EL TREN CAMINO A BRISTOL. DESENLACE FINAL.

En la entrega de la semana pasada, pudimos recrearnos en el placer de la lectura y del encuentro amoroso entre Charles Barnaby y la Sra. Walker en el interior del compartimento del tren, mientras su marido dormía.

Ambos, presa de una pasión irrefrenable, y de una fuerza invisible que ejerce sobre ambos una atracción inconfundible se dejan llevar tras varias confidencias en la privacidad del pasillo.

Ciertamente, las apariencias engañan, y las actitudes de Charles Barnaby, no definen por completo a la persona, como puede comprobar Sara Walker. Y por supuesto, la dama, tiene razones mucho más profundas en su vida para haber tomado las decisiones que sin duda la colocan en la situación que vive en la actualidad.

La sensualidad se puede palpar en el aire, y ambos, son conscientes de la situación peligrosa que les rodea, pero sus ansias por dar rienda suelta a lo que sienten, y ser al menos, por un breves minutos ellos mismos, fuera de los convencionalismos que los encorsetan, les empuja a comportarse como lo hacen.

¿Que te parece a ti? ¿Recuerdas haber vivido una situación similar  en tu vida?

Si quieres revivir el resto de la historia, puedes hacerlo en los siguientes enlaces:

Parte 1. El viaje en tren. La aventuras de Charles Barnaby.

Parte 2. Charles Barnaby en el tren.

Parte 3. Charles Barnaby. El tren camino a Bristol.

Parte 4. El tren camino a Bristol (Continuación)

El jueves que viene Charles Barnaby volverá a este blog en una nueva aventura. Si no quieres perderte ninguna de las aventuras de este galán inglés, suscríbete a mi blog, y te llegarán todas las entradas directamente a tu buzón de correo, sin spam, sin publicidad engañosa, simplemente aquellas entradas que quieres recibir porque te parecen interesantes, y no quieres perderte.

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Cuando desperté, tanto Robert como Sara seguían durmiendo. Miré a Sara, sonreí, su rostro tenía un brillo diferente, pero no se notaba en sus ropas nuestro morboso encuentro nocturno. Por mis ropas tampoco se dejaba sentir el mismo, salvo por la húmeda sensación que en mi ropa interior podía sentir, huella imborrable del desahogo de una erección profunda.

El tren llegó a Bristol finalmente, y ayudé al matrimonio Walker a bajar su equipaje hasta el mismo andén donde un mozo imberbe se cargo de él.

Ya allí, me dispuse para marchar, no sin despedirme antes por supuesto de manera cortés. Estreché la rechoncha mano de Robert, el cual expresó su deseo más sincero de prosperidad en mis negocios. Deseo que evidentemente hice extensivo a los suyos. Rebuscó entre sus ropas durante un instante ante la atenta mirada de su esposa, y me entregó una tarjeta con su nombre y dirección.

  • Aquí puede usted encontrarme para lo que necesite, Sir Charles, no dude en acudir a mí, con mucho gusto le ayudaré en lo que en mi mano pueda estar.
  • Muchas gracias, Sr. Walker, igualmente le digo- respondí cogiendo la tarjeta que me ofrecía amablemente. Yo rebusqué también en el bolsillo interior de mi abrigo, y tendí una de mis tarjetas de visita a Robert Walker.

El viejo empresario se dio la vuelta con el bastón al aire y con grandes aspavientos le gritaba al mozo “chico, chico, cuidado con esos bultos, contienen artículos frágiles”.

Sonreí de nuevo y miré a Sara. Me tendió su mano enguantada, que recogí con mi mano derecha y besé suavemente, después de quitarme el sombrero y hacer una leve inclinación, entre admiración, respeto, y coquetería.

  • Sin duda, ha sido un enorme placer Sara Walker- confesé parando lentamente el ritmo de mis palabras a la mitad de la frase.
  • Igualmente, Charles Barnaby- respondió con una leve y pícara sonrisa sin dejar de mirarme a los ojos con la inmensidad de su azul- confió en que podamos volver a encontrarnos Sr. Barnaby.
  • Sería muy gratificante. Veremos si el destino nos lo permite- contesté mientras me atusaba el bigote.

Y Sara siguió los pasos de su marido. Cuando se marchaba pude darme cuenta de que un pañuelo caía lentamente al suelo. Rápido acudí a recogerlo, era un pañuelo de fino lino bordado con unas pequeñas flores. Llamé a Sara entre el gentío del andén para devolvérselo, pero no respondió. Miré el pañuelo y tenía un nombre y un número escrito en el mismo en tonos encarnados, sin duda habría sido escrito con un pincel para maquillar los labios. Volví a mirar hacia el lugar por donde había desaparecido, y su figura se encontró a lo lejos, estática, mirándome, guiñó uno de sus ojos y posteriormente desapareció.

Me llevé el pañuelo a la nariz y pude oler el perfume de Sara, agua de rosas, cerré los ojos, apreté el puño contra el pecho cerrándolo con el pañuelo dentro. Me estremecí en mis pensamientos. Giré sobre mis pies, y seguí mi camino por el andén hacia la salida.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 21:05h, 08 Enero Responder

    Fue una bella aventura ferroviaria la de Charles y Sara. Y el esposo sin siquiera sospechar jejeje.
    Abrazos Jose 🙂

    • Jose Carlos
      Publicado a las 07:15h, 10 Enero Responder

      Muchas gracias Ale por el comentario, como siempre 😉
      Desde luego aparentemente, parece que el marido no se enteró de nada, pero quien sabe, a lo mejor son simples apariencias, y podemos ver más adelante que sí, se enteró de todo, ¿quien sabe lo que corre por la mente de las personas? pero es más dificil aún saber, lo que corre por la mente de nuestros personajes, ¿no?
      Un fuerte abrazo.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]