CHARLES BARNABY EN PARIS

De nuevo regresan las aventuras de Charles Barnaby a www.escriviviendo.com. Después de un brillante paseo y estancia en blogs como www.madisonplay.com donde ha tenido una gran acogida y ha aprendido y enseñado mucho, regresa de nuevo a su casa.

Muchos de vosotros me habéis estado pidiendo en múltiples ocasiones que queríais conocer más historias de este galán incorregible. Por ello, a partir de ahora, y en una secuencia que durará algunos jueves más, aquí mismo podéis ir siguiendo sus evoluciones, en este caso en París.

Espero que lo disfrutéis, y que de igual modo, al final de este relato, dejéis vuestras impresiones al respecto con un comentario 😉

 

PARIS

Fue una grata sorpresa para mí encontrarla en París. Ver su figura a lo lejos entre la multitud paseante. Desde luego, no podría haber existido una mejor ciudad para un reencuentro tras tantos años.

Que la llamaran la “Ciudad de la Luz”, la “Ville Lumière”, desde luego no era casualidad, sino más bien causalidad. Sus amplias avenidas, cada vez más atestadas de carros circulando en perfectas y ordenadas filas en ambas direcciones. La luz siempre presente, por la mañana, e incluso ahora también al atardecer con unos faroles que seguían proporcionando la magia a una ciudad que debía ser vivida en todos sus momentos, pero sobre todo en la noche por hombres como…yo.MoulinRouge1898

 

Recuerdo perfectamente que fue cerca de una de las Galerias comerciales cercanas a la Plaza de la Opera de Garnier. Yo acababa de salir de visitar a mi buen “amigo” Bruno. Cerrar negocios con él siempre era un momento que me reportaba pingües beneficios. Cierto que siempre debía compensarle en el Moulin tras cerrar alguna transacción comercial con él, pero debía reconocer que merecía, y con mucho, la pena.moulin_rouge_cabaret

 

Desde que el barón Haussman había concedido la luz a la noche, y las calles se habían despejado de bastardos y piojosos, caminar de vuelta tras la compañía estridente del buen Bruno y la música del can-can, era muchísimo menos desagradable.

 

Allí seguía, estática y distraída, admirando cualquiera sabía qué. Ese era su espíritu inquieto. Vestía de forma elegante, y seguía con su porte juvenil y errático en ocasiones, nunca se sabía con ella que podía acontecer en unos breves segundos de encuentro, tenía el don de sorprender en todo momento. Me parecía un detalle delicioso en una mujer, ser completamente imprevisible.

Azul añil a juego con su tocado, poco artificioso para lo que solía darse en las mujeres de su posición, mujeres que se paseaban por París en todo momento, momentos con aquel. Creo que recordar que en forma de “S” llamaban al vestido que portaba. Al parecer por la forma que se conseguía en la figura de la mujer, un pecho de condiciones generosas y tendencia a avanzarse al sentido de la marcha, y una protuberancia en la parte posterior de la falda falseando sus traseros.

Resultaba curioso despojarlas de tamaño artificio, algunas veces de manera delicada y las más de manera acelerada y brusca para topar de bruces con corsés que cedían de mala gana a manos expertas dando paso a una cintura que no se correspondía con la imagen anterior que de la dama en cuestión recordaban los ojos. En más de una ocasión ante tal desilusión procedía a sentarme y dejar que se arrodillara delante entre mis piernas para dar desahogo a una pasión desatada de forma ilusoria por una ropa interior que disimulaba de tal manera sus realidades. Cumplido el objetivo, fuera de mi vista. ¿Pero qué juego diabólico era ese?

Uno se preguntaba dónde estaba aquella cintura que prácticamente podía rodear una sola de mis manos, mientras que en ese momento conmigo se movía una figura apenas abarcada por las dos. Esa era una imagen demasiado desagradable para soportar en un momento tan intimo. Mejor quitarla de mi vista.

 

Su larga cola de volantes se desprendía hasta el suelo como en una cascada desde el talle, mientras que un encaje blanco partía en dos la parte superior hasta el cuello con profunda elegancia, dejando a ambos lados sus pechos. Redondos, avanzados, orgullosos e independientes, tal y como podía recordar a la pequeña Lady Sarah Willogby.

