LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

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No imaginas lo que es que te pase algo hasta que verdaderamente lo sufres en primera persona.

Muchos hablan de comprensión, de estar perfectamente alineado con tu sufrimiento y con tu padecer, pero no es más que una breve ilusión, una mentira que intenta de alguna manera poner sus conciencias en paz consigo mismo.

La realidad es bien distinta. La realidad, es que coinciden plenamente con los calificativos que el común de los mortales le dedican al diferente, al distinto, al raro. ¿Por qué no decirlo?

¿Por qué?

Simple.

Por que es preferible que otro lo sea, y no uno mismo.

Habéis acertado, yo soy el raro.

Mi nombre es Cyrano, y en este momento estoy dejando mi seña de identidad en un lienzo, un lienzo algo particular, como yo. Mi frase, como cada domingo por la noche, en un emblemático sitio de Madrid, mi ciudad.

Por supuesto, está claro que mi nombre real no es Cyrano, pero eso no le importa a nadie.

Realmente yo, no le importo a nadie, salvo cuando pinto. Cuando dejo mis frases grabadas en lugares como los muros del Palacio de Linares, o del Teatro Real.

Cuando cojo mis botes de spray y me dejo embriagar por su olor penetrante. Cierro los ojos al agitarlo delante del muro de la Puerta de Alcalá, o colgado de alguna manera en las Torres Kio, y dejo mi impronta, mi frase.

Lo mejor es ver las caras de las personas a la mañana siguiente cuando los periódicos digitales y las redes sociales se hacen eco de las noticias.

Yo mismo me encargo de hacer saber la noticia a través del entramado de nicks falsos que utilizo en las redes.

Personalmente me quedo con las conversaciones de las niñas pijas en las cafeterías, con sus trajes caros, sus bolsos de diseño y sus problemas imposibles de solucionar, bien clamando por un novio así, o por un hombre que les dedique las frases bonitas del “gamberro” que pinta Madrid todas las semanas. Eso sí, mientras dicen esas frases que las engrandecen a su juicio, me miran con desprecio, tirado en el suelo, pidiendo una limosna tras un cartel que reza:

 

NO TENGO TRABAJO NI FAMILIA, MI MADRE ME ARROJO POR UN WATER NADA MÁS NACER Y MI ROSTRO ES EL RESULTADO DE SU DESGRACIA. POR FAVOR AYUDAME CON UNA MONEDA, O DAME UN BESO QUE CALME MIS HERIDAS.

 

¡Si ellas supieran!

 

Como se puede suponer, nadie me da un beso, y son escasos los que dejan caer algún euro de manera distraída.

 

Tampoco lo necesito. No lo hago por eso.

 

No necesito la caridad de nadie, ni mucho menos. Los videos de mis gestas, y mis seguidores en Youtube, Vimeo, y demás redes sociales, me dan lo suficiente para vivir, pero me gusta palpar de primera mano el resultado de mis frases.

 

Todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad, eso dice el tío de Peter Parker a su sobrino, sin saber que se trata de Spiderman.

Yo no tengo ningún tío, ni ninguna familia. Con total probabilidad las letras de mi cartel son la mayor verdad de la que me puedo hacer cargo, pero si me une a esa frase algo importante con respecto a mi poder. Sólo puedo escribir cuando tengo delante un muro en blanco, o un reto de un edificio emblemático que me ayuda a trasladar lo que llevo dentro al mundo.

 

¿Por qué?

 

Probablemente porque con ello aspiro a generar algo más de amor, algo más de piel, algún sentimiento que vaya más allá de mirarnos al propio ombligo todos los días pasando por encima de aquellos con los que convivimos sin prestarles la más mínima atención.

 

¿Os habéis fijado en la mayoría de las reacciones al ver una noticia dramática en los portadas, o las noticias?

 

Dos segundos de estupor en el gesto, y luego se sigue hablando de cualquier cosa intrascendente.

