CUANDO LOS CUENTOS DE HADAS, SON MÁS REALIDAD QUE FICCIÓN.

EL MUNDO DE ANDREA

 

“Un adulto creativo, es un niño que ha sobrevivido”

Ursula K. Le Guin.

 

Llevaba semanas delante de la pantalla del ordenador sin poder pasar de la primera página. Decidí cambiar la pantalla por mi libreta de campo, para ver si así conseguía estimular mi creatividad pero tampoco dio resultado. Volví a mis antiguos cuadernos de cuadros con márgenes marcados, y ni siquiera eso fue estímulo suficiente para poder sacar un texto potable.

Quizá el ruido, quizá los años, quizá el hastío…probablemente la vida. No lo sé, no tenía ni idea de cual era la razón por la que no era capaz de escribir una sola línea coherente y de cierta calidad.

Las facturas se acumulaban sobre la pequeña mesita de la entrada de casa. Otro paseo a la cocina, otra mirada desafiante al pasar por delante del montón de papeles:

—Yo no os gusto a vosotros, y vosotros tampoco me gustáis a mí. Esto es claro.—Hablaba en voz alta, como si los números impresos en aquellos folios pudieran entenderme.

Una tarde de jueves, a finales de la primavera, mi sobrina Andrea llegó más agitada que de costumbre a casa. Es una niña muy despierta, fantasiosa, rebosante de esa alegría en ocasiones tan contagiosa.

—¡Tío Marco, tío Marco! ¡Ven, ven conmigo! ¡Corre, vamos. No tenemos tiempo que perder!

—¿Qué pasa, Andrea? ¿Qué has roto ahora? —pregunté, tratando de disimular la pereza que me provocaba salir con ella a jugar en plena crisis creativa.

—Necesitan tu ayuda. Se está derrumbando todo. Si se destruye, acabaremos tristes y borrosos. —dijo Andrea, con sus pequeños ojos negros al borde de las lágrimas.

—¿Qué estás diciendo? —No me dejó terminar. Me cogió del brazo y tirando bruscamente, me llevó a la puerta de la calle frente al camino que subía en dirección a los charcos de la Garganta de Ollar.

Viendo que no articulaba palabra y que estaba más nerviosa de lo que en ella solía ser habitual, la cogí por los hombros y poniendo la rodilla en el suelo traté de atajar la situación y calmarla de una vez.

—Andrea, ¿Me quieres decir qué te ocurre? ¿Dónde me llevas? —pregunté de manera firme—. No sé qué bicho te ha picado, pero si no me lo explicas no pienso dar un paso más y por supuesto esta vez no te libras de que se lo cuente a tu madre.

—La señorita René, tío Marco. La señorita René está capturando a las hadas de las ideas. Casi todas tío Marco, va a acabar con ellas y con la reina Edrielle…y el Reino de Demiour…¡todo!…—sollozaba Andrea una historia rocambolesca.

—Creo que deberías dejar de leer esos cuentos, Andrea. La fantasía está bien cariño, yo vivo de ella, pero una cosa son los cuentos y otra muy distinta la realidad.

—Ella dijo que dirías eso. —contestó Andrea frunciendo el ceño y cruzándose de brazos. Un gesto que repetía cada vez que se enfadaba y quería conseguir algo.

—¿Quién? ¿La reina Edrielle?

—No, yo —contestó de repente una voz que salía de la parte de atrás de un viejo alcornoque—. Los adultos habéis perdido la ilusión por los sueños, por la fantasía, por la creatividad y por la alegría. Por eso ya no podéis vernos. —Una joven, con el pelo trenzado por encima de su hombro derecho, de aspecto bondadoso y la piel muy blanca, se presentó delante de nosotros.

—¿Quien eres? ¿Quien hay ahí? —pregunté un tanto confundido, sin soltar la mano de Andrea.

—Paralda, Marco, yo soy Paralda. Reina de Sílfos y Sílfides, hija de Edrielle.

—¡Esto es una broma! ¡Claro!

