¿SIENTES? ESTAS “ESCRIVIVIENDO”

Me lancé sobre el folio blanco. Si, me lancé. No hay otra palabra, otro verbo, otra forma de adjetivar la acción que acababa de llevar a cabo más precisa para poder ilustrar lo que en ese momento acontecía. Sin motivos, sin razones, aparentemente, casi con una rotundidad fuera de toda duda, más allá del hecho de la imperiosa necesidad que en el pecho brota cuando las palabras se agolpan y pretendes respirar sin encontrar el resuello hasta que tu cuerpo se posa, como la hoja del otoño que cae desprendida y llorosa sobre ese suelo, sobre el cuaderno a vomitar de manera incesante eso que bulle en tu interior, eso que te carcome por dentro, que te corroe, que no te deja vivir. Ese incesante y a la vez excitante elemento que te conforma y que te confirma de una manera sobrehumana, como la canción que te transporta a otro lugar, como la imagen que te embelesa, o como esa escena de película o teatro que hace que tu bello del brazo se erice…o incluso, ¿por qué no admitirlo? te hace disfrutar de algunas lagrimas por el rostro demostrándote nuevamente que estás vivo.

Me aislé del incesante ruido de la casa en el despacho, frente a la inmensidad de la madera blanca y mis cuadernos, mis plumas, mis bolígrafos, esos lápices, y ni una sola idea en la cabeza, o quizá todas. Entre el inmenso cansancio de mis ojos posados a lo largo del día de pantalla en pantalla, de persona en persona, de vida en vida, y ninguna mía, y todas a la vez. Alejado del dolor que en ese momento recorría mi espalda desde la rabadilla hasta mi cuello, del pesar de las ideas de mil futuros, y ningún presente, del rubor de mis mejillas acumulando el calor de la mañana de octubre tras el cristal unas horas, frente a la nada otras.

Decidí volver sobre mí, volver mis ojos a mi yo, un yo envuelto en todo, disfrazado de algo, y a veces envuelto en nada. Cogí los auriculares, como el del monologo, y la música del solo de piano comenzó a recorrerme desde el interior. Pasaba levemente por mis oídos para ser procesada, es probable, o quizá no, y tan sólo llegó a mí para raptarme y transportarme a otro mundo, a otros mundos…o a mi mundo. Ese lugar de las letras mías, de las imágenes mías, sólo mías, donde yo hago y deshago a mi antojo. Dónde puedo ser rey, o villano. Dónde soy héroe o a veces incluso malvado. Dónde puedo conceder el don de la inmortalidad a aquel que hoy ni siquiera se ha dignado a saludarme en la escalera, o aquella que no quiso devolver una sonrisa complice en el ascensor que nos subía a la cuarta planta. Aquel que no quiso parecer humano, ni siquiera serlo, aquel que prefirió seguir fingiendo que vivía más que compartir la dicha de efectivamente hacerlo, conmigo. Por ejemplo.

Y la intensidad de las notas se hace dueña. Y me mece a su antojo por los trazos en este folio mío. El folio de mi día, de mis días, o de tantos, o de ninguno, o quizá de todos, ¿quién sabe? ¿ y que más da? ¿o no? Y las mismas se apoderan de tal manera que cambian el tono de mis frases a su tempo, e incluso mis momentos, e incluso estos desvaríos que se apoderan buscando que mi pecho no esté hastiado, que mi cabeza no esté crespa, que no me llegue al momento en el que los ojos completamente sanguinolentos se vuelquen sobre sí mismos, para enfrentarse a la nada de un tormento de vacío de temas, de seres, de aciertos, de momentos encontrados viviendo siempre distintos afectos.otoño

Contando días y enarbolando firmamentos descanso. Me encuentro sin buscarme. En cada sorbo de este café humeando a mi lado derecho dispuesto. Improvisando ritmos con la cuchara al tiempo que las teclas se hacen presentes en el ambiente de esta absurda mueca que me enmarca. ¿Estoy soñando, estoy despierto? ¿y cuando salgo? ¿y cuando trabajo? ¿también vivo, o quizá duermo?

