CUENTOS DE NAVIDAD: CREE

Esta historia comienza como suelen comenzar la mayor parte de las historias que hablan de sueños, de esperanza y de magia.

Como empiezan los cuentos que nos contaban nuestros abuelos al calor de sus casas en víspera de la tan ansiada Navidad.

Era un día frío, desapacible, con mucha nieve, y un tremendo viento ululante tras la ventana.

La Navidad estaba a punto de llegar, pero esto ya os lo he dicho ¿cierto?

La Navidad llegaba pero a Lucia no le gustaba esa sensación de frío en los huesos y emociones que a todo el mundo parecía encantarle, esas sensaciones de amor descontrolado, de manifestaciones de cariño desmedidas en todos los rincones por los que iba paseando, de los besos y los pellizcos desagradables en los mofletes de gente que seguro no volvería a ver en su vida. ¿Se han vuelto todos locos? Pensaba.

A pesar de contar tan sólo con diez años de edad, Lucia ya sufría esas dudas internas en su interior, esas preguntas en el fondo de un corazoncito joven, tierno, lleno de preguntas, aventurero, y desengañado.

Os preguntareis pero ¿por qué desengañado? ¿por qué una niña de diez años no está contenta cantando en Navidad, comiendo dulces, y con los ojos brillantes de emoción e ilusión?

Lucia lo recuerda ahora, sentada en el pupitre de su habitación, mientras mira por la ventana como cae la nieve, y trata de escribir la carta a los Reyes magos como le ha dicho su madre que haga.

¿Qué Reyes Magos? Vuelve a pensar. Todo es una farsa, dice para sus adentros mientras una lágrima resbala por su carita de muñeca. El año pasado descubrió que los Reyes Magos, esos seres mágicos llegados desde Oriente desde tiempo inmemorial, aquellos que fueron a adorar al niño Jesús al pesebre el día de su nacimiento, resulta que no existen, resulta que son los padres, y ahora en plena desilusión, en pleno duelo profundo en su pequeño corazoncito ilusionado, ella tiene que escribir una absurda carta a sus padres, a sus abuelos, a sus tíos, ¿para qué?.

Lucia, se deja caer sobre la carta y rompe a llorar desconsolada.

En la casa hace calor. Lucia se levanta de la silla y con los ojos llenos de lágrimas mira por la ventana mientras su aliento la empaña. De repente, unas letras comienzan a formarse de forma misteriosa. La niña da un salto hacia atrás, frota sus ojos con las manitas, para poder enfocar mejor la ventana y se da cuenta que aparece escrita la palabra CREE.

Mueve su cabeza a un lado y otro, y se acerca a la ventana borrando la palabra con la palma de su mano derecha, pero la misma vuelve a aparecer en toda la ventana de forma extremadamente rápida pero ahora en distintos idiomas.

Con la boca abierta, y los ojos muy abiertos se siente confusa no sabe si salir corriendo a decírselo a sus padres, o callar. Se acerca de nuevo a la ventana, buscando poder encontrar en el exterior la respuesta a las preguntas que ahora mismo se hace en el interior de su cabeza. En lugar de eso, decide salir corriendo al baño para lavarse la cara con agua fría, y despejarse. Todo debe haber sido un sueño, no es posible lo que acaba de contemplar, ahora cuando vuelva a la habitación la ventana estará como siempre. Regresa a la habitación, y efectivamente, la ventana está como siempre. Se sienta de nuevo a su mesa para comenzar a escribir su carta.

 

Queridos reyes magos:

Este año he sido buena…

Un rumor de suave brisa recorre su nuca, y de repente siente un calor muy agradable bajo sus pies. Apoya sus manos en la mesa y mira debajo de la misma. Sorprendida observa como bajo la mesa un montón de arena dorada y fina cubre sus pies hasta la altura de los tobillos. Como si tuviera un resorte en el cuerpo, la niña da un salto hacia atrás. ¿Qué está pasando? Se gira para salir de la habitación y al coger el pomo de la puerta este se desmorona, fundiendose en arena en sus manos. Lucia se siente confundida, pero extrañamente no tiene ningún temor.

