COMO EL SONIDO DE UN PIANO ME TRAE TU RECUERDO

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Suena el despertador, puntual cual gallo cantor con las primeras luces del alba, pero más estridente en su anuncio.

El primer pensamiento de la mañana al girar sobre mi hombro izquierdo y poner el pie en la madera tibia, tu última foto en la distancia.

No me conoces, no te conozco, y sin embargo te siento tan cerca, con esa necesidad que provoca la querencia de quererse dentro de alguien.

Esa sensación que apenas es explicable a los ojos de la sociedad que nos contempla, a ojos de la forma que tuvieron de educarnos, y que sin duda nos conforma de esta manera tan extraña a tenor de las sensaciones y de los sentimientos.

Se cuelan las palabras deslizándose por las ondas, dedicándonos lo más profundo de nuestros pensamientos, lo más puro de nuestras sonrisas, y lo más tierno de nuestros sueños.

Pienso en cómo sería rozar tu piel blanca con mis manos, mientras te contemplo a escasa distancia con la mirada intensa, y la admiración sincera que te profeso.

Pinto una foto en la pantalla que nos acerca, más ficción y deseo que realidad presente, en la que tu cuerpo se deja abrazar por el mío, sumergidos en el agua tranquila de un baño oscuro, iluminado por velas, y la luz de tus ojos tranquilos, tiernos y serenos. Un baño de caricias, de espuma blanca, de cuerpos que se rozan, que se estudian y se entregan, sin prisa, con mimo, sin caer en los rigores que marca este maldita dictadura que nos impone hoy en día, el minutero.

¡Qué bonito es pensarte hasta dormido!

¡Qué frescos me parecen hoy tus besos, sin haberlos probado todavía!

Enciendo mi ventana a la vida. Espero unos segundos que analiza su disposición a un nuevo día.

Suspiro acariciarte dormida a mi lado al despertar. Pasar mis dedos por el perfil fino y esculpido de tu rostro, por los ojos oscuros, almendrados, que pasaron de la melancolía al destello de la felicidad más amplia, al compartir confidencias.

Apartar la sabana blanca, fina, que te guarda fiel, y contemplar la belleza de tus formas. Sentir el cosquilleo que provoca tu visión femenina en mi pubis, cerrar los ojos, arroparte nuevamente y apretarlos de manera intensa para apartar de mi mente el deseo impuro que mancilla tu pensamiento más alto.

Sólo una idea ronda mi cabeza ahora que los ojos están más acostumbrados a la luz del nuevo día en mis cuatro paredes, perderme en el perfume de azucenas de tu cuello.

Encontrarte. Verte en la distancia entre un mar de personas. Ese pececillo que disfruta ajena a todo y a todos, su combinado. Que desdeña a fuerza de miradas de soslayo con una sonrisa angelical en los labios proposiciones de otros tiempos.

Admirarte de frente, con el brillo que ilumina los ojos de quien se sabe presente en el brillo que le observa.

No te conozco. Miento. No nos conocemos. Lo estamos intentando desde nuestras distancias. Y no me importa, y no debería importante a ti tampoco, porque la realidad es lo que lees desde tu ventana en mis mensajes cada mañana. En mis relatos cada tarde, en mis novelas entre las almohadas que secuestran tus sueños de madrugada.

Ese es mi yo más personal.

El que te escucha tocar el piano cada tarde en tu casa, apoyado desde la ventana de su habitación callado.

Ese que no tiene miedo a la espera, que no le da miedo el tiempo, ni los elementos para poder ponerse frente a ti y pasar un dedo por el perfil de tus mejillas con una sonrisa.

El que te puede escribir ajeno a su mundo, para sumergirse en este que construye de espaldas a todo, incluso a ti.

El que genera ilusión a manos llenas y palpitares serenos. El que corre e incluso vuela, mientras miras de forma tranquila y divertida mis locuras vestida con una camiseta y unos calcetines largos, mientras comes chocolate en el sofá de tu salón.

El que te piensa de día y respeta tus espacios. El que mantiene las distancias prometidas, el que mira tus fotos con respeto y sueña tus caricias.

El que agota las horas y se dirige a la cama, para programar el despertador de nuevo, y observa alborozado la luz de su teléfono que porta tu beso de buenas noches y la promesa de ser la brisa cálida de mis sueños.

No te conozco, no me conoces.

Pero te siento, y se que me sientes.

Tu eres la mujer que me ha enseñado a no ser impaciente. A saber que las cosas siguen su curso y tienen su momento, a creer que es posible lo imposible, y que todo eso que aprendimos un tiempo atrás no vale cuando tu corazón pone su empeño en algo.

Eres la mujer que no esperaba, la sonrisa permanente en mi cara, la inspiración temprana y perenne en mi cabeza narrando besos y conductas serenas de adultos vividos. De esos, que por un tiempo perdieron la ilusión tras una esquina, y pensaron que ya no regresaría, y ahora alborozados creen que podría ser, que por qué no podría darse de nuevo una chispa de vida en su pecho.

