Radiografía de un amor en tiempos de guerra…Primer encuentro

Primer Encuentro

(relato 1)

Se ha puesto a llover como si no hubiera un mañana.

En esta ciudad la verdad, la lluvia es compañera de viaje de manera incansable. Las he vivido de diferentes formas y colores.

En esta ocasión no es calabobos, es agua a conciencia, y el frío, se cuela de manera irremediable en los huesos, y sobre todo por mis pies. Odio esta sensación, porque ya me costará una barbaridad deshacerme del frío en el cuerpo.

He recogido el equipo, bolsa al hombro derecho, cámara en mano, bajo la chaqueta a modo de paraguas más bien y…¡a correr!. Creo que las fotos de hoy se venderán bien. El temporal de este año, está haciendo estragos. Hasta que se ha ido definitivamente la luz, he podido recoger como el mar golpeaba con fuerza el muro de la playa y se llevaba arrastrando a sus confines infinitos parte de las construcciones del paseo.

Es una tónica habitual de este año en el Norte de España, pero en Gijón aún no habíamos visto este tipo de cosas.

Sigo corriendo tratando de llegar a algún lugar donde resguardarme del frío, y del agua. No hay un alma por la calle. ¡Lógico! ¿quien se va a mover con este tiempo?

Calle Cabrales atrás, paso el Restaurante Dos 40. Cerrado, ¡vaya!.

La cafetería El Convento, cerrada.

Se me están mojando las manos y con ello el equipo. El vaho de mi boca reconoce un frío que necesita ser reconstituido, donde sea pero a la mayor brevedad posible. Al fondo de la calle veo luz, a la izquierda, un local se presenta como tabla de salvación. Así, puedo sentarme un segundo a examinar el material de hoy.

Llevo sin vender una foto más de un mes. Como no espabile tendré que volver de nuevo a casa con mis padres. Y con sinceridad, no es mi pensamiento.

Paso al interior del local, tiene mucha luz, estética retro. Es una dulcería. ¡Vaya por dios, no voy a poder tomar nada! Lo único abierto en el centro de Gijon a estas horas ¿es una pastelería?

Aliter Dulcia, me he fijado antes de entrar por las puertas de cristal al local.

Un pequeño grito al entrar a modo de deshaogo por la carrera dada, y para recuperar el aliento de todos estos pensamientos que me venían a la cabeza. La mayor parte del local se gira para mirar quien ha sido el dueño de semejante sonido, y ahí me veo en la entrada, siendo objeto de la mirada del 90% de la concurrencia a la pastelería en la que pretendo calentarme.

Me fijo en las mesas, todas de madera, las patas blancas. Consumiciones encima de las mismas. ¡Vaya, si que voy a poder tomar algo al final!. Las sillas blancas, me recuerdan a aquellas tipo tonet que había en las casas bien, hace muchos años.

El suelo es de madera en bruto, sin barnizar, como las sidrerías de antaño, que apenas podías vislumbrar con exactitud que tipo de suelo tenían por el serrín esparcido en el suelo, para no mancharlo al escanciar la sidra.

La barra es alta. En el frente varias bandejas de cristal, con dulces caseros de distintos tipos, tienen una pinta fantástica. Muy apetecible. Desde esta mañana, no he probado bocado, no me ha dado tiempo, así que me parece que le voy a dar una alegría a mi estomago.

Tartas de chocolate, bizcocho relleno, dulces caseros…

Una columna en el medio, madera en la parte inferior de la misma y papel liso claro en la parte superior conceden al lugar muchísima luz, el resto de la barra continua hacia el final de la pared, y la camarera se mueve con libertad dentro de la misma, y fuera atendiendo a su clientela de una manera muy amable. Cuatro lámparas blancas, con muchas tulipas cuelgan del techo justo encima de la barra. Me recuerdan a las flores que llaman, no lo recuerdo….¡Ah si, campanillas!, por lo menos en mi casa las llaman así. Dos arcos de medio punto a mi derecha se abren a modo de hornacinas, sirviendo de aparadores para la vajilla necesaria, decorado con tonos rojos, un contraste fantástico con el resto del local.

Paredes lisas, estética, retro, papel pintado…la verdad es que me están dando ganas de sacar la cámara y hacer una foto, podría titularse “Momentos agradables con tintes de pasado”. Igual se lo comento a Isabel, la chica que me atiende.

Lo se porque ya la han llamado de las mesas cuatro veces en el tiempo que llevo desde que he entrado.

