¿QUIERES SABER CUALES SON LOS PELIGROS QUE ACECHAN TRAS EL WHATSAPP?

TRES VIDAS Y UN WHATSAPP

Agarrado al volante con más fuerza de la habitual trataba de driblar con presteza las diferentes pruebas que le iban asaltando en su camino con peligrosa velocidad por las calles de la ciudad.

 

El maldito despertador había sonado una vez más y como si de un resorte automático se tratara, había alargado el brazo, cansado, apartando el ordenador personal con el que de nuevo, se había quedado dormido realizando informes, contestando correos y justificando el más que mortificador trabajo que realizaba.

 

El día había levantado radiante, con un sol brillante y cálido de primavera que animaba a cualquier cosa menos a continuar con la rutina diaria.

 

Llegaba tarde a la cita que tenía programada para hoy. Las miradas furtivas al teléfono móvil desde el que de manera precipitada había empezado a mandar mensajes antes de salir de casa para justificar su más que seguro retraso, continuando con ellos incluso después de iniciada la marcha, al parar en los semáforos, o mientras avanzaba a cierta velocidad por las calles.

 

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En una de esas calles, una mujer joven con un vestido blanco salpicado de flores de tonos verdes y azules se despide de manera tierna de un hombre alto, que viste vaqueros, camisa blanca y una chaqueta marrón. Sostiene en su mano derecha un maletín de cuero negro. No deja de mirar los ojos brillantes de la chica, de un azul profundo, enmarcados en una forma almendrada que la conceden una magia difícil de explicar.

Las manos de ella se posan en la cara de él, y le sonríe de manera nerviosa. Su pelo rubio, cae desde su parte derecha mientras la izquierda permanece recogida por una horquilla coronada por una mariquita con los ojos exageradamente grandes.

 

El abre la mano en la que sostiene el maletín y lo deja caer en el suelo, mientras con la otra mano atrae el cuerpo de la mujer contra si.

 

  • No quiero marcharme. –le dice mientras entrelaza los dedos de sus manos en la espalda de ella.
  • Yo tampoco –dice ella reposando sus manos en los hombros de él y alzándose levemente sobre las puntas de sus pies.
  • Volvamos a la cama entonces, creo que lo que tenemos que hacer es algo menos importante ¿no?
  • Pues seguramente tienes razón, nosotros tenemos mucho que celebrar. Pero tengo la sensación de que si no nos vamos a hacer lo que tenemos que hacer, en breve no tendremos con qué celebrarlo. Tu móvil no deja de sonar, debes tener por lo menos mil whatsapp. –ha dicho ella dejando escapar una contagiosa risa al tiempo que enseñaba sus blancos y alineados dientes.

 

El ha acercado sus labios a los de ella, y la ha besado cálidamente, deteniéndose en el momento, saboreando cada parte de los sensuales labios pintados de rojo intenso, dejando sentir el calor de su cuerpo en el pecho, abriendo bien las palmas de las manos y los dedos, ocupando la mayor parte de la espalda de la mujer que al sentirse protegida se entregaba a los besos con la misma intensidad, deslizando su mano izquierda por la nuca de él, y correspondiendo con la dulzura propia del enamoramiento, ajena por completo a todo lo que la rodeaba, en ese momento que la vida ya era un hecho por las calles de la ciudad.

 

Mientras en otra parte de la ciudad, el conductor trataba de aplacar los nervios con la música de una emisora de radio a todo volumen, sin dejar de mirar la pantalla de su teléfono móvil, reposado en un hueco al lado de la palanca de cambios.

El tráfico intenso le impedía avanzar con la rapidez que en ese momento necesitaba.

 

  • Más de diez mensajes y no me contesta, es que ni los lee, porque recibirlos los recibe, tiene dos aspas. Es que no lo entiendo, ¿qué se supone que está haciendo? ¿tan difícil es contestarme? –repetía a voces en el interior del coche, mientras luchaba con el sol en sus ojos por ver lo que contenía la pantalla del teléfono.

 

Esa cita era muy importante para cerrar el acuerdo comercial que le permitiera llegar a los objetivos planteados por la empresa para ese semestre. Sin duda, era un hecho, no sería difícil, tenían una gran amistad y ya lo habían comentado en más de una ocasión, pero aun y así tenía que llegar hasta su despacho y cumplir con la cita pactada.

