Radiografía de un amor en tiempos de guerra…Las preguntas

Las preguntas

(relato 2)

Mirando por la ventana en este momento. Casi puedo ver el mar. Las nubes pasan rápidas en un cielo azul intenso. Primeros rayos del sol. Desde el balcón de casa apenas puede escucharse ruido.

Tengo una vista privilegiada. Debo agradecérselo a mamá. Este piso es de su jefe. Le pedí el favor cuando regresé de Irak. No podía quedarme en casa después de tanto tiempo. Vivir sólo, vivir en conflictos armados. Intentar sacar la foto correcta. No había estado mucho tiempo, en contra siempre del criterio de mi padre por supuesto y la mirada seria de mi madre, sin decir nada, simplemente su mirada y el silencio porque sabía que en el fondo cogería mi petate y me iría.

No podía volver a casa, y mantener una discusión con mi “viejo” día si, día también. Esta opción era la más apetecible. Un tiempo en el norte. En el Gijón de la infancia, de los amigos, pero esta vez tenía la suerte de disponer para mí de un pequeño “pisito de soltero”. Un pisito con vistas al antiguo Banco de España de Gijón.

cortesia de www-elcomercio.es

Antiguo Banco de Gijón. Cortesia de www-elcomercio.es

Apoyado en la barandilla del balcón en este momento, podía contemplarlo. Es un edificio precioso. Ahora es la sede de otro Banco importante. Lo rehabilitaron hace poco por dentro. Me gusta este estilo arquitectónico, muchísima ostentación. Quizá el haber observado tanta destrucción y debacle en mi entorno, y tanta miseria y suciedad hace que, de alguna manera, mi mente esté más relajada con la visión de edificios como este.

Templetes, columnas, pilastras, tejados de pizarra, pináculos…no sé quién dijo no hace mucho que es un edificio muy al estilo francés. ¡No, miento! muy del estilo parisino, ¡eso es!.

Enfrascado en estos pensamientos, regreso al interior de casa. Veo las fotos de Gemma, llevo dos semanas sin poder hablar con ella. Pero la he visto en distintos sitios, sobre todo en Aliter Dulcia. Hoy es sábado, volveré a acercarme por allí. Se imparte curso de nuevo, y espero poder hablar con ella.

No sé por qué pero no puedo quitármela de la cabeza desde nuestro encuentro aquella tarde en la que su chocolate me encontró.

Curso de Tarta fondant con Paula Machin de Cream Bakery. Pero ¿que coño es eso? y sobre todo ¿para qué quiere una chica de 22 años aprender a hacer estas cosas?

No lo acabo de entender muy bien, pero si es la oportunidad que tengo para devolverla el libro y pasar unos minutos con ella, fantástico.

Ahora veo una de las fotos, esta es de ayer en la Galería. Está sería, con la cabeza apoyada en la palma de las manos y sus ojos vidriosos tras las gafas de pasta. Se que le ocurre algo, y me encantaría poder acercarme a ella en este momento para preguntarla qué le sucede, que me lo cuente, que juntos podamos encontrar la solución que parece perseguir.

Lo he intentado en dos ocasiones, y parece que nunca escucha cuando la llamo.

La primera ocasión, en el curso de flores dulces, Isabel, la dueña de Aliter Dulcia, me dijo que no había acudido al curso. Desde entonces parece que hemos hecho una cierta relación Isabel y yo.

Casi todas las tardes bajo a tomar el café y un pequeño dulce al establecimiento. Es coqueto, es agradable y sobe todo es tranquilo. El sabor del pasado se respira en cada esquina, y he “gastado” en él bastantes fotos de lo cotidiano.

Me gusta el resultado de la “vida normal”.

Pero lo que me importaba de esas incursiones en el establecimiento, era Gemma, y hasta ahora no había sido posible encontrarla allí. No entiendo como puede ser tan difícil, tengo su libro, solo quiero devolvérselo.

¿Sólo?

Diego, tu sabes perfectamente que no es sólo eso. Si no no habrías sacado la cámara tantas veces estas dos semanas. No tendrías el corcho con diferentes fotos de Gemma…con el mandil de Aliter haciendo dulces caseros, leyendo en el Parque de los Jardines de la Reina, mirando cuadros en la Galería Van Dyck, en la puerta de la farmacia, entrando en el Café Dindurra, paseando por el Paseo de Begoña, llorando en un banco justo detrás de la marquesina del autobús en la Plaza del Parchís, buscando en su bolsa de manera desesperada alguna cosa y llevándose ambas manos al pelo enredado en señal de desesperación.

