ENCUENTROS EN EL ASCENSOR

¿ Qué tal va la semana?

En la entrada de hoy vamos a hablar de varias cosas. En primer lugar de erotismo. Si, de sensualidad. Al mismo tiempo vamos a incorporar las fantasías. Casi todos los hombres en un momento u otro de nuestra vida fantaseamos con la posibilidad de realizar un trio, de estar con dos mujeres. Algunos incluso no dejan de hacerlo en ningún momento de su vida, incluso después de haberlo probado, quieren seguir realizándolo muchas más veces.

Y finalmente, de infidelidad, por distintos motivos. Sobrevenida, buscada, llamémoslo como queramos.

Hay estudios que revelan un porcentaje superior al 90% de infidelidades en el mundo en un momento u otro de nuestra vida. ¿Es acorde? ¿Tiene que ver esto con nuestra formación y cultura arraigada cimentada en un profundo sesgo religioso? ¿Es puramente hipocresía?

Espero que disfrutéis del relato. Un relato, que fue presentado al concurso de relatos eróticos Dolce Love, sin mucho éxito a tenor por el resultado. ;P

Vosotros ¿qué opinais?

………………………………………………..

google images

google images

— Perfecto señor de Mendoza, entonces mañana nos vemos a la una allí. No se preocupe, le llevaré toda la documentación para que podamos repasarla con sus colaboradores, y establecer algunos detalles más. Si le parece, llevaré de nuevo la presentación para que podamos ver sobre el proyecto si tienen alguna duda, y contestarles en el momento. Correcto. Si. Muchas gracias. Hasta mañana.

 

Trabajar con proyectos es complejo, satisfactorio en muchos sentidos, pero complejo, puesto que tus ideas, tus propuestas, y el trabajo de todo un equipo depende de que seas capaz de venderlo a posibles inversores, que son los que manejan el dinero, en escasos treinta segundos. No tienes más. Si el proyecto no es vendible en ese tiempo, mejor retírate.

 

Veníamos trabajando mi equipo y yo un año en este proyecto hasta que se cruzó por delante la empresa de Alberto de Mendoza, un hombre de ideas claras, y sin reparos. Si le gustaba el plan de negocio que le iba a presentar apostaría por los diez millones de euros que necesitábamos, sino en el mismo momento lo descartaría y pasaría a hablar de otras cosas que nada tenían que ver con el objeto de la reunión.

 

De alguna manera, la supervivencia de la empresa que había fundado hacia ya dos años, y al mismo tiempo de mi propia familia dependía de ello.

 

Me levanté temprano, nervioso. Volví a preparar las cosas, repasé algunos datos, y ensayé partes de mi exposición frente al espejo del baño mientras me arreglaba.

Dejé a los niños en el colegio, regresé a casa para disfrazarme de guerrero, traje chaqueta azul de raya diplomática, camisa blanca sin corbata con cuello italiano, cinturón de cuero negro pulido y zapatos a juego. Reloj Jaguar en la muñeca izquierda con la correa negra y las costuras rojas. Cogí mi cartera con el portátil y marché en dirección al caos que supone el tráfico de Madrid incluso a unas horas no punta, a la conquista de ese contrato.

 

Ir con tiempo al infierno que supone desde mi domicilio la carretera, es obligado de alguna manera para poder encontrar alternativas al tráfico de las emes madrileñas.

 

Como de costumbre al llegar al nudo de aparcamiento de las torres, volví a perderme bajo el túnel para poder encontrar la entrada del Hotel. Dos vueltas después conseguí encontrar el mismo y penetré en su interior tras las indicaciones del seguridad que se encontraba en la barrera de acceso preguntando el motivo de mi visita y dando las indicaciones para que pudiera estacionar.

 

Estaba cogiendo mis cosas y cerrando el coche cuando escuché un chirriar de ruedas. Un vehículo pequeño con la bandera de Inglaterra pintada en el techo y de un color rojo intenso, hizo varios zigzags entre las columnas y lo dejó prácticamente tirado de manera incorrecta fuera de las marcas pintadas en el suelo, unos metros más allá. Antes de apagar el motor el conductor aceleró haciendo retumbar las paredes del aparcamiento.

