DE CUERDOS Y LOCOS

google images

google images

Allí sentado frente a él en aquella habitación espartana, pintada de un aséptico color blanco, con un cuadro de flores difuminadas en blanco y negro, le miraba fijamente a los ojos.

 

El hablaba, hablaba, hablaba sin parar a cada pregunta que le formulaba desde el otro lado de la mesa.

Sus pensamientos volaban inciertos entre las respuestas de su interlocutor. El ordenador encendido a su derecha. La pantalla imperceptible a su vista en esos momentos.

El exterior parecía haberse apagado y tan sólo estaban ellos dos en aquella habitación sombría, apagada, que al igual que las flores se iba difuminando poco a poco.

 

¿Cómo había llegado a esa situación? ¿Por qué se encontraba en esos momentos allí de frente a esa persona?

 

Lloraba. El hombre de enfrente lloraba. Acentuaba los movimientos hacia delante y atrás a cada respuesta que proporcionaba, sin duda apenado ante lo que revivía una y otra vez.

 

Realizó una breve parada. Cruzó las piernas en un gesto lento e intencionado, sin dejar de mirarle y suspirando profundamente.

 

  • ¿Le aburro con mis cosas?
  • No doctor, para nada, cuando quiera proseguimos con la entrevista, pero creo que tengo claro su diagnóstico.
  • ¿Ah si? ¿Cuál?
  • Usted, a mi juicio, se ve aquejado de una profunda depresión, motivada por estar en el lugar equivocado, haciendo aquello que no quiere, de la manera que no le gusta.
  • ¿Tratamiento?
  • Yo, le recetaría unas dosis de valor, una salida de su zona de confort, y muchas ganas de vivir su vida –dijo con una honda flema el enfermo, mientras sacaba un cigarrillo del bolsillo izquierdo de su pijama verde-
  • Has avanzado mucho. En breve creo que podré darte el alta.
  • No olvides que yo me ingresé aquí de forma voluntaria, puedo irme cuando quiera. Pero ¿y tu?.

 

Se levantó, y caminó hacia la puerta de la consulta mientras su médico secaba las lágrimas con un pañuelo de papel y se disponía a escribir el informe de quien había sido su jefe tantos años, con un único pensamiento en la cabeza, ¿cuánto tiempo me resta a mí?

 

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
4 Comentarios
  • pepe garcia resille
    Publicado a las 07:14h, 16 enero Responder

    Es altamente inquietante, tan inquietante como lúcido…

    • Jose Carlos
      Publicado a las 15:11h, 16 enero Responder

      Muchas gracias Pepe, por tu aportación y por tus palabras.
      Yo, estoy contigo, la realidad muchas veces es inquietante, incluso más que cualquier relato o novela, o película que podamos disfrutar. En la realidad podemos encontrar cualquier inspiración para narrar las discrepancias que tenemos, incluso con nosotros mismos. Bueno quizá, la mayor parte de las veces, para hacer esto, narrar las nuestras.
      Un abrazo.

  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 17:21h, 16 enero Responder

    Ingenioso, un médico presa de su profesión, encerrado en una cárcel de aparente cordura y un paciente con su locura ve las cosas mas diáfanas. Me gustó.
    Abrazos Jose 🙂

    • Jose Carlos
      Publicado a las 07:54h, 18 enero Responder

      Hola Ale, muchas gracias por tu comentario.
      La verdad, bajo mi punto de vista es un reflejo de nuestra sociedad. Pensamos que lo que hacemos es lógico, lo normal, lo correcto, lo que se debe hacer, y cuando alguien nos plantea una idea o una acción que está fuera de esos cánones nos llevamos las manos a la cabeza para decir que esta loco, y que lo que plantea es imposible.
      Lo curioso de todo, es que si esa persona tiene la personalidad suficiente para no dejarse influir, y sigue avanzando en sus propuestas, suele triunfar, y al final es admirado y seguido por todos. ¿Qué curioso no?
      Un abrazo.

Publicar un comentario