PREGUNTAS Y RECUERDOS

Miraba como se alejaba a través del cristal de la ventana. Sentado en esa vieja silla que ahora le acompañaba, extrañado por todo aquello que había escuchado de ella. La miraba, la miraba atento, con la respiración un tanto agitada y emborronado de imágenes en su cabeza.

Gastado de piel y de palabras, tenía presente la imagen de su esposa en la cabeza, mágica, sutil de formas, generosa de curvas, sobre todo en el perfil de su boca siempre sonriente. Sonrío por vez primera en un tiempo. Recordó el tacto de su caricia, recordó el perfume de su piel entre sus brazos. Recordó como se amaban mientras pintaban las paredes de la que fue su primera casa, manchando sus caras a brochazos.

Recordó aquella vez en la que cegó sus ojos y le acompañó al salón de su casa, para sentarle tranquilo y darle su regalo de cumpleaños, depositando unos pequeños patucos de bebé en las palmas de sus manos. Recordó como en mitad de una de sus reuniones, a algunos kilómetros de distancia, un mensaje le hacia interrumpir la misma con una foto en la que un predictor marcaba que volvería a ser padre nuevo en breve.

Recordaba todo eso mientras veía como aquella mujer desconocida se alejaba bajo la lluvia incesante bajo el paraguas con aquel joven.

Se giró y le miró a los ojos durante largo rato sin decir nada. Un tanto confuso. Extrañado por la situación, y un tanto agitado. Nervioso, por qué no decirlo.

-¿Quién es esa mujer? -preguntó casi en un exhorto.

-Es tu esposa-respondió el joven.

Le tembló el labio inferior, y sus ojos miraron arriba a la derecha, como tratando de buscar en lo más recóndito de su cerebro, en busca de la información que le faltaba.

-¿Y tú?

-¿No te acuerdas de mí, papá?-dijo tranquilamente mientras agarraba una de esas manos sarmentosas que ahora temblaban y que antaño le habían sujetado con fuerza concediéndole la seguridad que necesitaba en la bicicleta para no caer, en la mano, enseñándole los trazos para escribir su nombre, en su cara curando los primeros cortes aprendiendo a afeitarse, en el hombro el día de su graduación.

Le miró de nuevo, esforzándose en sus recuerdos. Con los ojos muy abiertos, mientras una lágrima resbalaba por su rostro lentamente, y una sonrisa afloraba repentina, y exclamaba.

-¡Tú eres el de los patucos!Alzheimer

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]