ENCUENTROS EN EL ASCENSOR (CONTINUACIÓN)

Ante la petición popular de muchos de vosotros, e incluso por qué no decirlo la reprimenda que me he llevado de alguno de vosotros por dejar el relato para próximas entregas :P, hoy continuamos el mismo.

Recordad como ayer nuestro joven protagonista conoce en el parking de acceso al hotel en el que tiene la reunión con el Sr. Mendoza a una pareja, un tanto especial, de mujeres.

Vamos a ver qué sucede en el día de hoy. ¿Qué crees que te hubiera pasado a ti por la cabeza en una situación semejante?

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La pelirroja en ese momento pulsó el botón de parada del ascensor ante mi estupefacción. El ascensor dio un pequeño salto y se paró en seco.

 

—¿Qué haces? — dije de forma cortante.

 

— ¡Cállate, gilipollas! — Contestó con un marcado acento anglosajón la morena mirando desafiante, mientras la pelirroja se quitaba las gafas y me miraba fijamente.

 

La voz de mantenimiento, rápida, comunicó con nosotros.

 

— ¿Se encuentran bien? ¿Por qué han pulsado el botón de parada?

 

— Perdone—. Dijo la pelirroja resuelta sin darme tiempo a intervenir. — He sido yo la que me he apoyado y he pulsado sin darme cuenta el botón. Soy Charline, de la presidencial 2711 — Y con una sonrisa burlona volvió a mirar en mi dirección.

 

— De acuerdo señorita, no se preocupe, tardaremos un par de minutos en reiniciar el sistema para que puedan seguir subiendo, usted tranquila.

 

— Gracias, no hay problema. Y perdone.

 

Yo miraba la escena con la boca abierta apretado a mi portátil, sin dar crédito a lo que estaba viviendo.

 

En ese momento, comenzó a sonar en el ascensor Joe le Taxi de Vanessa Paradis. Perfecto, lo que faltaba. Charline se contoneo delante de la otra mujer. Es una mujer verdaderamente atractiva, muy sensual y provocativa. Siguió acariciando a la morena, que por todos los medios trataba de agarrarla y llevarla a sus brazos para besarla, a lo que ella no se dejaba, entre las risas de ambas. En un momento, sus brazos llegaron a la cintura de su compañera, agachó su cabeza entre ellos, y su duro trasero quedó ofrecido en mi dirección de manera intencionada. Su falda negra se elevó a mis ojos permitiendo ver que debajo de ella, no había nada más que su sexo sonrosado, completamente depilado y ofrecido como una flor a una mañana de primavera.

 

Esta vez la erección si fue notable porque la acompañe con mi mano derecha tratando de acomodarla. Se movía encima de esos tacones interminables ofreciendo su tesoro a mi vista. No pude contener más el deseo que me embargaba desde unos pisos más abajo, y avancé en su dirección un paso dejando caer la cartera al suelo y poniendo mi mano izquierda en esa carne de pecado que se me ofrecía.

 

La morena hizo un gesto en mi dirección tratando de defender su territorio, a lo que recibió un chistar tranquilizador de Charline que acompañó con una mirada pícara hacia atrás buscando mi cara entre sus cabellos y alzando su pierna izquierda en mi dirección, la puso en mi abdomen empujándome hacia atrás de nuevo de forma suave y diciendo divertida:

 

— Se mira, pero no se toca…

 

No daba crédito a lo que estaba viendo y a su actitud. El ascensor comenzó a moverse de nuevo y en unos segundos estábamos en la planta veintisiete. Las puertas se abrieron. Charline, con el índice de su mano derecha me señaló e hizo un gesto con el mismo pidiéndome que la siguiera, el cual acompañó con un leve movimiento de cabeza.

 

¿No debí hacerlo? Seguramente, pero no pude reprimir el deseo ante el gesto de esa cara de pura lujuria con pecas que me pedía que la siguiera al paraíso. Miré el reloj, agradecí enormemente mi previsión para llegar a esta reunión con tiempo suficiente de antelación, cogí mis cosas y salí detrás de ellas.