Lo que hace un momento era su habitación en segundos se ha transformado dejando paso a la inmensidad del desierto y lo único que permanece de su habitación, es su escritorio, con el papel de su carta encima, como si alguien tratara de decirle con ello, que no se trataba de ningún sueño sino que era muy real. Intenta llegar a su mesa, pero cuando está a punto de alcanzar su carta una gran tortuga con una silla de montar en lo alto de su enorme caparazón se cruza delante de la niña y la invita a subirse con una gran sonrisa, al tiempo que la guiña un ojo.

Es extraño, pero Lucia no duda, para ese momento, ya nada le parece anormal, y de un salto sube a lo alto de la tortuga, con una enorme curiosidad en el pecho. La tortuga al notar a la niña encima, comienza a elevar el caparazón con unas enormes patas que le salen del mismo enfundadas en unas botas de pelo enormes, como si de un pescador se tratara, pero ¿de pelo?, al tiempo que le grita a la niña Sujétate bien, y comienza a dar unas enormes zancadas a gran velocidad por la arena.

Al llegar a un oasis, la tortuga hace aparecer desde su caparazón un enorme tobogán de múltiples colores, como si de un arco iris se tratase, y Lucia entiende que debe deslizarse por él para bajar. Así lo hace, y baja riendo a enormes carcajadas mientras grita, Esto es genial, y antes de llegar al final del mismo un enorme águila la recoge en su lomo en pleno vuelo diciendo et voila.

Los ojos de Lucia no dan crédito a lo que está viviendo, y al ver que el águila también habla, le pregunta ¿Dónde vamos? . El águila se gira, y mirando a la niña de forma intensa contesta, ahora podrás comprobarlo, sólo CREE. El águila sobre vuela el oasis con la niña en su lomo y al divisar un espectacular manantial de agua transparente desciende en picado, acercándose a una velocidad de vértigo a la cascada de agua. La niña comienza a gritar pensando que se van a estrellar y cierra los ojos. El águila gira sus inmensas alas y atraviesa el salto de agua. Lucia abre los ojos, CREE dice el ave. La niña abre los ojos lentamente, y al tenerlos abiertos por completo, divisa una legión ingente de personajes como salidos de un cuento, del país de las maravillas, había un gato con cuerpo de dragón, un hombre con cuerpo de camello, un perro mezclado con un canario, y todos al ritmo de una canción que retumbaba en el interior de una estancia maravillosa, envolvían paquetes enormes, con lazos de distintos colores. Se giraban al paso del águila y saludaban al aire sin dejar de cantar. Al segundo, la niña pudo divisar a tres hombres subidos en un promontorio, alrededor de lo que parecía ser un pozo.

El águila la dejó al lado de los tres hombres ancianos, que la miraron desde su gesto bondadoso al tiempo que el que tenía la barba blanca hizo un gesto al interior del pozo, donde Lucia pudo ver, como si de una gigante televisión se tratara un montón de casas distintas, con niños de todas partes del mundo. Allí estaba su habitación, como la había dejado ella. El hombre negro le dijo ¿quieres volver a casa? La niña asintió. El de la barba marrón le señaló el pozo al tiempo que dijo Salta. La niña dio un paso atrás diciendo Me caeré y me ahogaré. El de la barba blanca sonrió y acarició su cara ayudándola a subir mientras dice Nosotros estaremos contigo, no te abandonaremos nunca Lucia, sólo tienes que CREER. Al momento la niña cerró los ojos, ¿cómo sabían su nombre?, y se dejo caer en el interior del pozo gritando.

De repente la puerta de la habitación se abrió a su espalda y aparecieron sus padres asustados Lucia, cariño, ¿estás bien? Estás gritando. Lucia gira su cabeza y comprueba que está sentada en su mesa con su lápiz en las manos escribiendo su carta. Mira a sus padres, sonríe y exclama Ahora sí. Sus padres la abrazan y al abrir los ojos mira a la ventana y ve como se dibuja la palabra CREE con una sonrisa debajo de la misma.

Un-cuento-de-Navidad

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
1Comentario

Publicar un comentario