CHARLES BARNABY EN EL TREN

Se está convirtiendo en un clásico en este blog, de lo cual estoy muy orgulloso y agradecido. Agradecido a todas las comunicaciones que me llegan desde diversas partes del mundo preguntándome por las aventuras de este personaje.

Quiero recordaros como acabó la semana pasada nuestra historia, con la llegada de Charles Barnaby a su tren para realizar un viaje en el que conocerá a una extraña pareja con la que compartirá uno agradables momentos, y algunas escenas interesantes.

Para aquellos que no recordéis el comienzo de esta nueva entrega podéis hacer click aquí, y veréis el comienzo de la misma la semana pasada.

Vuestra opinión es fundamental para mí puesto que a mí me encanta leeros también. ¿Que te parecería dejarme unos letras al final de esta entrada sobre tu parecer al respecto de esta historia? Serán sólo unos segundos de tiempo. 😉 Gracias.

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google images

 

Subí los escalones y busqué mi cabina. Cuando la encontré, abrí las puertas correderas sin dejar de pensar en la escena que había protagonizado tan sólo unos instantes antes, y penetré en el interior.

No había nadie, olía a cerrado intensamente, mezclado con otros muchos olores, seguramente provocados por el trasiego de personas en la cabina desde su puesta en funcionamiento. No lo podía soportar, me provocaba unas nauseas tremendas. Deposité mi bolso en las baldas superiores de los asientos destinados a ocupar por los viajeros. De igual forma, colgué del improvisado perchero que se encontraba en uno de los laterales de la ventana, cubierta por unas cortinillas blancas con unos dibujos horripilantes, mi sombrero hongo, y el abrigo de viaje que adquirí en mi última visita a Viena.

Abrí mi bolso de viaje y extraje un pequeño neceser en el que guardaba mis efectos personales entre los cuales elegí un perfume francés que solía utilizar para ir a dormir, y ambienté de forma adecuada el habitáculo en el que debía soportar las próximas 8 horas de pesado traqueteo.

Seguidamente, con sumo cuidado, elegí el periódico del día que me serviría de pasatiempo lúdico durante unos minutos, The Times, que tenía perfectamente plegado en uno de los bolsillos interiores, y me senté para disfrutar de su lectura, no sin antes limpiar adecuadamente con el pañuelo mi asiento. Sería un crimen imperdonable, estropear con una mancha, el trabajo tan excelentemente bien realizado por mi sastre.

Cuando abordaba la sección financiera del “Times”, las puertas de la cabina se abrieron, y uno de los operarios del ferrocarril dejó paso al ángel rubio del andén y al vejestorio que decía ser su esposo. Mis ojos se iluminaron y cerré rápidamente el periódico plegándolo por la mitad con una doblez simétricamente perfecta mientras me incorporaba y saludaba cortésmente.

  • ¡Vaya! Que coincidencia-exclamé sonriendo mientras ayudaba a introducir el equipaje del matrimonio en el interior del compartimento.
  • Si, cierto, una coincidencia-contestó sin la menor ilusión aparentemente en el rostro la joven.

Una vez acomodado el matrimonio pasé a presentarme de la debida forma.

  • Mi nombre es Charles Barnaby, sir Charles Barnaby Noland III- dije con la mayor cortesía y profundidad que encontré en mí, acompañándola de mi mano derecha al aire para estrechar la de mi anciano acompañante.
  • Robert Walker Jones, encantado. Mi esposa, Sara Walker Whiteskin- respondió educadamente el hombre.

Miré a la mujer con ojos penetrantes, encandilado por la belleza que había quedado al descubierto, ya sin el sombrero, de su rostro, mientras cogía su mano enguantada de negro con una puntilla de encaje en el puño y la besaba suavemente mientras decía:

  • Señora, es un enorme placer, a sus pies.

Cada uno volvimos a nuestros asientos y comenzamos una animada charla mientras de forma súbita nuestro transporte iniciaba su movimiento.

Él, era un hombre de negocios que se dedicaba al mundo de las finanzas y la exportación e importación de mercancías. Había hecho negocios con Jack Stackhouse, uno de los mejores constructores de Londres, invirtiendo en el negocio inmobiliario que le había proporcionado pingües beneficios debido al incipiente crecimiento de la población en la ciudad, sobre todo por la zona periférica. Del mismo modo, había sido socio fundador del Manhattan Bank de Nueva York con su socio, Jerry Simmons, con lo cual gozaba de una excelente posición económica, mejor incluso que la que mi noble y muy acomodada familia me había procurado a mí, con los numerosos títulos que mi apellido soportaba.

Sara aguantó estoicamente toda la conversación, que para una mujer se me antojó, evidentemente, aburridísima, e incluso rió las anécdotas sin gracia que Robert farfulló sobre las desventuras de sus negocios en América.