 

De su interior bajaron dos chicas entre risas estridentes y tacones altos. No pude evitar fijarme en ellas, ropas llamativas, la más alta con unas gafas oscuras y anchas que la ocupaban prácticamente toda la cara. Al pasar a mi altura, hablando en inglés, bajó sus gafas y por encima de las mismas, sin parar de andar me dirigió una mirada intensa antes de girar la cara con desdén y seguir andando en dirección a la puerta que daba acceso al ascensor de subida al hall del hotel.

 

Continué recogiendo mis cosas, y cerré el coche.

 

Al ir a coger el ascensor, por un pequeño pasillo, estrecho de apenas doce metros, me encontré a las jóvenes y risueñas conductoras. Apoyada en la pared, la de las gafas, estaba siendo devorada a besos por la otra, morena, vestida con unos leggins negros salpicados de brillantina, y una chaqueta blanca imitando la piel de algún animal casi en vías de extinción.

 

Al contemplar la escena me quedé sorprendido, violentado, y un tanto incómodo, no por que tenga ningún tipo de reparo contra la homosexualidad, sino porque no esperaba ese comportamiento a esas horas de la mañana, aunque es cierto que por su aspecto ellas, aun no habían terminado el día anterior.

 

—¡Buenos días!—Lo dije de la manera más seria y lacónica que pude.

 

En ese momento la morena, dejó de besar a la que supuse que era su novia para mirar por encima del hombro en mi dirección. La otra, pelirroja, volvió a mirarme por encima de las gafas y sonrió al tiempo que se incorporaba un poco más y bajaba su mano hasta la cadera de su amiga. Ambas comenzaron a reír de nuevo, sin decir nada y comentaron con acento británico en voz baja entre ellas algo que no pude entender.

 

Llegó el ascensor. Apenas son tres pisos hasta el hall. Ellas ocuparon el lado derecho del mismo y yo el contrario, cargado con mis cosas y tratando de no mirar demasiado en dirección a esas mujeres que por qué no decirlo hacían volar mi imaginación enfundadas en ropas estrechas que marcaban sus bellos, cuidados y jóvenes cuerpos. El que más y el que menos se ha imaginado en algún momento realizando una practica sexual que le lleve a disfrutar de una pareja de lesbianas de una manera desenfrenada.

 

En estos pensamientos me encontraba, cuando la más alta, la pelirroja, que vestía una falda negra muy corta con algo de vuelo dejando ver sus piernas largas y blancas, le comentó algo al oído a su amiga mientras deslizaba la mano izquierda por su cuello y se detenía en el interior de la chaqueta jugando con uno de los abultados pechos que se advertían desde mi posición. Dio un paso más hacia atrás intentando llegar al centro del pequeño ascensor tropezando, probablemente presa de la dificultad para mantener la verticalidad que proporciona el alcohol ingerido en una noche como la que intuía que habían pasado.

Su cuerpo vino a chocar con el mío, manos ocupadas, pensamiento en lo que refería anteriormente y espalda contra la pared del ascensor.

 

Me agité mucho más al notar como su mano derecha se posaba sobre mi bragueta justo por debajo del cinturón, y se apretaba contra ella notando como había comenzado a excitarse entre pensamientos, estímulos visuales y ese contacto que sufría.

 

—Perdón—. Dijo, al tiempo que daba dos pasos hacia atrás con una sonrisa que apenas tapaba con la mano que hacia escasos segundos ocupaba mi bragueta.

 

— No pasa nada— dije mal disimulando la rojez de mi rostro, lo cierto es que no era lo único que había conseguido poner en “rojo” ese acto.

 

Segundos después estábamos en el hall, parte posterior de la recepción, donde seis puertas de ascensor nos contemplaban ocultándonos de las miradas indiscretas de turistas y trabajadores del hotel. Pulsé el botón del ascensor, las chicas seguían con su particular fiesta mientras esperábamos que llegara.

 

Finalmente, uno de ellos se abrió con el sonido de la campana que lo avisaba. Allí nos introdujimos de nuevo los tres. Ellas en el lado derecho del ascensor, yo en el izquierdo.

 

Pregunté a que piso iban. Piso veintisiete por favor, dijo de nuevo la pelirroja. Habitación 2711. No entendí la matización en ese momento. Marqué el piso y el treinta, al que iba yo, donde se encontraba el Restaurante panorámico Volvoreta en el que había quedado con De Mendoza.