– Un chocolate por favor. Calentito. Y si eres tan amable, un pedacito de ese bizcocho que tienes por aquí.

– ¿El de limón?

– No se, este que tienes aquí.- he dicho, sonriendo mi ignorancia repostera-¿es de limón?

– Si- ha alargado la i al final, con un tono de condescendencia dulce-

Recojo la bolsa del suelo, la taza de chocolate humeante, con la que he podido recuperar parte de la temperatura perdida anteriormente y voy a intentar sentarme en un lugar donde comer tranquilo el bizcocho y repasar las fotos. He dejado el plato del bizcocho encima de la barra, ahora vuelvo a por él. Isabel me ha dicho que no me preocupara, ella me lo acercaría.

El local no es muy grande. Al fondo, un pequeño sofa con varios cojines, parecen muy mullidos, y dos mesas. Es lo único que queda libre.

No me parece muy correcto ocupar una mesa tan grande una sola persona, pero no hay  más sin ocupar.

A mi espalda, un pequeño muro blanco hace de respaldo, encima una celosía de madera con formas geométricas divida la sala en dos ambientes. A la espalda, al fondo del local, más mesas con sillas bajas.

Música en el ambiente, muy de fondo. Muy agradable… parece Harry Connick Jr, con First time ever I saw your face.

Voy por el bizcocho. ¡Vaya!, ¡la cartera! así pago ya, y no espero a terminar. Me giro a buscarla en el bolsillo del abrigo que he dejado con mis cosas en la mesa. Me doy cuenta al tocar el bolsillo trasero de mis pantalones que la tengo ahí. Giro de nuevo y de repente…un liquido espeso sobre mi camiseta. Chocolate encima sin haberlo catado por dentro. Brazos abiertos, buscando el origen de la situación.

Ya si que he cogido temperatura, mira, no hay mal que por bien no venga.

– Lo siento, de veras, disculpame, no te he visto.

-Es un consuelo, hubiera pensado que tienes algo contra mí si, aun habiéndome visto, me lo hubieras arrojado encima.

No había levantado la vista aún. Al hacerlo me encontré con una chica, de no más de 22 años tras unas gafas de pasta, completamente apurada por el hecho. Cogiendo servilletas una tras otra, tratando de ayudarme a limpiar el desaguisado que se había provocado.

Pelo revuelto, pantalones vaqueros azules ajustados, y un jersey rosa por debajo de la cintura, muy al estilo de la estética de los 80, ocultando su figura y apuntando unos pechos tiernos y llenos de vida. Cuello emergente, flanqueado por los bucles que le hacia su pelo, que quizá por el nerviosismo de la situación no dejaba de mover hacia un lado y otro de la cabeza.

Prácticamente sin pintar, y solo un poco de color en los labios. Los ojos oscuros concedían la sinceridad de su gesto, buscando ayuda en Isabel, para poder solucionar rápidamente el hecho. Sobre la barra multitud de libros.

– Me siento muy mal, por favor, deja que te invite a lo que tomas al menos.

-No de verdad, no pasa nada, son cosas que pasan, no me he dado cuenta de que estabas pidiendo en la barra, y me he dado la vuelta y..bueno son circunstancias, me podría haber pasado a mí, no te preocupes. Desde luego, con este frío, hasta casi que se agradece.

Reimos la gracia los dos. Al menos se relaja un poco el ambiente.

-Insisto, de verdad.

-De acuerdo, pero con la condición de que nos lo tomemos juntos. Al parecer también te gusta el chocolate, como a mí.

-Me parece justo.

google imágenes

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Isabel se acercó a nosotros con un cubo y una fregona.

– Chicos, sentaos en la mesa por favor, no os preocupeis, yo os sirvo ahora lo que queráis. No vaya a ser que me liéis otra todavía -El tono no sonaba a reproche, sino más bien divertido, como tratando de quitar hierro al asunto, y desde luego lo conseguía.

– Me llamo Diego- dije mientras me sentaba en el sillón y le tendía la mano-

– Yo Gemma, como la Mengual, esta de la sincronizada -y se avanza sobre mí obviando la mano, dándome dos sonoros besos en la mejilla-

Es como un torbellino. Está llena de vitalidad. En el tiempo que hemos estado tomando el chocolate, me ha hablado de lo que hace, de donde vive, de por qué está aquí. No tiene reservas, no pone limites, no esconde nada, es completamente transparente.

Estudía arte. Al parecer por la zona hay varias galerías y estudios de antigüedades, como Van Dyck, o Tioda, y esta haciendo un trabajo para una de las clases. Está terminando la carrera y quiere ser escritora.

