DIARIO DE UN FUTURO MUY CERCANO. COMIENZO DEL FIN DE NUESTRO MUNDO.

 

Nadie podía imaginar hace tan sólo cinco años, que esto que estamos viviendo ahora podía llegar a pasar. Incluso yo.

Es cierto que la situación dentro del orden mundial, con sistemas políticos corruptos y alejados de los ciudadanos, los lobbies de poder acechando tras las esquinas de los Parlamentos, los engaños, las múltiples formas de mantener la desigualdad que genera el bienestar del primer mundo frente al tercero, la desertización, la tala incontrolada, la emisión de gases a la atmosfera cada vez más dañada, la rapiña y explotación exagerada de los recursos naturales y ese largo etcétera que seguro, has escuchado en más de una ocasión e incluso visto o leído en los últimos años ya lo presagiaba, no queríamos creerlo.

El último presidente del país, cuando aún no lo era, se mofó del cambio climático haciendo chistes con las ideas de un primo suyo.

Mientras, el avance silencioso del desierto desde Almería, era implacable. La sequía se extendía por Murcia y Alicante, y los conflictos por el agua en las comunidades de regantes, aparecían como una preocupación menor.

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El Tajo y el Ebro, se convertían en el objeto de disputa de los ciudadanos del reino de taifas cada vez más acuciante en el que se había convertido España.

En el resto del mundo, las cosas no iban mucho mejor. Un desastre radioactivo sin aparentes consecuencias en China, provocó un nube tóxica y la contaminación de los acuíferos naturales y subterráneos.

El bloqueo del gobierno chino a la información, el acceso a las redes sociales con las que el pueblo se comunicaba, desembocó en la propagación del efecto hasta el mar, contaminando las costas de Japón y del continente australiano.

La ONU, llamaba a la calma a la población, pero ya había empezado todo. Los vientos dominantes cambiaron y en breve la nube estaba en América.

Un efecto dominó hizo que poco a poco los países fueran contagiándose sin control.

Hoy en el año 2020, recordamos ese final de 2015 como el comienzo del desastre. El comienzo del fin de nuestro mundo. De nuestra civilización tal y como la conocíamos.

El verano ardiente de ese año, se llevó por delante hectáreas de bosque, de cosechas, y de animales. El invierno, no fue mejor. Rusia, cerró el suministro de gas que llegaba a Europa y comenzaron las revueltas ciudadanas. El petróleo dejó de consumirse, no había con qué pagarlo. 

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En España estalló una guerra civil entre hermanos que recordó la de tiempos pasados. Murió mucha gente tratando de evitar la separación de la tierra en los territorios fronterizos.

Envueltos en estas, nadie reparó en un suceso extraordinario. África, el llamado tercer mundo, el continente expoliado y masacrado fue protegido como por una fuerza divina.

La noche de las Nereidas de 2015, varios trozos de ese material cósmico que provoca las denominadas estrellas fugaces, traspasaron la atmosfera e impactaron en las costas del continente, desencadenando una especie de halo mágico, un campo electromagnético, que lo aisló por completo del resto del mundo con un manto invisible.

No se podía ver, tampoco se podía traspasar. Muchos murieron en las costas tratando de llegar al ansiado vergel del negro paraíso, buscando el aire puro, y el agua cristalina.

2017 trajo una pequeña esperanza. Una idea.

Dos jóvenes científicos, ocultos en un bunker y protegidos por fuerzas de la Unión del Planeta, habían estado trabajando en dos proyectos distintos para salvar a la humanidad y conseguir aire limpio y agua pura.

Dos elementos que se habían convertido en las nuevas monedas de cambio de la sociedad. Las drogas con las que la gente moría, no acostumbradas a la pureza extrema de las mismas.

Lorenzo de Abajo, trabajaba en la búsqueda de nuevas tierras en el interior de la corteza terrestre, al estilo de las antiguas novelas de Julio Verne.

Catalina de Arriba, buscaba la inversión de la gravedad.

Catalina encontró cómo hacer que un pedazo de tierra perdiera su fuerza de atracción y elevarlo en el aire.

¿Cómo sujetaba las mismas a la tierra para no salir despedidos?

Con una aleación de grafito y oro, maleable y aparentemente indestructible que sujeta actualmente, Las Ínsulas, a la tierra.

La idea era levantar una por encima de la nube tóxica. Un extenso trozo de tierra que llegara hasta las pequeñas cotas de nieve de los picos del Himalaya, dónde recoger agua limpia y abundante que abasteciera a la población.

Los poderosos no hicieron caso a las ideas de Lorenzo y Catalina. Levantaron cuatro ínsulas en distintas partes. Dividieron a la población en clases, y a unos los dejaron subir y a otros los confinaron para que se pudrieran en ese infierno en el que habían convertido el planeta.

Lorenzo seguía empecinado en la idea de encontrar un camino bajo tierra, un pasadizo que pudiera permitirle salvar los mares y salir en el continente africano.

Una nueva Atlántida.

Y lo encontró, vaya si lo encontró.

Los poderosos, sospechando que esto fuera cierto, y que Lorenzo hubiera encontrado el camino hacía el continente milagroso, temblaron con la posibilidad de que su negocio de agua y aire se resintiera.

Trataron de comprarle la información para que no saliera a la luz, para que las mafias del contrabando, bajo su mando, pudieran seguir comerciando.

Al ver que no surtía efecto, le amenazaron, le golpearon y le torturaron sin obtener lo que querían de él. Hasta que por fin, encontraron el punto débil de Lorenzo. Catalina.

Se llevaron a Catalina a una de Las Ínsulas, y desterraron a Lorenzo a la infra zona, la tierra condenada bajo la nube.

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Lo que ellos no sabían, era que Lorenzo y Catalina habían puesto a buen recaudo la fórmula de la inversión de la gravedad.

Ahora, estoy camino del nuevo continente africano, con la fórmula bajo el brazo y toda la decisión que cabe en mí para elevarme, rescatar a Lorezo, y devolver el orden a este mundo.

Un mundo que no acaba de aprender.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
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