MOTIVOS DIFUSOS PARA VENGANZAS RECURRENTES

www.everystockphoto.com

www.everystockphoto.com

VENGANZAS RECURRENTES

 

El taxista juró que se vengaría.

Llegó a esta conclusión en la última ocasión en la que su llave volvía a fallar en la cerradura.

Ahora mientras recordaba paso a paso el plan que había urdido en su cabeza, removía el café con leche humeante, sentado en la barra del bar de Paco, como todas las mañanas de hacía ya, no recordaba cuantos años.

Esa mujer, esa mujer rubia de todas las mañanas, que sea cercaba a su taxi, y de alguna manera le impedía acceder a él.

¿Quién era esa mujer joven que le hablaba de aquella manera tan extraña?

En esta ocasión lo tenía claro, acabaría de una vez por todas con esta farsa.

Desenmascararía el extraño truco que estuviera utilizando esa arpía, esos engaños que le nublaban su buen juicio y le impedían una y otra vez entrar en el medio que le proporcionaba el sustento a su familia.

Miraba a Paco y al resto de los parroquianos. ¡Qué mayor se había hecho Paco!

Esta profesión le está matando, pensó mientras seguía moviendo la cucharilla en el interior de la taza de café.

Las conversaciones de siempre, pero las voces cada vez más apagadas.

Se dio cuenta de que los antiguos monos de trabajo azules, las últimas mañanas iban dejando paso a otro perfil de cliente. Ahora los chicos jóvenes con carpetas bajo su brazo se apoderaban de las mesas en las que departían sobre sus cosas.

Nada que ver con lo verdaderamente importante claro.

Dio un puñetazo encima de la barra de forma repentina.

  • ¿Qué pasa Manuel, ya estamos otra vez? –preguntó Paco desde el fondo de la barra, limpiando un vaso con un trapo.
  • Pues claro que si Paco, esta niñata no se va a quedar con mi taxi. Yo tengo que dar de comer a una familia. Con esta crisis que tenemos, no me puedo permitir el lujo de seguir en casa.
  • ¿Pero, qué estás diciendo Manuel? –contestó Paco con aire desenfadado, tratando de quitar hierro a la conversación.
  • Pues lo que digo Paco, lo que digo. Que ya me he cansado de estar aquí sin hacer nada, que hoy me las va a pagar todas juntas esa mosquita muerta.
  • ¡Anda, anda! Tranquilízate no vaya a ser que tengas que volver a la cama otra vez. Que nosotros no estamos ya para muchos aspavientos Manuel. Ya vamos viejos.
  • Viejo estás tú. Yo tengo mucho carrete. Me queda mucha vida por delante, y muchas carreras que hacer. Tengo que pagarle la universidad a la prole, no quiero que se vean en esta puta vida como nosotros.-contestó dando un sorbo lento al café Manuel.

Un muchacho joven interrumpió la conversación pidiendo una consumición a Paco, al tiempo que otro cliente entraba por la puerta del bar.

  • Buenos días Paco y compañía –saludó de forma amable.
  • Buenos días Toñín –saludó el camarero.
  • Lo de siempre Paco, y ponle un sol y sombra a Manuel, que parece que lo necesita. –Dijo golpeando levemente la espalda de este.
  • No me pongas nada que estoy servido. Otro que tal baila. Joder chico, ¿qué os ha pasado a todos, os dejo unos días para recuperarme en casa, y al regresar es como si os hubieran puesto encima treinta años a cada uno?
  • Cachondo el Manuel. Bueno ¿y hoy qué, hemos solucionado lo del taxi?
  • ¿Y tú como sabes lo de mi taxi?
  • Pues porque llevas toda la semana igual. Con la rubia del taxi para arriba y para abajo, y con la manera de quedarte con las llaves. Per me da a mi, que tu las llaves de la burra, no las vuelves a tocar. Además, ¿qué para que quieres tu ponerte otra vez a dar vueltas por ahí?
  • Anda éste, ¿y para qué la voy a querer? Pues para lo mismo que tú. ¿O es que has aprendido una forma nueva de alimentarte del aire tú ahora? –contestó de forma airada Manuel con un aspaviento, dejando caer la cuchara sobre el plato del café.
  • Nosotros ya hemos hecho lo que teníamos que hacer Manuel. Deja a la muchacha ahora que se gane la vida.
  • Deja, deja. No lo encabrones más Toñin que todavía me da a mí que la tenemos. –dijo Paco haciendo sonreír a Toñin al tiempo que dejaba dos copas de sol y sombra encima de la barra.
  • Yo es que lo vuestro no lo entiendo, de verdad. ¿Me podéis explicar de quñe manera mantengo yo a una mujer y dos hijos? Tu tienes el bar, y tu el estanco, pero yo sólo tengo mi taxi. Quedé con esa mocosa que en cuanto me recuperase me devolvería mi taxi, y ella seguiría haciendo los turnos de noche, pero nada más. Está decidido, la esperaré en la puerta del bar y cuando pase a buscar el taxi la daré su merecido y cogeré mis llaves.
  • Tranquilo Manuel, que te vas a meter en un lio, anda. Cómo se entere Amparo, tu mujer, ¿qué le va a parecer? –le espeta dando vueltas al licor en la mano antes de dar un trago Toñin.
  • ¿Pues que le va a parecer? Lo miso que a mí. No te estoy diciendo que el taxi es mío.
  • Pero el médico te dijo que no podías conducir más. –soltó Paco, mientras servía un desayuno a una pareja de estudiantes que se sentaba dos taburetes más allá.
  • Me da igual lo que digan los matasanos, no voy a permitir que nadie se quede con el esfuerzo de toda mi vida. Bastantes problemas tengo ya, para preocuparme de gilipolleces. Ya intenté por las buenas, ahora sólo quedan las malas. –dijo apurando la copa de un solo trago y dejando unas monedas encima de la barra con un sonoro golpe al tiempo que se levantaba del taburete.
  • Pero ¿dónde vas hombre? Mírate Manuel, de verdad. Piensa un momento.
  • Que no Toñin, que no pienso más. Se acabó. Estoy harto de ladrones, de matasanos, de filósofos de bar, de crisis, de niñatas engreídas y cursis. Desde luego si yo fuera su padre, buenos azotes se iba a llevar esa también.
  • Para un momento…