Contemplo con una sonrisa como se apaga el día. Ya no puedo disfrutar la calidez de los rayos del sol sobre mi cara. De fondo sigo escuchando los gritos de mi casa, pero se oyen lejos, como si de otra dimensión se tratara, otra vida, probablemente. No puedo disfrutar de los rayos del sol os decía, y sin embargo la sonrisa se ha instalado en mi gesto. Me he descubierto. Casi me ha dado vergüenza “pillarme” en una actitud tan relajada, cómo si casi no pudiera hacerlo. Pero lo he hecho. He vuelto a hacerlo, he vuelto a disfrutar de cada momento, como ahora con el canto de un pájaro, da igual que tipo de pájaro, se cuela entre la música concediendo a mi pecho el sosiego que necesita. Ya no hay dolor en mis piernas, ya no siento dolor en la base de mi espalda, ni la tensión de mis músculos hasta llegarse a mi cuello. Ya sólo encuentro sosiego, y la sonrisa del niño abandonando su colegio de la mano de su madre, riendo con sus amigos, contando lo que quiera que sea que hayan hecho. Ya sólo queda la mirada de la joven de la farmacia, cruzando su discurso en el aire con la mía, y sonriendo, negando la vergüenza en un intenso baile, camuflado en la distancia de deseo. Sólo resta el recuerdo de su mano, presentando la bolsa con la excusa de mi visita rozando su piel con mis dedos, concediendo la dicha de congelar ese momento en un instante perenne, como esas hojas que no abandonan el cobijo de sus ramas, ni en este, ni en ninguno de los tiempos salvo que fuesen arrancadas por otras manos malditas, quizá sea esa otra historia, quizá sea ese otro momento, en este, ella ladea la cabeza, me mira de soslayo y yo hago ímprobos esfuerzos para no recitarla un verso…pájaro

Decido volver, decido acompañar las palabras que ahora ya se han quedado en este folio, y han abandonado mi pecho, que no mi cerebro en esta noche de otoño, tan llena de luz como otras, incluso ahora que el azul del cielo pareciera menos azul, aunque todos sepamos que es un gran azul intenso. Decido no recordar las miradas huidizas, decido no recordar las palabras sin mirar a los ojos, decido no saber que a pesar de existir, no lo parezco, decido habitar mi mundo, ese del que a veces, yo me muevo, sosegado por los momentos, de mil imágenes nuevas, desde el atril que merezco. Quizá el que todos merecemos, sentado a la mesa de un café, sentado en un banco viendo atardecer al borde un río, escuchando una música agradable, discutiendo…riendo, viviendo.

Yo decidí en el mismo instante en que lo supe, que jamás volvería a vivir estando muerto. Jamás me negaría la posibilidad de sentir en la piel cualquiera de los más intensos afectos.

Usaré el contenido de la bolsa, que estremece los sentidos con su más intimo y sincero recuerdo por pituitaria dulce, por tacto y por vista, mientras concedo más momentos a mi cuerpo. Uno para no coagular mi sangre, otro para no atorar mis pulmones, obstruidos por momentos, y los más para no sentir ese dolor de la base de mi espalda hasta mi cuello, porque las piernas…ya no las siento.

Aquel momento en el suelo, tumbado, frío, sin ningún tipo de sensación sobre mi cuerpo más que la gélida nada no es más que una enseñanza para mí. Nada de remordimiento, nada de reproche, nada de descontento, tan sólo fue el comienzo. Desde la atalaya de esta silla que se mueve a mi antojo, gobierno mi mundo, por fin, mando yo en mi cuerpo, por fin no huyo sino que marcho, por fin tan sólo me abandono sobre mis letras para pintar otros cuadros, otros días, otros personajes que me gustaría haber conocido, y que su prisa o mi desidia no lo permitieron.

Pero mi mano sigue “escriviviendo” mi mundo me permite estar vivo mientras el otro se para, se muere, o se camufla, y yo sin embargo cada vez más, noto como siento, noto la brisa en mi acierto, noto como cierro los ojos y entiendo lo que es disfrutar, mientras en este y en otros momentos, compongo mundos, y sigo “escriviviendo”.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 17:49h, 30 Octubre Responder

    Hola José, me gustó mucho tu narrativa fluida. También creo mis mundos, mis personajes, hago a mi antojo lo que quiero con ellos jeje, es lo bueno de escribir, uno es el Todopoderoso y el papel es el mundo al que uno va dando forma.
    Abrazos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 18:43h, 30 Octubre Responder

      Hola Alejandra, muchas gracias por pasarte por aquí y comentar, soy consciente de tu escaso tiempo, lo valoro mucho. Por supuesto, es lo bueno que nos da un papel blanco, todo un mundo de posibilidades. Dónde la mayor parte del mundo ve…nada…nosotros vemos un infinito mundo de posibilidades que nos lanzamos a emborronar con nuestras historias. Unos unas temáticas y unas formas, otros con otras, verso, prosa, la forma da igual, lo que interesa es el fondo que nos permite acercar a aquellos que nos leen nuestros mundos, para despertar en ellos cualquier tipo de emoción. ¿Qué sería del mundo sin emociones, no?
      Abrazos.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]