FORMULA PARA UN SEXO DIFERENTE. ¿QUIEN ES EL SEXO DOMINANTE Y POR QUÉ?

EL SEXO INCONFORMADO

Desde que desperté a la naturaleza de mi excitación, a la madurez de mi sexo, me he preguntado qué sucedería si no fuera tal como es. Es decir, si fuéramos los hombres los que tuviéramos el sexo dominante, ese falo que nos vuelve locos, que nos excita sobremanera y con el que ellas nos someten a su voluntad.

¿Qué pasaría si fuéramos nosotros los que en lugar de tener la vasija que acoge la luz de su pene erecto ejerciésemos esa fuerza en su interior?

¿Qué se sentirá?

Es cierto que contamos con juguetes, que podemos jugar a ser ellas e incluso dominarlas con otras practicas, como si fuéramos nosotros los que tenemos ese poder, ese placer, ese artilugio de dominación bajo el que sucumbimos a voluntad.

Al menos yo, lo reconozco, me encanta contemplarla cuando llega a casa. Con ese porte tan directivo, cansada de trabajar, malhumorada, casi distraída, con la camisa arrugada y desaliñada y los pantalones ajustados en los que no puede disimular ese bulto maldito en su entrepierna. Ese que me tiene completamente rendido a sus intenciones. Sentir como su mano se posa en mi pelo y me besa de forma directa, me atrae contra su cuerpo y pasa su mano fina y decidida por mis nalgas apretándome contra su apéndice duro y dictador.

¿Qué se sentirá?

Debe ser como controlar los designios del mundo con un botón ¿No?

Siempre dispuestas.

No son como nosotros con los rigores de la maldita menstruación. Ese odioso peaje que tenemos que pagar todos los meses los hombres por la bendición de ser hombres.

Yo he tenido parejas que para nada les importaba, pero a mi actual pareja la simple mención ya le repugna. Y yo me muero porque juegue conmigo hasta altas horas de la madrugada, sobre todo en esos días. Estoy mucho más receptivo entonces no se por qué razón. Debe ser esta maldita manía de preguntarme cosas. O quizá de querer ser lo que no soy.

¿Qué será poder decir: me duele la cabeza, hoy no me apetece?

A mí en esos momentos no me duele la cabeza. Siempre estoy dispuesto, sobre todo cuando siento el calor que me envuelve al ver cómo se desnuda delante del espejo. Con ese cuerpo moldeado de gimnasio, esas curvas deliciosas que tanto me rinden y me derriten al simple tacto de sus dedos.

Se mete en la cama, me da un casto beso en la mejilla y me despacha con un “hasta mañana, estoy cansada nene, ya jugaremos en otro momento”.

¿Te lo puedes creer? ¿En otro momento?

Si yo tuviera semejantes argumentos en mi entrepierna te iba a decir yo hasta mañana sí, en otra vida quizá.

Ese miembro que parece tener su propia vida, ser independiente de su voluntad. ¿Cómo lo controlaran?

Bueno, mi mujer dice que es incontrolable. Que es ver pasar a un tío bueno, como dice ella, y tener una erección involuntaria.

Ellas dicen que es incómodo pero yo no le encuentro la incomodidad por ningún lado. Aunque para eso reconozco que nosotros lo tenemos más fácil, siempre podemos ver a una tía que nos gusta y sentir cómo se nos estremece el pecho y se inflama nuestro pubis y la cara interna de los muslos. Muchos de nosotros sentimos, incluso, unos pequeños pinchazos en los labios vaginales, yo entre ellos y reconozco que me encanta. Mi excitación es mía y nadie sabe que lo estoy. No todo iba a ser malo ¿no?

Pero, ¿por qué no? Piénsalo un momento.

Tener esos atributos tan femeninos en el cuerpo de un hombre. Y no me refiero a la transexualidad. No tengo nada en contra, quien quiera un cambio de sexo porque no se encuentre cómodo con ella perfecto. Pero no me refiero a eso, yo quiero ser un hombre con pene. Sentir qué es eso de tener un apéndice colgando de tu cuerpo. Como los testículos, por ejemplo, saber qué se siente estando en el sofá de casa y tocarse como hacen ellas siempre.

Debe ser algo muy normal que provoca un placer enorme porque mi madre siempre lo hacía. Incluso mi hermana lo hace estando en público sin aparente pudor. Nadie dice nada, es algo normal, socialmente aceptado por decirlo de algún modo.