 

Pobres los negros. Se ahogaron en Lampedussa, ¡que vergüenza!. Venga ponme un café chata que hoy tengo un día de aupa. Por cierto, que si yo fuera tu novio te iba a dar candela pero de la buena…

 

¿Por qué frases de amor?

 

Probablemente porque ser un niño desfigurado en una casa de acogida en España, no es fácil.

Por que no es sencillo entender que nadie te quiere, que te tienen miedo simplemente porque tu rostro no es como el de los demás, porque tus ojos están poco alineados, porque los párpados apenas permiten vislumbrar el color de tus ojos, porque tu boca está torcida y porque tu nariz prácticamente no existe, y deja su lugar a dos orificios que cumplen su función a duras penas.  

Por que es difícil entender que alguien no te mire a la cara cuando le defiendes delante de otros.

Porque es simplemente duro para un niño criarse con la realidad de que nadie te ama, y porque la caricia más cercana en tu memoria, te la dio la monja que te depositó en la cuna por ultima vez, o aquella que movida por la lectura, o el cine, trató de ayudarte confeccionando una mascara para ocultarte del mundo exterior con el afán sincero de que así, tu vida pudiera mejorar. Pero eso si, desde lejos, sin tocarme, por si mi mal pudiera ser contagioso.

No era ayuda sincera, era simplemente necesidad propia de ocultarme de su vista.

Pero me valió, me vino bien su ayuda. Esa mascara ahora junto con la capucha negra de mi inseparable sudadera me ocultan de la policía que me busca de manera desesperada.

 

Ahora, todo el mundo me busca.

 

Me reclaman desde distintas partes del mundo. Cientos de jóvenes conquistan a sus parejas con las fotos de mis frases en las paredes de Madrid.

Algunos me reclaman de distintas ciudades emblemáticas y tratan de ponerme retos, pero he sido yo, esta vez el que he lanzado a los míos el reto de hacer en sus ciudades obras que perduren de manera eterna en las retinas y en los corazones de las personas que las que conviven.

Incluso las mujeres ahora quieren que las haga mías. Me escriben en la red.

Pero yo ya no necesito eso, yo tengo otros objetivos.

 

Eliminar de las primeras páginas de la prensa internacional las noticias de políticos inútiles, de ladrones disfrazados de banqueros, y de tragedias que hacen que lo oscuro de nuestros corazones se prense aun más en nuestras vidas.

 

Ya tengo suficiente tragedia con tratar de no mirarme a un espejo.

 

FUERA LA ESENCIA DE MI LETRA TUS AUSENCIAS CADA SEGUNDO. MI LATIR EL SIMPLE ANHELO DE TU CARIA SANADORA, TU BESO MI DELIRIO MÁS SOÑADO…

CYRANO

 

Escribí esa frase en uno de los edificios de la Plaza de España. Uno de los más emblemáticos. Ahora lo ha comprado un inversor extranjero creo. La publicidad de la pintada le vino bien, porque hasta entonces, nadie le hacia ningún caso.

 

Tienen cámaras dispuestas desde que, la última Noche Vieja, entre en escena en plena retransmisión de las campanadas de fin de año.

 

El reto lanzado a través de twitter, fue recogido por cientos de chicos y chicas, que seducidos por la transgresión que supone enfrentarse de manera decidida al poder establecido, acudieron a mi convocatoria, ataviados con mascaras y con sudaderas con capucha y cientos de botes de spray.

Mientras la policía trataba de ocuparse del descontrol que el sabotaje de mis seguidores estaba liando en las distintas cadenas que retransmitían en directo el evento, aparecí en el edificio de la Puerta del Sol en el que menos me esperaban, y de forma rápida dejé mi frase:

 

NO ES EL PASO DEL TIEMPO LO QUE ME ENTRISTECE, SINO DEJAR DE COMPARTIRLO A TU LADO CADA SEGUNDO.

CYRANO.

