ECOS DE UNA MEMORIA ATORMENTADA

La intensidad del dolor iba en aumento en los últimos meses.

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Los costados, parecían ser perforados a cada segundo por una corte de cuchillos, penetrando hasta lo más profundo del alma en cada intento por coger una bocanada de aire.

La lanza de Longinos en ese momento se aparecía en la cabeza como una salvación más que como una tortura, era solución más que problema, bendición más que cualquiera de las terribles maldiciones que alguna gitana, romero en mano, pudiera regalar.

No había dicho nada, prefería continuar atravesando solo su Calvario particular. Con seguridad, merecía todo aquello que le estaba sucediendo.

El no poder dormir desde hacía casi dos años, las dificultades para respirar, los dolores musculares, los problemas para poder orinar sintiendo unas enormes e irrefrenables ganas de hacerlo…se escudaba en la edad, pero en el fondo bien sabía que no se trataba de eso, sino de su oscuro y maldito pasado.

Varios tratamientos, distintas pastillas, y ninguna buena posición para poder ahuyentar ese maldito e intenso dolor.

Mórficos a modo de golosina, en forma de comprimido, inhalados, pegatinas en su costado como parches que le trataban de remendar lo físico, cuando bien sabía principalmente él, que lo que necesitaba más que nada en este mundo era remendar su alma, y expiar sus culpas, antes de abandonar un mundo de manera presencial, que hacía tiempo había abandonado de manera espiritual.

Una noche más, abandonaba su cama revuelta, cogía uno de esos chupa chups que le había dado la doctora en su última visita a casa, y deambulaba de madrugada por la casa, con su vieja bata gastada y sus zapatillas de cuadros.

Los recuerdos del pasado se agolpaban en la mente casi tan intensos como el propio dolor, casi tan necesarios como esa falta de aire que ahora gastaba sus viejos pulmones haciendo que se arrastrara por la vida. Él, todo un soldado, todo un valiente, todo un patriota.

Cogió su lápiz y su libreta naranja y se sentó en el butacón de orejas del salón.

Miró al techo y suspiró profundo intentando encontrar el resuello que conlleva tirar de una pesada bola anudada a una cadena que termina en el grillete fijado al tobillo de un enfermo, débil y agotado, acabado.

Leyó las últimas letras que había escrito. No recordaba cuando lo había hecho, pero si recordaba con una nitidez impropia los hechos que relataba.

Al llegar a aquel pueblo blanco como la nieve, conteniendo las cargas innecesarias de los moros, y los abusos a los que sometían a las pobres gentes que allí se encontraban, me cuestionaba la necesidad de aquello cuánto estábamos haciendo.

Requisamos todas las provisiones que encontramos a nuestro paso, las bestias de carga para tirar de las piezas de artillería que nos ayudaran en nuestro avance, y procedimos a hacer justicia con aquellos rojos insurrectos que osaron hacernos frente desafiando lo que en Justicia de Dios correspondía hacer.

Dejamos que los moros, saciaran su sed de vicio, con las mujeres de aquellos que apresamos, para que dejaran a aquellos que pudieran ser buenos cristianos y gentes afines.

No se a por cuantos de aquellos malditos pude subir al castillo donde los reteníamos, a modo de improvisada prisión, los bajábamos en grupos de 20.

Entre llantos e insultos, los disponíamos frente a la tapia de aquel cementerio pequeño, que no terminaría de acoger aquellos que ahora enviábamos, y daba una voz para que el sonido de los fusiles llenara la noche de pavor.

Las antorchas iluminaban el camino de vuelta. La mirada de una niña de no más de cinco años, me heló el alma al pasar por una ventana justo enfrente del cementerio.

Los ojos aterrados, no más que los míos, las lágrimas aun recorriendo su cara, quizá algún familiar entre los muertos, decidí acabar con sus miedos y con sus sufrimientos, y llevando mi mano al cinto solté el botón y saqué la pistola para descerrajar dos disparos que la elevaron al único lugar en el que podía ser libre y feliz…

 

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Mientras escribía, tomo de nuevo aire y emitió un gemido de dolor llevando su mano al costado derecho. El lápiz cayó al suelo, y entonces resonaron en su alma el coro de mil fusiles atronando su paz interior. Impidiendo que descansara eternamente, una vez más.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
6 Comentarios
  • cynthiagrlx
    Publicado a las 20:08h, 23 Febrero Responder

    Interesante, pero triste historia de este hombre. Había que hay muchos como él que quedaba después de la guerra. Los tengo en mis oraciones. Muchas gracias por compartir thisstory. JC SANCHEZ

    • Jose Carlos
      Publicado a las 21:53h, 23 Febrero Responder

      Muchas gracias Cindy por tu comentario.
      Yo creo al igual que tu que todas las historias y relatos de conflictos son tristes.
      Pasa por aquí cuando gustes, estas en tu casa.
      Un saludo.

  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 21:56h, 23 Febrero Responder

    Hola Jose, la culpa es un enemigo interno que tritura poco a poco como una boa constrictor para después devorarte. Muy buen relato.
    Abrazos!!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:36h, 24 Febrero Responder

      Hola Ale, la culpa, los remordimientos, la idea de no haber hecho lo correcto, de haber estado causando el mal a otro o a otros, más tarde o más temprano acude a tí para atormentarte severamente y no dejarte descansar.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Abrazos.

  • Elia
    Publicado a las 22:10h, 23 Febrero Responder

    Uffff que fuerte!!! Esos remordimientos disfrazados de dolor y venganza por todo tu cuerpo deben ser horribles. No me gustaría encontrarme en su lugar. Un beso J.C. buenas noches!!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:39h, 24 Febrero Responder

      Hola Elia, muchas gracias por tus palabras.
      Desde luego, el dolor en muchas ocasiones puede significar la representación somática de un determinado mal cronificado en el tiempo. También puede ser simple y lisamente, la voz de alarma de que sucede algo en nuestro interior, y nos avisa nuestro cuerpo del posible mal que nos asiste. O como bien dices, el peso de nuestra conciencia por hechos pasados no superados, vividos o revividos con fuerza en momentos presentes.
      A mi tampoco me gustaría demasiado estar en el lugar de este tipo.
      Un beso, que pases un gran día.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]