 

Decidió salir de esa ratonera en la que se había convertido la carretera en la primera oportunidad. Si callejeaba seguro que llegaba mucho antes.

 

Ella se dejó caer levemente por las manos de él, cerrando los ojos, recordando los labios por su piel cálida la noche anterior, y el roce de sus pieles entre las sabanas.

No había una manera mejor de recibir la noticia. Ni en sueños hubiera imaginado una forma mejor. Mil escritores encerrados en una habitación pensando una manera única y especial, se hubieran quedado lejos de lo que había sentido.

 

Besó sus labios levemente y acarició su cara recién afeitada, despidiéndose hasta la tarde. El cogió su maletín del suelo, y avanzó levantando su mano en señal de despedida, mientras andaba lentamente de espaldas a su dirección, sin querer dejar de mirarla.

Ella, reía, y ponía su mano en la boca moviendo el dedo en el que portaba orgullosa la muestra de su amor, la señal de un compromiso sellado de manera eterna.

 

Él se dio la vuelta y prosiguió avanzando moviendo su cartera en el aire con gesto desenfadado. Ella le miraba y se volvía. El se volvía y la miraba.

 

Giró la esquina, y cogió su teléfono para comprobar lo que ella le había dicho. Una luz intermitente, le anunciaba la realidad de sus compromisos laborales.

 

Contestó con una sonrisa en la cara.

 

Ella le perdió de vista mientras él atendía a su móvil. Sintió vibrar el suyo en el bolso. Se giró para ver, ansiosa por ver en la pantalla un mensaje de él.

 

El conductor sintió como vibraba el maldito teléfono. Esperanzado en recibir buenas noticias, lo cogió con rapidez. Era él, al fin. Se dispuso a leerlo mientras giraba el volante hacia la izquierda para entrar en la calle que le dejaría justo en la entrada. El sol en la cara le hizo fruncir el ceño y cerrar los ojos en señal molesta. Levantó la única mano que agarraba el volante para acomodar la vista a la nueva situación.

De repente sintió un fuerte golpe en la parte delantera de su coche que le hizo frenar bruscamente.

 

Llegó al hospital. Se cambió con una sonrisa en la cara, dispuesto a recibir a su amigo y contarle la noticia. Hoy estaba dispuesto a cerrar el negocio, y que todo el mundo compartiera su felicidad.

 

Se precipitó hacía la puerta de urgencias pidiendo ayuda, con las manos ensangrentadas y el gesto descompuesto.

El vestido de flores verdes y azules colgaba de los laterales de sus brazos rasgado, y salpicado de manchas de sangre, mientras los brazos de su portadora caían sin vida bamboleados por la carrera de quien la llevaba a cuestas.

 

Alguien certificó lo que ya sabía. Y se derrumbó en aquella sala de espera, delante de la pantalla del fatídico móvil en la que aparecía un nuevo mensaje:

 

Gracias, gracias, gracias. No se como agradecerte haberme presentado a la mujer de mi vida, bueno igual si. Te espero en el despacho y lo celebramos. Siento no haberte contestado antes.

 

Sus ojos se enrojecieron, mientras en el suelo, brillaba una horquilla decorada con una mariquita, con unos ojos exageradamente grandes que le miraban atentamente.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
2 Comentarios
  • Erika Martin
    Publicado a las 19:31h, 15 Abril Responder

    Qué triste historia, J.C. Se producen tantos accidentes por ir mirando al móvil. No solo conductores sino peatones. Todos vamos despistados con el whatsapp u otras apps.Tendríamos que reflexionar todos más sobre las consecuencias de ir así por la vida. Un abrazo

    • Jose Carlos
      Publicado a las 16:58h, 18 Abril Responder

      Hola Erika. Muchas gracias por pasarte y comentar.
      Completamente de acuerdo contigo, creo que vamos tan ensimismados en nosotros mismos, y que vivimos de igual manera, volcados solo en nosotros, que al final, suceden las cosas que suceden. Incluso, se nos olvida vivir la vida y compartirla con quienes tenemos al lado.
      Un abrazo.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]