 

Y como el Fantasma de la Opera, me perdí entre los edificios, entre los focos de las cámaras, y los de los helicópteros de la policía que últimamente me quiere mucho.

Ahora si que se lo que es el amor de verdad.

Sobre todo, porque pusieron al frente de la investigación a Rosa.

De la que actualmente huyo tratando de dejarla atrás en el interior de los túneles del metro.

 

¿Qué curioso verdad?

 

Toda mi vida queriendo que me quieran, que me persiga una mujer como Rosa, hermosa, decidida, buena, que se entrega en lo que hace, que se da a los demás, que llega a su casa por las noches después de una larga jornada tratando de atraparme y después de un baño relajante, toma su vaso de leche con galletas y se pone delante del ordenador a encontrar pistas sobre mi persona.

Una mujer hermosa, generosa de formas tras su pijama de dibujos infantiles, que llora agarrada a un cojín mientras ve Velvet en la televisión, o que sigue llorando los sábados por la noche que no tiene que trabajar agarrada a la almohada de su cama, porque no se puede agarrar al hombre que desea tener en su vida.

 

¡No llores Rosa!

 

¿Qué curioso, verdad?

 

Rosa desea muchas cosas, todos en la vida lo deseamos. Yo lo contemplo en las sombras. Yo quisiera ser esa almohada de sábado. Ella, quisiera ser la única dueña de las frases de Cyrano.

Ahora ella me persigue sin descanso por los túneles oscuros del Madrid subterráneo, y yo, sigo huyendo de ella, deseando que me coja, y me estreche entre sus brazos.

 

¿Qué curioso, verdad? ¡Que dilemático el ser humano!

 

 

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
4 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 06:19h, 15 mayo Responder

    Es un relato hermoso por lo contradictorio, por el misterio, por el romanticismo no ñoño. Bien podría ser una historia real o un héroe de leyenda.
    Como siempre “chapeau”, José Carlos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 09:07h, 16 mayo Responder

      Hola Carol, bienvenida de nuevo, ya te echaba de menos ;P
      Muchas gracias por tus palabras. He querido reflejar en este relato una historia que de alguna manera vuelque en estos personajes muchas de las dudas y de las preguntas que cualquier ciudadano, de este o de otro país, puede sentir cada día sobre sus espaldas. Evidentemente con un toque fantasioso, pero como bien dices, las contradicciones, el misterio, las dicotomías internas de cada uno de los humanos, condicionan nuestros comportamientos, y quizá sólo quizá debíamos hacérnoslo mirar un poquito.
      Un beso.

  • Magdalia
    Publicado a las 06:35h, 15 mayo Responder

    Buscamos lo que no tenemos y nos lamentamos.
    Un día, las cosas cambian y todo aquello que anhelábamos deja de parecernos interesante.
    En cambio, seguimos siendo lo que siempre fuimos… pero tampoco nos quitamos las máscaras.
    Usamos una para cada cosa. No siempre nos la imponemos. A veces nos viene dada.
    Estamos hechos de contradicciones.
    Besos.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 09:04h, 16 mayo Responder

      Muchas gracias por comentar Magdalia.
      Tienes mucha razón en que buscamos lo que no tenemos. Es cierto. Quizá es una consecuencia lógica de tener que “ganar el pan con el sudor de la frente” la incuestionable desazón de no alcanzar jamás la paz interior, estar bien con nosotros mismos.
      Y siempre, siempre, seremos lo que somos, tendremos la esencia con la que nacemos. Habrá que moldearla de alguna manera, pero en esencia seguir siendo lo mismo. Las contradicciones, forman parte del ser humano, porque incluso consigo mismo lo es, como he dicho antes. En cuanto a las mascaras, creo entender por donde vas, pero creo que es importante tender a quitárselas, porque en el fondo, no deja de ser una protección, un elemento de defensa contra el posible daño que nos puede infligir un semejante. Si ese daño no existiese, no haría falta tal mascara.
      Gracias por acercarte por aqui. Un beso.

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