Permanecí durante unos instantes entre la multitud de personas que aquella tarde, bulliciosos, esparcían su tiempo por la plaza, contemplando cada uno de los gestos simpáticos y aniñados de Lady Sarah. Pero ya no era una niña.Rue_royale_(Paris,_1900)

No se podía decir de ella, que su belleza resultara deslumbrante a los ojos de los hombres, pero sin embargo, sus ojos poseían una magia cuasi negra, capaces de arrastrar a aquel que fijase la mirada en la suya por más de dos segundos, a misterios insondables.

La mezcla de ingenuidad y picardía de su sonrisa, estaba grabada en mi memoria desde luego. Cierto que habían pasado algunos años desde nuestro último encuentro, y que lo último que se escuchaba en las reuniones de la alta sociedad londinense era que había huido de las garras de su madre, empeñada a toda costa en casar a su hija con alguien de alcurnia y encerrar el espíritu libre de aquella joven rubia, en la casa de algún lord de té y podencos.

 

Un pequeño gesto me arrancó de los recuerdos del pasado. Un hombre chocó despistado en su camino con Lady Sarah haciéndola perder el equilibrio hasta casi dar con sus huesos en el suelo.

Tan sólo tuve que alcanzar a dar cinco pasos de manera acelerada para llegarme hasta su posición.

El hombre de manera gentil se disculpaba:

 

  • Excuse moi s’il vous plait mademoiselle.
  • Saba bien – contestó ella en un perfecto francés, sin perder su eterna sonrisa.
  • ¡Vaya, Lady Sarah!, siempre enzarzada en problemas – acerté a decir al encontrarme a apenas dos pasos de distancia de la escena.

 

Lentamente, sin un mal gesto comenzó a girarse sobre su pierna derecha, y sin haber volteado del todo su figura hizo una mirada rápida sobre mi persona analizando todo aquello que provenía de una voz conocida para ella.

Su pequeña mueca en la comisura de los labios, provocó que sus dos hoyuelos apareciesen, acrecentando aun más si cabía las pecas en su blanca piel. Pecas que por siempre ocultarían de alguna manera, en su rostro su verdadera edad. Y clavando sus profundos ojos en los míos, exclamó:

 

  • ¡Cielos! ¡No me lo puedo creer! ¿Vos? ¿Porque sois vos, cierto?

 

No pude evitar una carcajada mientras avanzaba aun más hacia su posición y al tiempo percibía, entre el bullicio maravilloso de la plaza, como sus mejillas se sonrosaban tímidamente.

 

  • Ciertamente, creo que sí, querida. Al menos por el momento sigo siendo yo. Aunque debo reconoceros, pequeña Sarah, que en muchos momentos de mis días también me formulo tal cuestión esperando respuesta. Y es el eco de la pregunta el único que se hace presente entre las paredes o la inmensidad, o el lugar en el que me encuentre en ese momento – pronuncié espaciando las palabras lentamente de un modo calculado para coger su mano derecha grácilmente y besarla tiernamente sin dejar de mirar sus ojos, buscando, aún no se muy bien por qué de manera consciente, acrecentar su rubor.
  • Sin duda, sois vos. Sir Charles Barnaby Noland III. No creo que pueda haber en todo París caballero lo suficientemente educado y arrogante a partes iguales, como para cerciorarse de la presencia de una antigua amiga, y permanecer cual espía oculto al momento de saltar sobre su objetivo y salir indemne de ello con la misma ligereza y audacia que habéis estado haciendo vos desde hace…¿cuanto tiempo que me estabais observando en la distancia Sir Charles? –Inquirió mientras giraba la cabeza hacia su hombro levemente, buscando la sorpresa de mi gesto.

 

Volví a reír. La sorpresa de haber sido descubierto por aquella pequeña y astuta devoradora de libros, lejos de llevarme a una situación que a cualquiera hubiera podido resultar incomoda, me pareció totalmente divertida. Y aunque en semejantes circunstancias en el mismo lugar y quizá con otra persona, hubiera decidido continuar con el reto que suponía el juego propuesto por el rostro de aquella mujer, decidí dejarlo estar, al menos por el momento.

 

  • ¿Puedo preguntar que hacéis vos en París? – pregunté.
  • Yo podría haceros la misma pregunta – Respondió mientras se giraba y comenzaba a andar despacio con dirección a la Galerie Vivienne.

 

He de reconocer que no esperaba tal gesto por parte de una chiquilla, bueno ya era toda una mujer, y quedé a expensas del tiempo por unos segundos, como pétreo. Entonces se giró y dijo:

 

  • Sir Charles, …¿no vais a acompañarme? Después de tanto tiempo creo que este reencuentro, bien merece al menos un pequeño que pueda ponernos al día. ¿Cierto?.