 

En segundos estaba delante de la 2711, la suite presidencial con esas dos mujeres irreverentes y pícaras, con rostros bien distintos.

 

— ¿Casado? — Preguntó Charline mirando mi mano derecha anillada y gesto divertido.

 

—¿Lesbiana? — contesté yo, de la misma manera.

 

 

Ambos nos echamos a reír ante la cara de asombro de la morena que no entendía nada de lo que decíamos.

 

En el interior de la habitación, Charline cogió un pequeño mando y comenzó sonar When you walk in the room de Agnetha Fältskog, momento en el que ambas empezaron a cantar y saltar por la habitación completamente desnudas.

 

De pié, en la entrada del dormitorio, completado por una enorme cama, contemplaba la escena, sin dar crédito. Volvieron a besarse y a manosearse ante mi mirada de nuevo, sin importarles nada ni nadie, como lo habían venido haciendo desde la primera vez que nos cruzamos.

 

Charline se levantó, vino a mi posición, me agarró de la chaqueta con ambas manos, y me llevó en dirección a la cama.

 

—¿Te piensas quedar ahí toda la mañana? —Me preguntó mientas introducía su lengua caliente y húmeda en el interior de mi boca, volviéndome completamente loco.

 

Agarré a aquella pieza de deseo por el culo elevándola del suelo, al tiempo que ella hundía sus dedos en mi pelo y la tiré encima de la cama. Mi ropa duró puesta un suspiro.

Mi pene, brillante y enhiesto, duro como una roca quedaba expuesto a su vista. Charline lo agarró moviéndolo arriba y abajo un par de veces. Tuve que hacer ímprobos esfuerzos para no correrme en ese momento. La giré para que adoptase la posición que había tenido con anterioridad en el ascensor ofreciéndome su grupa. La morena, comenzó a besarla la boca. Ella jadeaba, su cuerpo estaba ardiendo, y mientras la penetraba agarrando sus caderas para llegar lo mas profundo que podía, Charline se hacía con el sexo de su amiga, poniendo su boca en los labios vaginales de aquella, jugando con su clítoris haciéndola retorcerse de placer.

A cada embestida más gemía ella, más gemía yo y más se retorcía la morena. Agarré sus pechos y me preparé para iniciar una profunda descarga de semen en su interior acelerando mis movimientos.

 

—¡Me corro! — Advertí.

 

Una de sus manos se deslizó por debajo agarrando mis testículos con decisión. La morena dio un grito de placer sostenido, mientras se agarraba los pechos abultados y sus piernas se abrazaban al pelo rojizo de Charline. Me derramé por completo en su interior entre espasmos, con sus dedos jugando en mis testículos, estimulando su producción y un intenso escalofrió en la base de mi espalda.

 

Me senté en la cama, agitado. Y llevé mi mano derecha a uno de los pechos de la morena. Grandes, carnosos, jóvenes y apetecibles.

 

— Ahora te toca a ti –la dije con mi mejor pronunciación en su idioma.

 

Miró mi mano, me miró a los ojos, y de un rápido movimiento me cruzó la cara de una forma seca e inesperada al tiempo que me decía.

 

—¿No te has dado cuenta de que me gustan las tías, gilipollas?

 

Charline comenzó a reírse a carcajadas contemplando la escena. Se abrazó a mi cuello sin dejar de reírse y me besó la mejilla golpeada. Me tumbó hacia atrás en la cama y comenzó a acariciarme el pecho.

 

—¿No soy suficiente yo? — Me preguntó entre susurros, mientras sonaba ahora Skinny Love de Birdy.

 

—Sí, claro que sí, pero… — Contesté confundido.

 

— ¡Calla, tonto! — Me dijo llevando su índice a mis labios.

