INFIELES

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Estaba sentado encima de la cama de ese hotel circunstancial. Las manos en la cara ocultando los ojos cerrados, apretados, buscando las respuestas a las preguntas que pasaban incesantes e inclementes por su cabeza.

Los codos en las rodillas, el pantalón del traje color tostado por las rodillas. La habitación completamente en silencio, la cama apenas desecha. El abrigo encima de la silla testigo inmutable de la escena.

Cientos de risas pasaban por su cabeza, escenas del tiempo transcurrido, del tiempo vivido, de las posibles ocurrencias que le quedaban por vivir.

La camisa blanca en el suelo. La corbata encima del televisor pequeño que reposaba sobre la cómoda. Le recordó el pequeño apartamento que alquiló con su mujer mucho antes de casarse en un pequeño pueblo de la costa amalfitana, cuando decidieron recorrerla unas vacaciones.

Una lágrima resbaló por su cara en ese momento.

Había aparecido de nuevo en su vida después de tanto tiempo. Un mensaje privado en su Facebook. Una invitación de amistad. Los recuerdos aflorando a su mente. La piel estremecida como en tiempos. El sabor de lo oculto, lo morboso del mal llamando a la puerta. Lo prohibido.

El espejo devolviendo mil mensajes de juventud permanente, de tiempo que se evapora sin remedio y la necesidad de dar rienda suelta al ardor de la sangre.

El pelo alborotado, el pecho ardiendo. Componía su indecencia desde el reloj y sus anillos poco a poco.

Atrás, el momento de dejar los coches en el parking de la entrada. De recibirse con dos besos a la luz de la mañana, frente al mundo que les observaba ajeno a todo y a todos. Pasando delante de sus caras. Caras de los hombres y mujeres que podían dar fe en cualquier momento de su situación pecaminosa y reprochable.

Dos cafés humeantes en la mesa de la cafetería decorada con gusto, sillones Luis XV en un rincón resguardado de miradas.

Un beso furtivo tras su pelo moreno, acompañado del recuerdo de una gracia.

Segundos después su cuerpo se dejaba hacer debajo de la pericia del torso desnudo de ella. De sus pechos grandes. De sus manos ávidas, de su deseo contenido. Del dolor de una vida joven encerrada en la vida de su madre. Del dolor de no sentirse amada por su marido. De sentir que la vida rodeada de hijos y pesar le marchitaban poco a poco la juventud de una piel brillante y con deseos de amar y ser amada.

La mano izquierda de ella se coló ágil por el cinturón que le separaba cual muro de sus intereses más primarios, más lascivos. Jugó con su premio. Se movió cada vez más intensa, más rápido, más ávida de su premio con las manos de él sobre su culo vestido de vaquero intrépido.

Y encontró su premio y el de él al instante.google images

El vaho en el frío ambiente de la habitación no impidió que se tumbara unos breves segundos a su lado, piel con piel, jugando con el vello de su pecho antes de salir corriendo dejándole atrás, sentado en el pie de la cama con cara de pánico detrás de su conversación culpable.

Terminó de poner los gemelos en su camisa y de atarse el nudo de la corbata. Cogió la chaqueta bien doblada encima de la silla y vio en el suelo el sujetador negro de ella.

Lo recogió y lo llevó a su nariz. Aspiró profundamente y reconoció su perfume dulce. Una erección volvió a estremecerle recordando las caricias recibidas momentos antes. Como un acto reflejo lo retiró rápidamente reprochando el impulso venido a sí sin su permiso, atrevido y vulnerando todos los cortafuegos establecidos para evitarlo.

 

Lo guardo en su bolsillo interior. Pagó la habitación sin levantar la vista del mostrador. Y se metió de nuevo en el coche. Un nudo en la garganta. El pecho ardiendo. Miles de recuerdos agolpándose en su mente con las manos en el volante de cuero negro.

El patio del colegio. Las risas de los fines de semana. Los viajes con el grupo. Su esposa vestida de blanco. Sus hijos corriendo por el jardín…

Ella conducía agitada, con el pelo suelto, liberada de limites establecidos, con una medio sonrisa en la boca, excediendo los límites de la carretera, los límites del mundo, los límites de los convencionalismos sociales, de su familia, de sus amigas superficiales, de los cafés sin sentido, de los libros de fantasías sexuales que apuntan pero nunca cumplen.

Miró los números que señalaban la hora en el display del reloj. Su pié derecho ejerció más presión sobre el pedal. Una punzada en el pecho la sacó de su ensoñación, sino estaba en casa su marido haría algunas preguntas. No estaba orgullosa de lo que acababa de hacer, pero necesitaba sentirse joven de nuevo, y deseada por unas manos conocidas, por unas manos que recorrieron su piel tiempo atrás cuando era apenas una adolescente con sueños. Unos sueños apegados al amor, unos sueños apegados a mil fantasías que compartieron. Unos viajes que se apagaron en el pesar de las obligaciones y que les alejaron para que sus vidas se bifurcaran y se olvidaran.

 

Ambos llegaron a casa. Ella pasó feliz después de comprobar que todo estaba en su sitio. Compuso su camiseta y su pelo. Su cara era radiante. Sus ojos brillaban. Y al rozar sus pechos componiendo su figura, los momentos vividos al roce de la piel hacían que se estremeciera con un breve y momentáneo placer que provocaba que su labio inferior se escondiera entre los dientes, evocando.

Él se mantuvo en el coche buscando una historia plausible. Los hombros con el peso de la culpabilidad delataban el gesto. Su cara era el reflejo de la mentira. Nunca supo mentir, y su esposa lo sabría sólo con mirarle a los ojos, sólo con besarla. Decidió decírselo nada más entrar y acabar con esa mentira asumiendo las consecuencias.

 

  • Cariño, te dejaste el sujetador en el hotel. ¿De verdad no hay otra forma para que recuperemos la pasión? No me encuentro bien haciendo esto.

 

Ella rió. Acarició su cara y cogiendo su sujetador negro de encaje le beso los labios tiernamente y dijo.

 

  • Te quiero.

 

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
4 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 20:53h, 13 Diciembre Responder

    Muy buen relato, me gustó ese aire pecaminoso, pero mas el final que no me lo imaginaba.
    Abrazos Jose!!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 06:12h, 15 Diciembre Responder

      Muchas gracias por tus palabras Ale. Ciertamente nos pensamos que la infidelidad en todos los ámbitos es …detestable. Bueno, a mi modo de ver hay muchas formas de infidelidad. Continuar con tu pareja por inercia, cuando las cosas no funcionan, bien sea en la cama, bien sea en el día a día, podría perfectamente ser una de ellas. Tratar de alguna manera de revitalizar tu relación, luchar por ella aunque sea con fantasías de este tipo, te acercan y te conectan con tu yo y con los comienzos de una historia que en algun momento fue muy bonita, aunque ahora atraviese por un momento en que lo es menos. Seguro que es una gran ayuda para muchas parejas, ¡atrévanse!
      Un abrazo Ale, y gracias por comentar.

  • Amy Plin
    Publicado a las 20:42h, 15 Diciembre Responder

    Precioso relato, para nada me esperaba ese final, me ha encantado ¡felicidades!
    Saludos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:44h, 16 Diciembre Responder

      Muchas gracias por tus palabras querida Amy. Normalmente tendemos a pensar que la realidad tiene sólo un camino y lo cierto es que existen varias realidades y múltiples caminos, en nosotros está escribir el que queremos para nuestras vidas. 🙂
      Gracias por pasarte por esta, tu casa, y comentar, vuelve cuando quieras.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]