¿QUE SE PUEDE HACER EN BRISTOL?

Espero que este nuevo año os haya traído fuerzas suficientes para seguir leyendo las aventuras de Charles Barnaby, porque tengo la impresión de que vais a poder conocerle bien este 2015.

En este caso, ¿no os apetecería saber que ocurrió una vez que llegaron a Bristol, y se separó del matrimonio Walker?

Quiero recordar y poner en situación a todos aquellos que no lo recuerden, que Charles llega a Bristol en ferrocarril, junto al matrimonio Walker, y mantiene un affaire con Sara, la Sra. Walker,  muy intenso.

¿Qué se encuentra al llegar a esta ciudad, alejada del bullicio que acostumbra un gentleman como él?

Os dejo con la primera entrega de esta nueva serie de Charles Barnaby en Bristol. Espero que os guste.

Si es así, no seas tímido, házmelo saber si puedes con un comentario, a mí me gusta leerte también. 😉

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Termine de acomodarme en la habitación. Era el mejor hotel de la ciudad, aunque de la vista de aquel cubil pudiese pensarse lo contrario.

De cualquier modo, no importaba demasiado puesto que tan solo se trataba de unas horas hasta que llegase el momento de embarcar. El viaje en tren había sido mucho más placentero de lo que hubiera podido pensar en un primer instante, y tampoco tenía una necesidad imperiosa de desnudarme y tirarme en esa…¿cama? O lo que quiera que fuese, dispuesto a dejar pasar el tiempo.

No sé por qué pero me sentía extrañamente feliz, contento conmigo mismo.

Quizá Sara fuese la culpable de esa sensación, que de buenas a primeras y siempre de forma involuntaria, provocaba una sonrisa pícara que me otorgaba una apariencia estúpida.

¡Qué mujer! Suspiré. En fin, el tiempo diría si estaba destinado que volviésemos a cruzar nuestros caminos. No era posible que tan sólo unas horas le hubiesen bastado a esa especie de amazona de exquisitos modales aprendidos, para hacerme olvidar el suave tacto de Anna.

Pero, ¡qué mujer!.

Quizá también pensé distraído un segundo, mientras trataba de refrescarme sin ensuciarme con la mugre de aquel lavamanos descascarillado, el hecho de encontrarse su marido en el mismo lugar, había hecho más sugerente y atractivo el reto de la conquista, pero a pesar de ello, ¡qué mujer!.

No podía quitarme de la cabeza esos rizos rubios como el oro, y esos muslos tibios y acogedores. Sin lugar a dudas hubiese dado parte de mi fortuna por tenerla conmigo en esos momentos, tumbada sobre las sabanas de franela reutilizadas hasta casi el desgaste, en su blanca desnudez con el pelo sobre sus sugerentes pechos como manzanas dulces, y su voz acompañando el movimiento de sus dedos extendidos pidiéndome, como una sirena, que acudiera a su ardoroso encuentro.

Una erección involuntaria, o más bien voluntaria diría yo, me devolvió a la realidad.

Terminé de acicalarme y me mudé de camisa.

Bajé las escaleras que me llevaban a una “lujosa” recepción, con mobiliario acogedor y alguna que otra planta que retocaba el ambiente hasta hacerlo más cálido y familiar. Era evidente que el gusto de los propietarios se acabó con la decoración de la recepción.

Detrás del mostrador de madera, un hombre joven repasaba varios papeles con gesto concentrado.

Era un muchacho atractivo de anchos hombros y considerable estatura. Su uniforme gris y su azulada mirada cautivarían sin lugar a dudas a cualquier mujer que osase retarle a un duelo de seducción.

Notó mi presencia al momento.

  • Buenas noches señor. ¿Es de su agrado la habitación? En nuestra mejor suite, “La Dorada”. La llamamos así porque cuando el sol se está ocultando tras la línea del horizonte deja entrar los últimos rayos y se inunda de luz. Parece la cámara del tesoro de un palacio.

Deje pasar unos segundos mientras observaba al recepcionista estudiándolo atentamente, antes de contestar. Percibí que comenzaba a sentirse violento, y sonreí tratando de tranquilizarle.

  • ¿Cómo te llamas, chico?
  • Glenn, señor, Glenn Holy. Respondió tímidamente poniendo las palmas de sus manos sobre el mostrador.
  • ¿Has visto muchas cámaras de tesoros, Glenn?

Traté de hacer un poco más distendido el encuentro.

Me pareció un muchacho agradable y simpático que tan sólo intentaba hacer bien su trabajo. En la recepción sólo estábamos él y yo, e imaginé que buscaba un poco de conversación con la que hacer más llevadero su cometido, a fin de cuentas sólo quería romper el hielo.

  • No, en realidad ninguna, señor, pero he leído muchos libros en los que se narra con pelos y señales como son.- mientras contestaba bajó los ojos.
  • Yo tampoco-dije entre risas-¿quizá alguna vez puedas contarme como son, o cómo dicen que son esos libros que lees?

Glenn levantó la vista y asintió con una amplia sonrisa.

  • Una pregunta…¿Glenn? – el muchacho asintió- ¿dónde puedo tomar una copa en esta ciudad? Algún sitio agradable no muy lejos de aquí, he de embarcar pronto y no quiero alejarme demasiado.

Los trabajadores de los hoteles sabían recomendarte los mejores sitios de la zona, algunas veces incluso llevaban comisión por enviar clientes a según qué locales, y la mayor parte de las veces proporcionar la información deseada al cliente que solicitaba los favores de mujeres o jovencitos que les hicieran pasar un buen rato…

CONTINUARÁ…

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • Alejandra Sanders
    Publicado a las 19:21h, 15 Enero Responder

    Sara dejó una grata huella en Charles. Ahora parece que va a probar cosas nuevas, suena prometedor lo que se viene jejeje.
    Abrazos Jose:)

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:53h, 16 Enero Responder

      Sara ha dejado una huella imborrable sin duda, como la totalidad de las mujeres que pasan por la vida de Charles, de las que aprende mucho. Veremos que sucede a partir de ahora, pero sin duda espero no defraudaros.
      Un abrazo Ale 😉

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]