Yo no quiero cambiar de sexo. Quiero ser lo que soy; un hombre. Pero un hombre con pene. El primer hombre con pene de este universo. ¿Estaría bien, no? Poder acercarme a ella, dejar que mi mano resbale por sus curvas, arrinconarla con mi excitación contra una pared, como hace ella conmigo cuando le apetece, y clavar mi atributo en su vientre indicándole quién manda en ese momento, haciéndole saber que será mía y que me moveré en su interior hasta que alcance su orgasmo sin llegar yo al mío. Confesarle que serviré a sus deseos más ocultos y a su placer de manera indefinida. A mi ninguna mujer me ha dicho jamás esto en mi vida. Quizá porque yo sea demasiado romántico y le doy importancia a estos pequeños detalles. O a lo mejor es porque no tengo pene y cuando tienes pene estas cosas no se piensan. Ella dice que cuando me pongo esos conjuntos de ropa interior no puede pensar, se le va toda la sangre al mismo sitio y sólo puede dejarse llevar, poseerme de manera rápida. Follarme. Echarme un polvo. Abrirme de forma atropellada y salvaje y derramarse en mi interior sin reparar en nada más.

¿Qué se sentirá?

Por ejemplo al penetrarla. Poder explorar su puerta de atrás, como hace ella conmigo. No le vale sólo con mi vagina sino que está obsesionada con mi culo y con entrar en él a toda costa. 

¿Qué se sentirá al entrar yo en ella, al explorar su punto G?  

¿Que será mirar hacia abajo y ver que te cuelga algo?

¿Qué será poder mear de pié?

Poder decir: “hoy voy a tocarme los huevos”. O responder de forma airada a alguna petición con un “porque no me sale de los cojones”.

¿Qué se sentirá?

A ver si se corre ya de una vez, y la puedo preguntar a ella. Aunque dudo que me responda, seguro que se queda dormida.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
4 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 06:16h, 20 Mayo Responder

    Al principio pensaba que no entendía, que leía mal. Volvía a leer y lo mismo hasta que comprendí que tenía que darte la llave de mi mente, resetearla y dejarla completamente en blanco para asumir lo que iba a leer.
    Ingenioso y real como la vida misma aunque lo que se siente sin falo ante una excitación es algo diferente a lo expuesto jejeje. No obstante es un valioso documento para la mitad de la humanidad que no mea de pie.
    Gracias!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 12:36h, 25 Mayo Responder

      Hola Carol.
      Muchas gracias por tu valentía para comentar un relato como este, que sin duda es de todo menos normal. Buscaba que el lector pudiera removerse por dentro, pudiera pensar en un ejercicio de “que pasaría si….” pero parece que no a mucha gente le ha dado por pensar, o quizá no lo han querido compartir conmigo. En cualquier caso, en otra ocasión será.
      Es cierto que es complejo pensar en otra posición, cuando realmente no la tienes, pero sería interesante ponernos en ella, porque con ello conseguiríamos de alguna manera, encontrar juegos, soluciones, encuentros, que al menos sorprenderían a nuestra pareja, entenderíamos mejor su placer, y con ello mejoraríamos nuestras relaciones de corte más intimo.
      Creo que la “empatía” es un concepto manido, pero poco utilizado. No nos ponemos en la piel del otro, más concretamente, nos da igual, y así le luce el pelo a la humanidad en general. Si con el sexo, que quizá sea aquello que más nos iguala como diferentes, y que más nos une, tampoco lo hacemos, no creo que lo vayamos a hacer con otras cuestiones de un interés incuestionable incluso para nuestra propia supervivencia como especie. Así que, fíjate para lo que puede dar un relato con este tic de reflexión.
      Con respecto a lo que dices de lo que se siente sin falo, pues tengo que darte la razón, pues aunque imagino que será diferente en cada mujer, y que lo vivirá de una manera cada una de vosotras, yo no lo soy, y a vosotras os cuesta decir como es…por lo que mi documentación para este relato ha sido compleja jaja. ;D
      Gracias de nuevo.
      Un beso.

  • Petisuis
    Publicado a las 20:45h, 19 Marzo Responder

    Entiendo que la idea ha sido dar forma con palabras a la empatía. Pero sincerame, no me he sentido nada empatizada. Gracias por intentarlo, pero creo que no van por ahí los tiros.

    Aparte, creo que hay ciertos problemillas de puntuación, puesto que hay párrafos con varias frases sin separar y casi me vuelvo loca intentando entenderlas. Un saludo y ánimo

    • JC Sanchez
      Publicado a las 10:13h, 20 Marzo Responder

      Gracias por tu opinión y por dejar el comentario. No siempre podemos empatizar con todas las situaciones. Tomaré muy en cuenta tu opinión y miraré el texto, puesto que es un relato antiguo del anterior blog y puede que en la migración, haya habido algún desajuste con el mismo. Pido disculpas por aquellos problemas que contenga el texto y que hayan dificultado su comprensión.
      Saludos.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]