creo que tengo muy claro, lo que quiero. No obstante agradezco enormemente el ofrecimiento. Si me gustaría poder dar un breve paseo por el mismo para conocer de la mano de su propietario las distintas bondades que puede ofrecerme. Sobre todo el primer piso, dónde el Sr. Wayne, iba a llevarme una vez que terminásemos nuestra copa. Lamentablemente este desafortunado incidente lo ha impedido.

Mientras hablaba, la mujer que había entrado por el fondo del establecimiento se acercó a la mesa. Era prácticamente una niña. Tenía el pelo recogido, la tez morena, los ojos grandes, negros, y los labios sutilmente pintados, unas cejas poco pobladas, y una esbelta figura para lo que pensaba que era su edad. Las manos finas, y los dedos largos, bien cuidadas, sujetando la caja de los cigarros perfectamente bien colocados.

La expresión del rostro delataba una sonrisa engañosa. Ya había podido disfrutar de una expresión parecida alguna vez, en la Gioconda del gran Leonardo, en una exposición que organizó mi padre hace algunos años ya.

Una sonrisa de amargura, una sonrisa que trataba de esconder una profunda sensación de vacío en el interior, una tristeza y un desengaño incrustados en el pecho por alguna razón.

Tenía que reconocer, que jamás había disfrutado de una belleza semejante, con un exotismo tan claro, ni siquiera la belleza de Sarah o de la propia Anna, eran comparables a la magia que atesoraba el rostro de esa niña.

Al momento caí en la cuenta de que se trataba de Coral. De la famosa Coral, no podía ser de otra manera. En ese momento, y sin poder apartar los ojos de ella, sentí algo difícil de explicar, una mezcla irrefrenable de ternura y deseo recorriendo mi interior.

CONTINUARÁ…

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J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
5 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 07:29h, 13 Febrero Responder

    Que interesante José Carlos, hubiese seguido leyendo todo el día cuando llegué al “continuará ”
    Me gusta la ambientación, perfecta y muy cuidada y sobre todo me gusta la historia que se está poniendo muy interesante.
    Estoy deseando que llegue la próxima entrega 😉

    • Jose Carlos
      Publicado a las 10:18h, 15 Febrero Responder

      Hola Carol.
      Es lo mejor que se le puede decir a un escritor, a mi juicio, que hubieras seguido leyendo alguno de sus escritos durante todo el día. Muy contento de que así sea.
      Me alegra también que valores el trabajo que hay detrás de todo lo que se narra. Para aquellos profesionales, como yo, que estamos empezando y que no contamos con un equipo de trabajo detrás que nos ayude con ambientaciones y demás, tenemos una labor de búsqueda importante para hacer lo más creíble posible todas las escenas que narramos.
      Espero que puedas seguir disfrutando con las siguientes entregas, sin duda eso me haría muy feliz también.
      Un abrazo.

  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 20:47h, 13 Febrero Responder

    Hola Jose, Charles como siempre prendado de las mujeres, estaba vez le tocó a Coral, y la belleza exótica que irradia dificil no echarle el ojo jeje.
    Abrazos!!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 10:15h, 15 Febrero Responder

      Hola Ale. La verdad es que es difícil, al parecer, no quedar prendado con el exotismo de Coral. Veremos que le sucede en posteriores entregas a Sir Charles con esta mujer con una historia a sus espaldas bastante dura.
      Un abrazo.

  • CORAL Y SUSSIE. DOS PODEROSAS RAZONES EN EL TREBOL. - EscriViviendo
    Publicado a las 07:26h, 27 Febrero Responder

    […] Para leer el segundo capítulo de esta entrega pincha aquí. […]

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]