DESPUES DE UN DIA DURO

Después de un día duro, como todos, la simple idea de regresar a tu lado era motivo más que suficiente para olvidar cualquier tipo de mal rollo que pudiera llegarse a mi cabeza. 

Atravesar la puerta, dejar las llaves sobre la estantería de la entrada. No decir nada, sigiloso, delicado, en la penumbra que acompaña a los depredadores. Hambriento de ti, deseoso de mandar sobre tus movimientos atravieso el pasillo aflojando la corbata negra de mi cuello, la chaqueta del traje sobre el hombro ahora reposa en el pomo de la puerta. Habitación del fondo, alli debes estar esperando, sin duda. Me encamino con el corazón alborozado, ajeno a todo aquello que ha quedado al otro lado de la puerta al sonar el cierre de la misma y penetrar en el santuario de nuestros juegos. 

Distante te apareces, callada. La camisa blanca con tres botones desabrochados, mientras te miro de lado, moviendo la cabeza de arriba a abajo y girando el cuerpo, analizando tus formas, examinando que juego nos traeremos hoy entre manos. 

Pero hoy está claro, hoy bailaras para mí, quiero sentir como tu cuerpo se mueve al compás de la música suave, y como te excitas al sentir mi excitación, como te pueden las manos, por tus partes más intimas, escudriñando cada uno de sus más ocultos secretos, al tiempo que mis ojos reciben los dones de tu magia y lo trasladan a mi sexo ansioso de ti.

La camisa desabotonada del todo, el torso al aire. Indico en la penumbra del ambiente que te coloques delante de mí, entre susurros, dejando caer las palabras al vaivén del aire que nos separa. Queriendo tocarte, deseando navegar tu piel, pero reprimiendo el deseo, venciendo el juego. Tu cuerpo se enmarca en el cuadro, danzando entre las vaporosas cortinas, que mece la brisa de una noche calurosa de primavera al ritmo del funk más sensual que puede proporcionarnos la red. 

Tu ropa cae, tu pelo reposa en los hombros salvaje, dispuesto a ser agarrado con la fuerza de un titán. Tus caderas se contonean. Me siento en el sillón negro de la habitación, justo delante tuyo, para que puedas contemplar en la distancia la grandeza de tu erotismo en mi entrepierna. La cojo con delicadeza, muevo la piel hacia atrás, acomodo mi intimidad a tus sinuosos desvelos, y acelero mis movimientos al compás de los vaivenes de tus pechos, adivinando tus manos, presagiando los movimientos de tus dedos entre la suave tela de tu ropa interior, único escollo a mis ojos para disfrutar de los labios hinchados y de la llave maestra del orgasmo en tu sexo. 

Tu cabeza se mueve y tu pelo ondulado ondea en la negra distancia, me levanto del sillón, con los pantalones en los tobillos, todos los músculos tensos de mi cuerpo, y acelero los movimientos ante el tormento al que hemos decidido someternos esta noche con este juego maquiavélico, y siento como una descarga eléctrica se viene desde mis testículos, recorriendo mi ano, y subiendo por mi espalda, con un escalofrío claramente reconocible, acompañado del descorche de mi esencia más íntima, que provoca que me encorve, con espasmos que acompaño con suaves movimientos de cadera, simulando que estoy dentro de ti, y que mis manos, no son mis manos, sino tus piernas, y que mis caderas, empujan en tu pelvis alzándote a lo más alto de los cielos, entre gemidos y jadeos cansados. 

Recojo descuidado con la mano derecha, el resultado de esta escena, y el resto con la izquierda, esperando no haber manchado el suelo de madera, ante el desdén al que me somete tu figura, dada la espalda, después de haber alcanzado el resultado de lo que buscabas. Me llevas a la más profunda soledad al vestirte de nuevo, sin mirarme siquiera, manteniendo la distancia de esta farsa. 

Bajo la cabeza. Tengo tu cuerpo presente a cada centímetro en mis ojos, incluso en la oscuridad del suelo, al que no hemos concedido luz, puedo perfectamente pintarte. 

Levanto la cabeza, veo en la distancia, como se cierra tu persiana, sin siquiera reparar en mi presencia. 

Lanzo un beso al aire, y cierro la persiana, con la promesa firme de dejarte poseerme mañana, o quizá de poseerte yo desde atrás, o de disfrazarnos, o de utilizar nuestros cuerpos como copas o platos…ya veremos que se me ocurre para mañana. Mientras, desde mi ventana miro tu ventana y te digo ¡hasta mañana!

bella en la distancia

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 20:24h, 14 Febrero Responder

    Sublime! Eres capaz de provocar mil emociones y mantener la atención hasta el final donde nos vuelves a sorprender. Chapeau, como ya te dije 🙂

    • Jose Carlos
      Publicado a las 10:11h, 15 Febrero Responder

      Hola Carol. Muchas gracias por tu comentario, y por las palabras que me dedicas en él. Muy contento sobre todo con la idea de provocar mil emociones, es mi único y gran objetivo, que el lector puede sentir esas emociones en su piel. Que pueda de alguna manera adentrarse en las escenas que se narran en los relatos y vivirlas en primera persona. Si ello se ha conseguido, al menos contigo, me doy por satisfecho.
      Un abrazo.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]