Dejo de nuevo la foto en el corcho, pongo música. Me ayuda a pensar. Quien nos iba a decir hace unos pocos años, lo que se podía hacer con un móvil y un pequeño altavoz. Busco en la selección de mi playlist. Manolo García, ¡qué grande! pero hoy nos vamos a remontar un poco más, El último de la fila y… que suene lo que quiera. En breves segundos suena “¿Quien eres tú?”.

– ¡Qué pedazo de disco madre mia!

Se me escapa en voz alta mientras no dejo de pensar que vivo en mitad de una banda sonora, o que algún ser superior está eligiendo la misma con un cuidadoso esmero. Esta pertenece al disco “Nuevas Mezclas” del año 1987…

“…te recogí al anochecer ¿quien eres tu? todo es tan raro…”

Y luego el loco soy yo, pero todo parece profético.

Una mirada a la mesa del salón. El libro de Gemma encima del cristal: “Radiografía de un amor en tiempos de guerra“. Lo cojo y salgo de nuevo al balcón, una mirada a la calle y aspiro el aroma del mar.

Calle Moros empieza a tener vida, Munuza se despierta. Se ilumina aún más el edificio del Banco de Gijón y ahora suena en el interior de casa “Sucedió en la Antigüedad”.

Cierro detrás de mí la puerta del balcón, cojo la chaqueta y el libro de encima de la mesa. Hoy va a ser el día. Sonrío. ¿Por qué sonrío? Si no la conozco, parezco estúpido.

Me choco con el quicio de la puerta al salir. Me duelo del hombro izquierdo.

Cierro la puerta detrás mío de un golpe, comienza de nuevo otra canción en el movil, los cascos en las orejas…”Sin llaves” gran canción. Me paro un segundo, la puerta a la espalda antes de bajar por las escaleras, levanto la cabeza al techo, palpo los bolsillos de los vaqueros, y de la chaqueta…derecho, izquierdo, ¡seré gilipollas! me he dejado las llaves dentro de casa ¡cojonudo! tengo que volver a pasar por casa de Bernarda para pedirle la copia.

-¡Buenos días Isabel! ¿Me pones uno doble sólo por favor y un trocito de bizcocho? -tres semanas acudiendo por el establecimiento ya habían marcado de alguna manera un hábito, el café por la mañana, sólo y humeando. Cómo he echado de menos el café cuando he estado fuera. Parece que nadie sabe preparar un café sin tanta agua.

– ¡Buenos días Diego! ¿Qué? ¿Lo volvemos a intentar hoy?

-Siempre-Se lo digo con una sonrisa en la boca y señalándole el libro que he depositado en la barra de manera cuidadosa para que no se manche.

Al coger el libro reparo en una cosa. Tiene las etiquetas de referencia de la Biblioteca Jovellanos, no está lejos de aquí. Quizá por eso lloraba el otro día sentada en el banco de la Plaza del Parchís, porque había caído en la cuenta de que la sancionarían si no lo entregaba a tiempo.

Plaza del Instituto

Plaza del Instituto (El Parchís)

Diez minutos de café. Aún no ha aparecido Gemma, casi todo el grupo ya está en la parte posterior del establecimiento donde se celebran los cursos, con sus respectivos mandiles de Aliter Dulcia. Es curioso pero he reparado que cada uno de ellos es distinto, y llevas frases de motivación diferentes escritas en la parte delantera del mismo. Me resulta curioso. Sonrío.

En este momento suena de una manera agradable Haven’t met you yet de Michael Bublé. Termino el trozo de bizcocho, y no puedo dejar de sentirme esperanzado al compás de esta canción. En ese momento se abre la puerta del establecimiento y como un huracán penetra en su interior Gemma corriendo, las gafas descolocadas, un bolso de asas grandes en el hombro derecho y prácticamente quitándose el abrigo azul de paño según entraba, gorra francesa de color rojo bastante descolorada en la cabeza por el ímpetu supongo de la acción…

– Llego tarde, llego tarde lo sé Isa, no me regañes, ya me pongo… ya me pongo…

No puedo evitar sonreír.

-¿Siempre eres así? ¿Vives acelerada no?