Llevábamos apenas dos horas de viaje cuando alguien llamó con los nudillos a la puerta de la cabina desde fuera, tras el correspondiente permiso la abrió. Era el trabajador del ferrocarril, el cual muy educadamente nos informaba de que la cena sería servida en cinco minutos en el vagón restaurante. Los tres dimos las gracias por la información, educadamente, y una vez se hubo marchado el operario decidimos que compartiríamos mesa, y así podríamos continuar con nuestra conversación.

A mí sinceramente, no me importaba nada en absoluto la conversación, pero si tenía que aguantarla si quería disfrutar de la belleza de la Sra. Walker, y evidentemente no me pasaba por la cabeza otra cosa que extasiarme con la misma el tiempo que este viaje pudiera permitirme hacerlo.

Salimos de la cabina y nos aventuramos por el angosto pasillo hacia el siguiente vagón, que era donde se encontraba el vagón restaurante. El traqueteo era importante y se hacía difícil andar por semejante pasillo. Una vez llegamos, nos acomodamos en una mesa que tenia preparados cuatro servicios y se encontraba frente a una de las ventanas, con lo cual podríamos disfrutar del incesante movimiento del exterior.

Un camarero se acercó hasta vosotros y nos indicó si deseábamos beber algo antes de cenar.

Robert y yo, pedimos dos brandis y Sara una copa de burdeos.

Mientras esperábamos los licores Robert encendió una pipa. Era una hermosa pipa de madera maciza que no llenó del todo. Una lamparita clavada a la pared del vagón proporcionaba la luz suficiente para ver una mesa sencillamente preparada, nada que ver con el lujo y el refinamiento de los restaurantes que estaba acostumbrado a frecuentar.

Estaba en estos pensamientos cuando llegó el camarero de nuevo con las consumiciones.

  • Gracias muchacho! –exclamó Robert
  • Señores- se limitó a contestar él- en seguida les traigo la carta.

Mis ojos se clavaron en los del camarero con dureza, como apremiando su diligencia, las cartas ya debían encontrarse en la mesa, ¿qué clase de tren era ese, cuya primera clase ofrecía un servicio tan malo?

Sin bajar la mirada espeté:

  • Muchacho, cenaremos esta noche, con seguridad después de esta copa- y sonreí levemente.

Los ojos de Sara Walker se clavaron en mí, pero esta vez no había dureza en su mirada, sino más bien intriga, como preguntándose ¿Quién era ese extraño personaje que decía pertenecer a la nobleza?

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
6 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 23:21h, 18 Diciembre Responder

    Mmmm Barbaby la Sra. Walker, no se le escapan al galán las mujeres bellas.
    Abrazos Jose 🙂

    • Jose Carlos
      Publicado a las 06:16h, 19 Diciembre Responder

      Hola Alejandra. Ciertamente. Las mujeres bellas son para Barnaby como las moscas a la miel. Algo en su interior le llama a seducirlas, por muy difícil que sea el reto que se le presente. 😉
      Me alegra que te haya gustado, ahora bien, no olvides que la semana que viene continuará, queda lo más divertido aun. Gracias por comentar. Un abrazo fuerte.

  • s.
    Publicado a las 09:10h, 19 Diciembre Responder

    Me gustaría que me explicara Barbaby en algún momento qué es lo que realmente le atrae de las mujeres bellas y que es lo que le causa esa indiferencia sexual de las que no lo son a sus ojos… seguro que en algún jueves se le escapa algún comentario… ; )

    • Jose Carlos
      Publicado a las 19:20h, 19 Diciembre Responder

      Seguro, seguro que algún día se le escapa alguno. Probablemente el día de mañana se de cuenta de muchas cosas. No obstante, a lo largo de los relatos querida Susana, seguro que observaremos que su gusto por la belleza, proviene de una elevada formación, que determinada de alguna manera sus pautas de comportamiento. Pero eso, puede que sólo sea por el momento.
      Muchas gracias por tu comentario. 😉

  • S.
    Publicado a las 19:33h, 20 Diciembre Responder

    Me alegrará mucho que rompa moldes… no de su “elevada” sino de su “alienada o rígida” formación… será un placer poder comprobarlo en algún momento. ¡¡¡Feliz día¡¡¡

    • Jose Carlos
      Publicado a las 08:59h, 21 Diciembre Responder

      Sin duda, cada personaje tiene su propia evolución, y para cada despertar siempre hay un elemento importante. No en ellos, sino en todos y cada uno de nosotros. La forma de ver las cosas, y la categorización por tanto de las mismas, dependen del cristal con el que cada uno de nosotros las estamos viendo en momentos determinados. Es cierto que según visiones, la formación recibida puede no ser la “correcta”, a mi también me lo parece, incluyendo sin duda las formaciones académicas regladas. No obstante siempre es susceptible de ser modificada, siendo la aceptación de ese cambio lo más importante para poder proceder al cambio a través del camino desde la “rigidez” a la flexibilidad” pero eso depende, otra vez, de que se quiera ver…veremos que pasa con Charles, y con sus circunstancias sociales e históricas. 😉 Feliz día. Y gracias, como siempre, por comentar.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]