Manuel no hizo caso y salió su chaqueta y abriendo la puerta con un manotazo.

Ya en la calle, enfrascado en sus pensamientos encontró el mejor lugar esperar el paso de la mujer, para abordarla desde atrás cuando fuera a coger el taxi.

Pensaba en sus hijos y en su mujer. Cuánto esfuerzo tirado a lo largo de los años para hacerse con la licencia y para comprar el taxi que les permitiera dar de comer a su hijo y a su hija. La mejor educación en la medida de sus posibilidades. Estaba claro que sus hijos irían a la Universidad. Su hijo quería ser médico, y su hija profesora de niños pequeños, como le decían aquellas escasas veces que podía llegar a tiempo para cenar con ellos.

Un poco de fiebre y una convalecencia en la cama de unos días, no le iban a privar de darle una vida mejor a sus hijos. Y mucho menos una niñata que no tenía otra cosa mejor que hacer.

La chica rubia apareció en la calle. El pelo recogido, ropa cómoda, y andar decidido al lugar en el cual tenía el coche aparcado.

Manuel la abordó por detrás como había pensado. La arrinconó contra la puerta del conductor para impedir que moviera los brazos y pudiera zafarse.

Había cogido una piedra del suelo y pensaba amenazar a la mujer con golpearla en la cabeza hasta dejarla sin sentido si no le devolvía sus llaves y salía de su vida.

Imbuido en esos pensamientos no escuchaba ninguna de las palabras que parecía estar dedicándole la arpía.

La tenía agarrada el brazo por detrás presionando el codo en la espalda y le dijo.

  • Que me devuelvas las llaves de mi taxi maldita. No te lo voy a decir más veces, que me devuelvas las llaves de mi coche o te rompo el brazo y te pongo la cara como un mapa.

Sintió unos brazos agarrándolo por los hombros y un gran griterío alrededor. Supuso que algún transeúnte alertado por la situación habría acudido en auxilio de la bruja. Cuando le dejasen explicarse seguro que la buena gente del barrio, que le conocían a él y a su familia de toda la vida, le ayudarían a ajustar cuentas.

La mujer se dio la vuelta con el pelo alborotado, espetándole cosas que no podía entender. Su cara le resultaba tremendamente familiar, y no sólo por compartir el taxi. Su mente se nubló por unos segundos, y se sintió caer al suelo, desvanecido.

Cuando volvió de nuevo en sí, Paco y Toñin le miraban sentados en una mesa del bar. Al mirarles, los ojos de ambos se volvieron hacia su derecha señalando otra escena.

  • ¿Qué? –preguntó de forma seca Manuel girando la cabeza en la dirección que marcaban los ojos de sus amigos.

Sentada en otra silla con los brazos cruzados estaba Amparo, su mujer, y detrás de ella, la bruja con un chico al lado que Manuel imaginó sería su novio.

  • Vaya tres. ¿No os he dicho mil veces que me lo cuidéis? –dijo Amparo mirando a los tres hombres.
  • Si es que ya sabes el carácter que tiene, mujer. No se deja. –contestó Toñin.
  • Papá, no podemos tener esta escena todas las mañanas cada que salimos a trabajar con el taxi Alberto o yo. –dijo la arpía rubia que le miraba con los brazos cruzados detrás de su mujer.
  • ¿Qué me ha llamado esta señorita, Amparo? –preguntó Manuel con gesto contrariado.
  • Esta señorita, Manuel, y el supuesto vándalo que trataba de pincharte las ruedas del taxi la semana pasada, que está a su lado, son tus hijos –contestó Amparo mientras acariciaba amorosa la cara sin afeitar de su marido para tranquilizarle.

Manuel se levantó de repente y contempló en el espejo de la pared su rostro envejecido, al tiempo que una lágrima resbalaba por su mejilla.

www.everystockphoto.com

www.everystockphoto.com

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
Sin comentarios

Publicar un comentario

¿QUIERES SOÑAR ENTRE HISTORIAS?
Suscríbete a mi blog y cada día viviras un mundo de emociones excitantes diseñadas para ti.
Su datos nunca seran compartidos con terceras partes.

Diez detalles más que os ayudarán a conocerme mejor:

[vc_row row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern" css_animation=""][vc_column]

Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]