 

Coloqué mi sombrero en su lugar nuevamente, con una mueca de sonrisa y un leve gesto en la cabeza de contrariedad mientras llegaba a su posición y ofrecía mi brazo cortésmente.

 

  • ¿Dónde puedo acompañar a la señora? –Pregunté solícito.
  • Señorita- anticipó a decir casi sin darme tiempo a terminar la pregunta- Vamos a la Galerie Vivianne. Hay allí cerca una librería. Estoy detrás de una edición especial de un poemario de Baudelaire, “Las flores del mal”. ¿Conoceis a Baudelaire? – Preguntó de manera capciosa. Conocía de forma sobrada la percepción que de mi persona tenía aquella joven rebelde, criada bajo las estrictas normas de una madre anclada en el pasado, y los profundos y a veces no bien calculados, caprichos concedidos por su padre, cansado de estar entre las disputas de su hija, inteligente y culta, el varón que siempre quiso tener, y si esposa. Por todo ello, decidí que era un buen momento para jugar. Conocía sobradamente la figura del bohemio poeta. El poeta atraído hasta su muerte por una puta judía del barrio latino, el poeta díscolo y rebelde, amante de negras y feas, el poeta enamorado y loco del amor. Tan loco como para dejarse contagiar y morir de sífilis. Pobre imbécil. Pensar que Poe y él pudieran estar considerados al mismo nivel, me generaba hasta nausea…
  • En este momento, no encuentro en mi cabeza la asociación de esa persona con alguien conocido para mí. ¿Se trata quizá de algún filosofo actual con el que compartís letras o té? – Pregunté divertido.
  • No esperaba menos de vos. Gracias Sir Charles.
  • ¿Por qué? –pregunté burlón.
  • Por confirmar que mis sospechas eran ciertas.
  • ¿En que sentido? ¿Podéis ser más precisa no consigo entenderos? –continué con sorna.
  • No lo he pretendido tampoco, sabía que sería complejo para vos. No obstante y siendo las horas del día que son, pensé que la sangre de vuestro cuerpo regaría más las cavidades de vuestro cerebro, dándole la agilidad que no tiene, cuando esa misma sangre riega otras zonas de vuestra anatomía- profirió sin titubear un instante.

 

He de reconocer, que en ese momento, mi ego se vio un tanto maltrecho y un calor interior se abrió paso en mí dejando a un lado el juego que me traía y contesté:

 

  • Sin duda de ese punto, vos podeís dar cumplido detalle – acerté a decir con un tono firme arqueando ambas cejas.
  • Touché- contestó cerrando los ojos e inclinando hacía mí levemente la cabeza.

 

CONTINUARA…

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
5 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 22:20h, 15 noviembre Responder

    Que ganas tenía de que este seductor volviese. Me tenía mal acostumbrada jajajaja. Espero impaciente a que llegue el próximo jueves 😉

    • Jose Carlos
      Publicado a las 08:58h, 16 noviembre Responder

      Hola Carol, muchas gracias. La verdad, es que tu fuiste una de las personas, que le diste una oportunidad a este seductor incorregible concediéndole un hueco en tu casa. Ahora, es justo aparte de reconocerlo, sin duda, darle su espacio para que poco a poco se vaya colando en el corazoncito de todos vosotros. Creo que al final se adueñará de una parte de vosotros cada jueves jeje. Un bs grande. Y gracias por pasarte a comentar.

  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 22:44h, 15 noviembre Responder

    Hola Jose, gustó tu relato, me causó mucha gracia la manera en que ella lo “toreó”, podría decirse que hay química entre los personajes, es decir, has hecho que así sea.
    Abrazos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 08:56h, 16 noviembre Responder

      Hola Ale, gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario. Ciertamente, la historia de estos dos personajes, ya se verá que es muy intensa en varios ámbitos, y que se conocen de largo, Sarah, será un personaje importante en el crecimiento personal de Charles. La química entre ambos va más allá de lo propiamente sexual, y se eleva hasta un plano que aún ni siquiera ellos mismos conocen.
      Gracias por tus palabras, como siempre muy amables. No dejes de visitarnos. 😉 BS

  • CHARLES BARNABY EN PARIS. EL DESENLACE. - EscriViviendo
    Publicado a las 06:28h, 04 diciembre Responder

    […] Si quieres leer el inicio del relato ir a Parte I […]

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