¿QUIERES LA FÓRMULA PARA COMBATIR EL MIEDO? RECETA BASADA EN EL ARTE

FÓRMULA PARA COMBATIR EL MIEDO

Delante de las teclas del piano, esas teclas de un blanco marfil, esos pedacitos de cielo brillantes que a la presión leve de sus dedos colmaban de felicidad el pecho, sonreía al sentir la vivificante música que llegaba a sus oídos.

La espalda recta, los músculos en tensión del cuerpo, la concentración en la secuencia de las notas como le había enseñado su maestra en las largas sesiones de ensayo. Tensión, concentración si, pero relax al mismo tiempo, ya no le hacía falta mirar la partitura para que Chopin sonara en la magia de sus manos.

Un leve movimiento de cabeza siguiendo el compás de la melodía, imbuido de la misma, espantando la mayor parte de los pensamientos que pudieran albergarse en su interior que no fueran los evocadores paisajes que la música traía a su cabeza.

Los espectadores de lujo ante su concierto. Mudos, educados, inmóviles, expectantes ante lo que regalaba el artista, descargando una escala sostenida en la agilidad de unos dedos ateridos por el frío. Unos dedos ensangrentados y sarmentosos, confesores del tiempo que había pasado desde la última vez que habían entrado en contacto con alimento alguno.

La chaqueta del traje negro raída, completamente manchada por el polvo y los trabajos de desescombro, de andar entre las ruinas en las que había sido sumida su ciudad, de mover muertos de un lugar a otro, de enterrarse entre los que habían caído en los últimos fusilamientos para no ser descubierto y correr la misma suerte, de vagar por el frío y la humedad de las calles desoladas, por la oscuridad de la nada, entre lamentos y olor a hambre y desesperación.

La música seguía sonando en su cabeza, sus dedos se movían a la vista menos ágiles que lo que lo estaban haciendo en su cabeza, movimientos memorizados, tremendamente aprendidos, descompasados de pelar tantas patatas para salvar su vida. Las manos se colocaban encima de las teclas sin rozarlas y se movían encima de las mismas sin presión alguna. No quería que su concierto delatara su posición en ese momento.

Cerró los ojos. Sonrío, se preparó para su apoteósico final, recordando como era antiguamente en los teatros en los que llevaba a cabo sus conciertos provocando la admiración de todos aquellos que venían a verle actuar.

La música se intensificó en su cerebro, mayor rapidez en el movimiento final, un aumento de las intensidad de las notas, ausencia de pausas entre cada una de ellas, las bombas arreciaron en el exterior, y las balas silbaban del otro muro caído a sus espaldas, avanzó su cabeza sobre las teclas de un blanco y negro que tan gráfico le pareció del alma humana.

¡Que bellas, y tan distintas, siendo lo mismo! ¿Quizá sea eso lo que las hace tan hermosas?

Su respiración se agitó para terminar la pieza y con un movimiento brusco la dio por finalizada. Permaneció inmóvil por unos instantes. Escuchó tras de sí una enorme ovación que le hizo sonreír, satisfecho.

Miró a la derecha, haciendo una leve inclinación de cabeza, agradeciendo los aplausos de los cuerpos que le miraban bajo los escombros de la pared caída. Miró a la izquierda, hizo lo propio con aquel que, sentado en un sillón, había disfrutado de ese concierto mágico que por un momento le había hecho olvidar la sangre que corría por sus sienes y sus brazos mutilados.

Se levantó del sillín, colocó su traje preparado para continuar con la gloria de su ovación. Se dio la vuelta, saludó mientras los aplausos arreciaban y los vítores provocaban que las lágrimas acudiesen a su rostro en un momento de felicidad mágico, en el que las balas de tres soldados volaban desde sus fusiles entre los gritos amenazantes, para impactar en su pecho y su cabeza, derribándole en el suelo en un gran charco de sangre.

Mientras…los aplausos no cesaban, la música de Chopin quedaba en el ambiente para siempre, y la barbarie desaparecía prosiguiendo hacia otros teatros, otros museos, otras bibliotecas, dejando una estela de muerte a su paso.

www.photopin.com

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J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • cynthiagrlx
    Publicado a las 20:37h, 17 Marzo Responder

    En la música y el canto, es esperanza, a desafiar la adversidad. Cómo el enemigo debe haber sentido insultado y menospreciado por este acto de desafío.
    Gracias por compartir J. C. Sánchez

    • Jose Carlos
      Publicado a las 05:58h, 18 Marzo Responder

      Muchas gracias por comentar Cindy. Como bien dices, al final el arte es la mejor forma de confrontar ideas, y superar los conflictos entre las distintas formas de pensamiento.La música además por su lado, nos proporciona otras emociones paralelas como son el sosiego, la paz, y la sonrisa en nuestros rostro, hacerla confrontar con la barbarie y la sinrazón de la guerra me parecía una forma gráfica para plasmar la dualidad que reside en el alma humana.
      Un abrazo.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]