-¡Diegooooo!-Ha alargado la última letra de mi nombre, pero eso no me parece lo más sorprendente, sino que sepa mi nombre después de dos semanas en las que prácticamente ha ignorado mi presencia en todo momento, cada vez que he intentado acercarme a ella.Lleva un jersey de lana de ochos de color crudo, y por encima del cuello redondo se puede ver el cuello de una camisa blanca, al igual que por debajo del mismo dando pié a los picos de la camisa y a un pantalón corto vaquero ajustado a sus caderas. Medias, de colegiala, un poco por encima de las rodillas, de color rojo intenso como su gorra y unas botas de caña estilo militar con la parte superior de las mismas sin abrochar.- Siempre vivo así, unos dicen acelerada, yo digo que vivo de manera intensa, quizá son formas de ver la vida, algo distintas. Voy para dentro, que me pierdo la clase, pero ¿luego estarás aquí verdad? tenemos que tomar un café de manera tranquila.

-Eso, me parece difícil-la miro a los ojos y río- aunque bueno creo que esta vez sí que podemos tener unos momentos de tranquilidad- lo digo enseñándole el libro en mi mano derecha.

Un gesto de sorpresa en su cara y la mano izquierda en la boca. Su cara lo dice todo. Debe ser muy importante para ella.

-Lo tenias tú. ¿sabes cuanto tiempo llevo buscando este libro?

-Pues imagino que justo el tiempo que lo tengo yo. Lo dejaste olvidado el día que estuvimos tomando el chocolate que me tiraste por encima ¿recuerdas? -lo digo divertido y riendo, no hay reproche, todo lo contrario-

-Sí, bueno. Te darás cuenta de que a veces olvido algunas cosillas, ja ja. Muchas gracias, es muy importante para mí -y se avanza sobre mí cogiendo el libro y dándome un sonoro beso en la mejilla izquierda- eres un solete!

-Se te debió caer al suelo, y cuando pude darme cuenta, habías desaparecido en la calle, buenas piernas para correr ¿eh? Al fijarme que tenía las identificaciones de la biblioteca he pensado que podrían decirte algo si no lo devolvías. He intentado dejártelo también en alguna que otra ocasión en estas dos semanas, pero debo haber desarrollado para contigo un extraño “súper poder” de invisibilidad que me hace desaparecer en ciertos momentos para ti. Porque muchas chicas a lo largo de mi vida se han comportado conmigo efectivamente como si fuera invisible, pero no con tanta efectividad como lo has hecho tú.-comienzo a reír, noto que me mira muy fijamente, y el gesto de su cara cambia tornando a serio por unos instantes-

-Bueno Diego, tengo que dejarte, no se por qué me dices esto de lo invisible, porque no te he vuelto a ver, pero da igual, muchas gracias por lo del libro, de verdad, no puedes llegar a comprender lo importante que es para mí.

Ha dado la vuelta, se ha quitado la boina francesa y ha movido la cabeza dejando caer su pelo de una manera mucho más intensa sobre sus hombros, como un destello de sol dentro del establecimiento. Se ha puesto su mandil. El suyo aparte del nombre del establecimiento, lleva una pequeña leyenda “Sigue intentandolo, no te rindas nunca“, me ha parecido curioso para estar en una cocina.

Pido permiso a Isabel, y a la responsable de la clase para hacer unas fotos, la excusa es que después les dejaré ver las realizadas para que las puedan utilizar en sus paginas web. Acceden, al igual que todos los participantes, incluida Gemma. Me sonríe. La cámara se enamora de ella. ¿O no es la cámara? Me mira ahora con una pequeña mancha de masa en la nariz y las manos manchadas. Sonrie de nuevo, ahora sí sonríe, y pone los dedos en garras, como si de un animal peligroso se tratara.

Dejo de hacer fotos y regreso de nuevo a mi lugar, el curso terminará en breve.

– Diego, ten cuidado con Gemma, por favor.

-¿A qué te refieres, Isabel? No te entiendo.

-Gemma es una niña muy especial. Y bueno…yo la quiero mucho, no me gustaría que sufriera por nada.

-Es que yo no quiero tampoco que sufra por nada. Sólo quiero tomar un café y devolverla el libro. Nada más.