Somos lo imposible en la cabeza de cualquiera, en la conversación mantenida en un café de cualquier lugar recóndito de este mundo. Somos la incomprensión de todos, y la necesidad de dos, la tuya y la mía. Somos el primer brillo de sol detrás la línea de horizonte que marca el mar.

Somos los recuerdos marcados a mensajes furtivos detrás de un mundo de brillos digital. Somos mil suspiros, algún gemido y varios jadeos en la distancia prometida. Somos la estrella que en su brillo se comunica titilante con los barcos que la observan, marcando su rumbo, joven e inexperta gema de nuestro universo ante los ojos curtidos de los marinos perdidos.

Nosotros somos, porque queremos, por que no tenemos que darnos explicaciones de aquello que vino sin motivo, de aquello que cuando no debería aparecer en nuestra cabeza, aparece en forma de recuerdo para traer el alborozo al pecho, y la necesidad de acortar las distancias para contemplarnos.

Somos ese cumplido momento que se apodera de la cordura reclamando acciones que nos saquen del desasosiego, que nos aparten de esta realidad incomprensible que nos aleja de vivir los momentos, esos momentos que no tenemos, esos momentos que nos nublan el juicio al pensar en el cuándo, en el si será posible, en lo imposible de vivir una historia de cuento en una realidad dura, una realidad que no comprende de piel, que no sabe de caricias ni de cuentos, y mucho menos de finales felices.

Aunque yo espero, espero, espero…espero ese segundo cercano en el que despertar de mañana y contemplar entre el silencio, ese silencio que añoro, las sabanas blancas que te acogen dormida, y abrazar tu cuerpo desnudo, sintiendo tu calor acogedor desde mi pecho a las rodillas sintiéndome seguro en mi castillo, ese que nadie comprende, ese que a ojos mortales no existe, ese en el que tu y yo nos vemos.

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J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
6 Comentarios
  • Magdalia
    Publicado a las 09:23h, 14 Junio Responder

    ¡Cuántas veces he tenido yo esa misma sensación, esas mismas ganas…!
    Hoy sí puedo comprender cada una de tus palabras y cada una de tus comas, puntos seguidos y puntos aparte…
    Tus delirios no son tan delirantes… Son muy, muy reales. Y es que no hace falta ver para sentir… y desear.
    Un beso.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 16:09h, 14 Junio Responder

      Es bueno, a mi juicio que nos hagamos esa pregunta muchas veces, ¿cuántas veces…? no olvidarnos es imprescindible. Eso no significa estar viviendo en el pasado, estar anclados, no poder avanzar, no. Significa poder aprender, y aprehender, las dos, de esas sensaciones, de esas emociones, bien para reconocerlas en otras situaciones parejas o diferentes, o bien para buscarlas hasta encontrarlas incluso sin tenerlas delante, como bien decía Alma en su comentario.
      Coincido contigo, no hace falta ver para sentir, bien decía alguien una vez “el que tenga ojos para ver, que vea” 😉
      Un beso, y bienvenida como siempre.

  • Alma
    Publicado a las 12:34h, 14 Junio Responder

    Qué exquisita forma de estar… porque muchas veces, aunque para algunos sea incomprensible, hay quien te acaricia, te mima, te abraza, te besa… de una forma más profunda que el mero contacto físico… porque hay quien toca el Alma con la suya, y para eso la distancia es sólo otro concepto relativo.

    Un beso.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 16:06h, 14 Junio Responder

      Muchas gracias Alma.
      Bienvenida. Es para mi un placer tenerte aquí comentando.
      Muchas veces podemos estar prácticamente pegados a otro ser humano, y al tiempo estar muy lejos, muy distanciados, que los besos no lleguen muy profundo, y las caricias apenas se sientan.
      Y sin embargo, como muy bien dices, estar a mucha distancia, y que la relatividad se haga presente acercando ambos mundos al punto de estar presentes, de fundirnos con aquellos que pensamos, y bailar con las almas de aquellos que agradecen bailar con la nuestra.
      Un beso.

  • cindy
    Publicado a las 02:07h, 16 Junio Responder

    Hermosa historia, el amor no conoce la distancia, ya sea en sueños o en la realidad. Los sueños pueden ser más vivo que la realidad.
    Gracias por compartir J.C.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:07h, 16 Junio Responder

      Hola Cindy. Bienvenida de nuevo a este blog.
      Muchas gracias por tus palabras. Estoy de acuerdo contigo en que el amor no conoce de distancias, y que muchas veces son los sueños, los que acercan estas y la hacen más llevadera.
      Desde luego en los sueños, soñamos nuestro amor a nuestra medida, como nos gustaría que este fuera sin duda, de la manera que nos hace más feliz, sin ningún tipo de impureza que nos pueda hacer sentir algo que la realidad en muchas ocasiones nos pone como prueba y ante lo que nos tenemos que sobreponer.
      Gracias por leerlo, y por comentar.
      Un abrazo fuerte desde el otro lado del charco 😉

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]