—No, no lo es. Nuestras músides, o hadas de las ideas como las llamáis en vuestro mundo, te eligieron para contar nuestra historia. ¿Por qué sino, ibas a haber escrito sobre nosotros en tus libros? ¿Cómo ibais a tener aquí en Apathia, esa magia de la Navidad que llamáis, sin mi tía Caillech? ¿O las fiestas y trucos de luz, sin tía Minage? —según hablaba, se iba acercando más a nosotros. Su voz era dulce, sin variaciones estridentes, serena. Sus ojos tenían un color malva completamente hipnótico, con pequeñas manchas amarillas alrededor de la pupila— Ahora es tu turno Marco, El Reino de Demiour se está muriendo, y con él mi madre, la reina. Si cae definitivamente, Acidia, la desterrada, y su corte de nereidas lo asolará sometiéndoos a todos bajo su manto gris.

—¿Acidia? —pregunté.

—La señorita René —contestó rápidamente Andrea.

—¿No te has preguntado acaso por qué hace semanas que no consigues escribir una historia, que no consigues imaginar nada? ¡Sígueme, Marco! Andrea ya ha estado en Demiour. Ven a ver a mi madre. ¡Ayúdanos, por favor! —exclamó la joven juntando las palmas de sus manos.

—Se que voy a arrepentirme de lo que voy a decir ahora mismo, pero dime cómo puedo ayudarte.

Los ojos de la joven volvieron a tener el brillo que por un instante había desaparecido al narrar la desgracia de su supuesto reino. La seguimos hasta el viejo alcornoque. Se oía la fuente del Castaño Gordo repiqueteando fuerte en esta época. Al rodear el ancho tronco no había rastro de Paralda, la mano de Andrea tiraba de mi para que siguiera adelante. Parpadeé un instante, seguía escuchando el agua pero la fuente había dejado paso a una cascada de unos diez metros.

Andrea me miró divertida y me invitó a avanzar por el camino de tierra. Al mirar atrás un arco de piedra apuntado, coronado con un triangulo invertido y una llama con una llave en su base, quedaba a nuestras espaldas. Era la puerta de entrada a Demiour.

—Es la puerta, tío Marco. Como la que describiste en el Jardín Secreto, tu cuento de elfos.

—Ya, ya. —respondí un tanto extrañado—. ¿Dónde estará esta chica? —pregunté en voz alta.

—Aquí —contestó ella justo delante de nosotros.

—¿Tienes que aparecer y desaparecer siempre así? —pregunté, en un tono sarcástico.

—Vayamos a ver mi madre.

En el camino los arboles poco a poco iban cambiando de color, muchos se estaban secando. Después de unos minutos, divisamos una ciudad en cuya parte más alta destacaba un palacio con las torres principales derruidas. Había perdido el brillo y el esplendor que, sin duda, tuvo en otro tiempo.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
6 Comentarios
  • Magdalia
    Publicado a las 08:30h, 31 Agosto Responder

    Dejar de creer en todo eso es como dejar morir al niño o niña que llevamos dentro.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 06:25h, 01 Septiembre Responder

      Hola Magdalia.
      Definitivamente si. Estoy muy en sintonía con tus palabras. Decidimos, no se muy bien en qué momento, que para ser responsables debíamos apartar de nuestra vida al niño que todos tenemos, y por supuesto matamos la creatividad y la dejamos aparcada por la seriedad y los horarios, y así nos luce el pelo, creo yo.
      Muchas gracias por tu comentario.

  • Paula
    Publicado a las 03:01h, 01 Septiembre Responder

    I do not read or speak Spanish, so I used Google translator to read your story. I found it thoroughly enjoyable and even plausible! There is no limit to creativity if one leaves the strictures of adult reality and journeys into the land of childrens’ fantasy. I would love to hear more about your excursion there!

    Thank you!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 06:43h, 01 Septiembre Responder

      Hi Paula. Thanks to be here, and for your comment (above all to use google translator ;)) It’s a real pleasure for me to being here and have your opinion on my blog.
      When a person like you, with a hight sensibility said “there’s no limit to creativity” we have to listen mindfully.
      I think that one of the worse problems in our society it’s just that, rush, job, responsibility, gravity…lack of creativity, and above all mirth and dreams. All the children have a great sense of creativity, roles, and play.
      What happened to us? Where is our inner child?
      I’m so convinced, that if we listened our inner child frequently we haven’t got so many troubles, mental diseases, pain, and wars.
      Great for me read you again Paula. Come with you want again.

  • Olga Diaz
    Publicado a las 21:41h, 09 Diciembre Responder

    ¿Seguirás con el cuento? Avísame por fi. Me interesa.

    • JC Sanchez
      Publicado a las 11:42h, 10 Diciembre Responder

      Si os gusta, por supuesto que sí. 😉

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]