-Diego, tengo algún año más que tú, y no conozco a nadie aún que busque a una persona de esta manera durante casi tres semanas, para tomar un café y devolver un libro, si no quiere nada más. No te conozco pero pareces un chico majo. Gemma, tiene…digamos algunas dificultades para relacionarse con las personas con normalidad.

-No te entiendo de verdad. Sé directa, no me des vueltas a las cosas, si quieres decirme algo, dímelo.

-Que Gemma está…-en ese momento llega Gemma por detrás y avanza su barbilla por encima de mi hombro. Isabel se calla-

-¿Qué conspirais aquí los dos tan en bajito?-lo desliza en el ambiente como un susurro-

-Nada -le digo- estábamos hablando de las fotos que quiere que le envíe para poner en la web. Sales en todas feísima, madre mía, no he visto una modelo peor- y comenzamos a reír los tres-

-Ven conmigo, corre – me coge la mano- Isabel nos vamos, ya nos vemos, adiooooos-alarga el sonido de su despedida, y hecha a correr hacia la puerta tirando de mi.

-Gemma, ¿donde me llevas?

-Lo primero a la biblioteca a renovar el periodo del libro, rogando porque seguro que me lo quitan, y lo necesito para mi tesis. Y lo segundo a un sitio que te va a encantar. Ya verás.

Después de pelear en la biblioteca, y de utilizar todo su encanto, y alguna foto por mi parte a la bibliotecaria para arrancarle una sonrisa, consigue renovar el tiempo de tenencia del libro.

De nuevo a la carrera, esta chica no sabe hacer las cosas andando. No corría tanto desde que tenía que salir de zona “caliente” para hacer una foto y teníamos noticia de movimiento.

Calle Begoña… Paseo de Begoña, varias familias en la calle paseando a estas horas, buscando el refugio de unas horas de sol agradecidas en estos momentos. Bullicio agradable, diversión.

Cuando quiero darme cuenta estamos parados justo delante de la puerta del Café Dindurra. Han hablado que quieren cerrarlo, pero es cierto que siempre se ha dicho que es un emblema en la ciudad de Gijón. Un pasado cuajado de visitas de ilustres literatos y personas de la sociedad burguesa de Gijon. Un café ligado al teatro Jovellanos, antiguo teatro Dindurra, y más de un siglo en sus muros contemplando con miles de historias que contar a quien se quiera tomar un café en su interior y simplemente observar y callar.

café dindurra y teatro jovellanos

Café Dindurra y Teatro Jovellanos

– ¿Por qué es este libro tan importante Gemma?

-Para mi tesis ya te lo he dicho antes

-Ya sí, pero antes le has dicho a la mujer de la biblioteca, que era de vital importancia para tí y para tu familia que terminaras una cosa y que sin este libro no podías hacerlo.

– Bueno, te lo cuento dentro del café ¿de acuerdo?

Y me guiña un ojo, me vuelve a coger la mano, y ¡como no!, corriendo vuelve a llevarme hacia el interior del café. ¿ Qué tendrá este libro? Lo he tenido unos días..también podía haberlo leído aunque fuera por encima para no hacer tantas preguntas ahora…

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
3 Comentarios
  • Brújula para amantes distanciados | EscriViviendo
    Publicado a las 10:01h, 16 Marzo Responder

    […] para amantes distanciados Radiografía de un amor en tiempos de guerra…Las preguntas Radiografía de una historia de amor en tiempos de guerra…Primer encuentro ¿Te […]

  • tamara
    Publicado a las 14:12h, 15 Abril Responder

    dos interesantes relatos, llenos de matices, de olores, de sentimientos que todos hemos tenido alguna vez en la vida, la juventud, la prisa, la ilusión y la intriga del que pasará con estos dos potenciales amantes? gracias y mi más sincera enhorabuena

    • Jose Carlos
      Publicado a las 15:33h, 15 Abril Responder

      Gracias por tus palabras Támara.
      Gijon es una ciudad llena de matices, escondida para algunos, y para otros no tanto, oculta por su vecina Oviedo pero que pienso que da mucho juego. Trasladar la acción contar lo que sucederá y sumir al lector en la escena como si la estuviera contemplando en primera persona a través de un espejo son mis grandes anhelos a la hora de escribir. Dar vida a Diego y Gemma y que puedan formar parte de la vuestra que les leéis. A través de eso, narrar hechos y situaciones que pienso sin duda os serán de gran interés.

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]