DIARIO DE UN BUCLE VITAL

Desperté sentada en el suelo del salón, apoyada la espalda contra uno de los muebles.

La cabeza me daba vueltas como si estuviese montada en una noria. La boca pastosa, y el peor aliento de mi vida.

Noté mi ropa mojada, y al levantar la vista confirmé lo que esperaba sólo fuera una sensación. Había dormido entre mi propio vómito y tenía un pequeño charco de orín sobre el que estaba sentada.

Simplemente albergaba la esperanza de que ni él ni las niñas hubieran presenciado este espectáculo deplorable.

Lo peor de todo es que no era la primera vez, y mi sensación de vacío interior y de profunda decepción me desbordaban.

Otra noche más de trabajo, otra cena más. Otro salida más. Otra fiesta más con personas de uno y otro estilo.

Una noche menos en mi casa. Un día más de profundas discusiones y de peleas con lágrimas por uno y otro lado.

Días de tacones y maletines, de carreteras y de despachos. Noches de tacones y de pinturas, de máscaras que ocultan las sonrisas de corazón y los recuerdos verdaderos, para buscar una libertad gastada a golpe de tarjeta de crédito.

Una noche más gastando botellas de alcohol, paseando mis risas con gente que no las merece, y moviéndome entre ellos, esnifando mil bandejas de polvo blanco demostrando que era tan válida como cualquiera de ellos. Perdiendo esa validez para los que de verdad esperan que no me comporte de ninguna manera salvo como soy yo. Quedando completamente aparte de la vida que yo concedí hace algunos años, y de quien la comparte conmigo.

 

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Me levanto despacio del suelo, me duele todo el cuerpo, pero no se si me duele más la dignidad, el alma o la conciencia.

 

Voy al baño, con las medias rotas y noto como no tengo bragas debajo de la falda completamente manchada.

Me duelen las piernas, me duele la cabeza, me duele mi sexo, pequeños pinchazos en los labios vaginales me recuerdan algo de lo que viví anoche.

Los pechos, no puedo tocarme.

En este momento se hace insoportable hasta el roce del tejido del sujetador.

Me desnudo por completo, intentando no mirarme demasiado en el espejo. Veo la cara de mis muslos con pequeños moretones. Marcas de mordiscos en mis pechos. Los pezones en carne viva, cualquier roce con ellos es el peor de los tormentos.

Mayor incluso que mirarme a la cara, completamente desfigurada por el maquillaje, en el espejo del baño. Los labios sin carmín, el rímel corrido por mi cara, los ojos negros.

Después de la cena, volví a decidir que una buena manera de seguir haciendo las cosas en condiciones, era encerrarme con ellos tres en aquella habitación de hotel y dejar que hicieran con mi cuerpo lo que quisieran.

Mientras me cambiaban de uno a otro, o me compartían al mismo tiempo, unas veces, mi jefe miraba con cara de sátiro sádico con su miembro en la mano, y un puro en la boca como sus socios acababan donde mejor les convenía, en mi interior o fuera de él.

Yo no importaba en absoluto, salvo para apagar cualquiera de sus cigarros puros, y ser el objeto de sus risas burlonas.

 

La nebulosa me envolvió por completo. Creo que me desmallé.

 

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Ahora el agua de la ducha cae por mi cuerpo, tratando de limpiar mis heridas, y la piel del aroma a decepción.

No hay agua ni producto en esta tierra que pueda limpiar como me siento en estos momentos.

Voy a la habitación de las niñas. No están allí. Las camas perfectamente hechas.

Nuestra habitación también está vacía. Él no está. ¿Cómo va a estar?

 

Me siento en el tocador maltrecha por fuera, completamente destrozada por dentro.

Un sobre en el marco del espejo con mi nombre.

Crónica de un final anunciado.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
6 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 19:53h, 25 enero Responder

    Relato fuerte, difícil de digerir. La dignidad humana al más bajo nivel. No puedo entender ese trato pero menos aún la poca autoestima que lleva a esa mujer a ser una víctima teniendo techo y familia. O acaso es pura ambición? No todo vale. Sobre todo cuando un ser humano puede sufrir, sea ella o sus hijos.
    Enhorabuena por poner sobre la mesa este debate.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 20:26h, 26 enero Responder

      Gracias por comentar Carol. Es cierto que la realidad a veces es dura, es mucho más cruel que cualquiera de las historias que podamos relatar nosotros. Al final, no es autoestima, es educación, la mala educación que se ha recibido pensando que el adorar becerros de oro concederá mejor vida, y para eso estamos dispuestos casi a lo que sea, cuando la realidad se empeña en sacarnos del error muchas veces. Estoy de acuerdo contigo, no todo vale.
      Muchas gracias por tus palabras.

  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 20:03h, 25 enero Responder

    Un golpe fuerte a la dignidad de la mujer y de su familia. Muy buen relato Jose.
    Abrazos 🙂

    • Jose Carlos
      Publicado a las 15:00h, 26 enero Responder

      Hola ale, un golpe duro a la dignidad de la persona. El peor golpe que puede sufrir la misma, que no es otro que el que nosotros mismos le propinamos.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

  • maria
    Publicado a las 07:43h, 26 enero Responder

    Eso y estar muerta en vida es lo mismo.

    Buenísimo!!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 15:04h, 26 enero Responder

      Con una diferencia, que no estas muerta María, que puedes levantarte y seguir viviendo. Enmendar tus errores, y vivir tu vida, como quieres vivirla, y no como te digan otros que tienes que hacerlo.
      Un abrazo.

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