 

Nada mas pulsar los botones y cerrarse las puertas del ascensor, mis compañeras de viaje comenzaron a besarse de manera suave al tiempo que me miraban de soslayo. Esta vez fue la pelirroja la que tomó la iniciativa besando de manera apasionada el cuello de la morena, entre los gemidos profundos de esta, que recibía las caricias delicadas de su pareja por los pechos, la cintura y las caderas apretándose contra ella, y bajando su mano izquierda desde el centro de su cuerpo para colarse por el interior del pantalón, en su sexo, haciendo que cerrase los ojos fuerte y alzase la barbilla al techo suspirando profundo.

En ese momento noté una profunda erección. Puse la cartera con el ordenador delante a modo que la misma no se notase e intenté apartar mi vista de la escena, como si les importase lo más mínimo a ellas. Ni lo uno ni lo otro. Traté de buscar consuelo pensando que los ascensores de ese hotel, son muy rápidos y por tanto no tardaría mucho en acabar la escena. Otro error más. La pelirroja en ese momento pulsó el botón de parada del ascensor ante mi estupefacción. El ascensor dio un pequeño salto y se paró en seco.

google images

google images

CONTINUARÁ…

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
5 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 07:12h, 20 Enero Responder

    Conozco este relato de cuando se presentó al concurso de Dolce Love. En su momento ya comenté que me gustó mucho el hecho de que sorprenda en todo momento y aún queda lo mejor.
    En cuanto a la infidelidad, pienso que puede que sea justo al revés, es decir que socialmente interesa la fidelidad porque asegura el cuidado de la prole, la supervivencia de la misma en tiempos hostiles, cuando había pocos medios pero los humanos puede que seamos infieles por naturaleza al igual que muchos simios. Por ello, se oculta, se intenta corregir por parte de la sociedad porque no dejamos de ser un gran grupo donde lo importante es que la colmena sobreviva aún a riesgo de la vida y la felicidad de sus miembros.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 17:59h, 20 Enero Responder

      Es cierto Carol, tu ya comentaste en el foro en el que se presentó shhhhh, guárdame el secreto, que el resto a lo mejor no lo conoce ;P
      Yo creo que tienes algo de razón en lo que planteas, pero aun y así, voy un poco más allá. Creo que es una cuestión de concepto. ¿Se es infiel de palabra, de acto, de omisión? En qué nivel? ¿Es posible que una persona que se dedica por ejemplo a masturbarse viendo porno en la televisión, bien sea hombre o mujer, y no mantener relaciones con su pareja, por el motivo que sea, es infiel?
      ¿Cuántos tipos de infidelidad hay? ¿Esta ésta ligada a los sentimientos? Si, por ejemplo, yo tengo una amiga íntima, a la que quiero mucho, con mucho sentimiento, y nos conocemos desde hace mucho tiempo, ¿estoy siendo infiel con mis sentimientos a mi pareja?
      ¿Tiene que ver con nuestro convencionalismo, con nuestra cultura, con el patrón que venimos repitiendo por el motivo o razón que sea a lo largo de los años?
      Ha sido muy gratificante y enriquecedor tu comentario, querida Carol, me ha hecho pensar de nuevo. Mil gracias.
      Abrazos.

  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 23:17h, 20 Enero Responder

    Hola Jose, hay hombres que buscan hacer esa fantasía realidad y el protagonista trata de huir de ella. Pero mientras mas huye, mas lo sigue jejeje. Muy buen relato
    Abrazos!!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:33h, 21 Enero Responder

      Hola Ale. Muchas gracias por tu comentario. Ciertamente huir de la realidad que nos asiste, se antoja complejo la mayor parte de las ocasiones. Aunque luchemos contra nuestra propia naturaleza, más tarde o más temprano ésta acabará por llevarnos a su terreno.
      Un abrazo.

  • ENCUENTROS EN EL ASCENSOR (CONTINUACIÓN) - EscriViviendo
    Publicado a las 06:16h, 21 Enero Responder

    […] EN EL ASCENSOR (CONTINUACIÓN) ENCUENTROS EN EL ASCENSOR MONOLOGOS ANTE UN ESPEJO EN UNA NUBE PERSONALIDAD QUE INSPIRA Home » relatos […]

Publicar un comentario

¿QUIERES SOÑAR ENTRE HISTORIAS?
Suscríbete a mi blog y cada día viviras un mundo de emociones excitantes diseñadas para ti.
Su datos nunca seran compartidos con terceras partes.

Diez detalles más que os ayudarán a conocerme mejor:

[vc_row row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern" css_animation=""][vc_column]

Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]