 

Su cabeza llegó de nuevo hasta mi pubis, dejando reposar sus labios expertos en cada centímetro de mi piel, acariciándome, dándose tiempo, y sin importarle que los restos de nuestro anterior encuentro aun estuvieran patentes. Mi sexo comenzó a crecer de nuevo al tacto de su lengua. En este tiempo, la morena, se había puesto un cinturón a su cadera, coronado por un pene cuyas dimensiones me hacían parecer un niño pequeño. Se colocó detrás de Charline y comenzó a penetrarla suave, al compás de la música. Delicada, sin prisa, acariciándola, llevándola al éxtasis en cada movimiento. Charline suspiraba, se dejaba hacer, y hacía al mismo tiempo, cerrando los ojos, dejando su aliento cálido sobre mi glande, pasando suavemente sus dientes, consiguiendo que me estremeciera continuamente.

 

Llegamos al orgasmo una vez más. La hora de mi cita se acercaba, me levanté de la cama, cogí mi ropa, me vestí y me compuse un poco en el baño.

Guiñando un ojo me despedí de aquellas dos mujeres que entre risas, y sin hacerme demasiado caso, se besaban desnudas, como sirenas en un mar de sabanas y acariciaban sus pieles ajenas a mí.

 

Sonreí, di media vuelta y me marché.

 

Llegué al restaurante. Pregunté por mi mesa. Me acomodé, y traté de despejar de mi mente todo lo que había sucedido mientras contemplaba la sierra de Madrid desde mi posición, para concentrarme en la importante reunión para los intereses de mi empresa que iba a celebrar en breve.

 

Diez minutos después llegó De Mendoza. Saludos protocolarios.

 

— En breve se unirá a nosotros mi abogado para poder comentar en cuanto a las condiciones que suponen este acuerdo Sr. Montes.

 

—De acuerdo, sin problema.— Contesté.

 

Quince minutos después, mientras explicaba ciertos aspectos del proyecto, interrumpían mi intervención.

 

—¡Ah, por fin llegas! Te estábamos esperando. Sr. Montes, le presento a mi abogada, Charline De Mendoza, mi hija.

 

— Mucho gusto Sr. Montes –dijo tendiendo la mano desde su traje chaqueta negro con una amplia sonrisa que acentuaban sus gafas de pasta negras, detrás de las que uno de sus preciosos ojos azules se guiñó.

 

— Encantado, señorita De Mendoza –acerté a decir a duras penas, balbuciendo, mientras trataba que mi boca se cerrara para no delatar la sorpresa.

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J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
4 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 17:18h, 21 Enero Responder

    Caramba!! toda una aventura. El protagonista sin duda estuvo en un pequeño Edén por unos momentos. Y tremenda sorpresa se llevó en la reunión jejeje. Muy buen relato Jose.
    Abrazos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:48h, 23 Enero Responder

      Hola Alejandra, desde luego para nada se esperaba antes de salir a la vorágine del tráfico madrileño encontrarse con lo que se encontró. ¿Quién se lo iba a decir? No sabría decirte como quedaría su mente una vez terminada la reunión y en el asiento de su coche, lo que cavilaría en su soledad. Lo que está claro, es que su capacidad de negociación en esa reunión al menos, de primeras, ya se vería un tanto mermada por la sorpresa. Seguro que se rehace pronto ;P
      Un abrazo.

  • Magdalia
    Publicado a las 10:03h, 25 Abril Responder

    ¡Tela marinera!
    Si es que hay cosas que empiezan sin saber por qué, provocadas o no. Y al final, los negocios en la cama… a veces, son el preludio de cómo van a ser fuera…
    Y éste, a pesar de la leche, no ha salido tan mal. Espero que el padre no tenga las mismas técnicas de negociación…
    Besos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 13:30h, 27 Abril Responder

      Hola Magdalia.
      Verdad es que la mayoría de las cosas empiezan sin saber muy bien por qué. La cuestión no es empezar, sino cómo acaban. Yo creo que el padre, no tiene ni idea de la doble vida que se gasta su hija, pero eso es lo de menos. Lo que es seguro es, que en una hipotética negociación ella, gana 1-0. 😉
      Muchas gracias por tu comentario.
      Bs.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]