Desde luego ideas no la faltan.

Yo escucho, escucho, y no puedo evitar sonreír cada vez que habla, tan llena de vida, gesticulando sin parar. Moviendo su pelo, apartando de las gafas y quitando de su ángulo de visión. No se qué me sucede, pero ahora no puedo sacar el calor que el chocolate me trajo, de encima de mi cuerpo. Se ha instalado en mí, como antes de entrar en este local, antes de toparme afortunadamente con el infortunio en nombre de mujer, tenía instalado el frío.

– Eres fotografo -Lo dijo en alto, y llamando la atención del resto del local-

-Por un momento me has hecho sentir casi como si fuera un delincuente.

-No, todo lo contrario, ¡me encanta!. ¿Por qué no me enseñas algo de lo que haces?

– Precisamente he estado en el mar antes y venía a ver que he podido sacar, si quieres podemos examinarlas juntos. Ven siéntate aquí.

– Vale- se ha sentado a mi lado, y he podido percibir su perfume, penetrante, dulce, juvenil…

No habíamos ni empezado a pasar las fotos, debíamos estar en la tercera de la serie y se ha levantado de un salto del sillón.

– Dios mio, ¿qué hora es?

– Las 21 horas ¿por?

-Me matan, me matan en casa…se me ha pasado el tiempo volando dios mío, y no he comprado lo que me han pedido, esta noche no cenamos, perdona Diego tengo que marcharme.

Lo ha dicho mientras daba un salto y casí salía corriendo del local, recogiendo los libros de la mesa, y haciendo sonar los platos que quedaban con los restos de los bizcochos que acabábamos de consumir.

-Pero Gemma…

-De verdad, ha sido fantástico, pero me tengo que marchar corriendo. Isa, me voy, nos vemos mañana…dile a Marta que no puedo venir a clase el sábado por favor, tengo una salida.

Se tiro encima mio pasando los brazos por mi cuello, y dándome un abrazo, y sendos besos sonoros como los que me dio cuando nos presentamos. Agarró la chaqueta que tenía sobre una de las sillas y prácticamente salió corriendo.

Me quedé igual de sorprendido que al comienzo de toda esta escena. De pié, sin saber muy bien, cómo había sucedido todo, y el poso de realidad del hecho. Gemma salía corriendo por la puerta de cristal. Ya no llovía.

Cuando no había hecho más que cerrarse la puerta, me percaté que uno de los libros se había quedado olvidado en el suelo. Lo cogí y salí corriendo a la calle, con la esperanza de encontrarla y devolverlo.

imágenes google imágenes

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Ni rastro de Gemma.

Miré el libro. Un tanto antiguo. Tapas duras. Encuadernación de lujo pero muy maltratado por el tiempo. Tenía las referencias de una biblioteca, si no se lo devolvía iba a tener problemas. Su titulo, Radiografía de una historia de amor en tiempos de guerra.

¿Pero quien lee este tipo de libros en estos tiempos? ¿Qué clase de persona?

Bueno el tipo de persona soñadora, idealista y atrevida que es Gemma. Ahora me extraña un poco menos.

Le había dicho a Isabel, que no podría venir a clase el sábado…era un buen dato para comenzar. Le preguntaré a Isabel.

Sonrisa en la cara, libro al pecho, en el ambiente, de fondo, suena Fever, de Peggy Lee. Muy apropiado.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
6 Comentarios
  • Carol
    Publicado a las 11:35h, 22 Febrero Responder

    Es un relato que promete algo muy emocionante.
    La ambientación es muy buena, casi se puede palpar lo que cuentas.
    Una vez más te has superado José Carlos. Enhorabuena!

    • Jose Carlos
      Publicado a las 17:06h, 22 Febrero Responder

      Muchas gracias Carol por pasarte de nuevo por esta humilde morada y comentar.
      Como siempre agradecido y abrumado por tus palabras. He pretendido que sea una historia muy de radio, muy actual, y al tiempo, que permita al lector aferrarse con fuerza a unos personajes que darán mucho juego.

  • Soraya
    Publicado a las 19:43h, 22 Febrero Responder

    Es un relato fantástico. Me gusta porque me hace esperar mas y cuando leo me gusta esa sensación. Me engancho al tren de relatos XD.

    • Jose Carlos
      Publicado a las 08:53h, 23 Febrero Responder

      Muchas gracias Soraya, y bienvenida a esta casa de historias. Me gusta que hayas tenido esa sensación tan positiva con Gemma y Diego, espero que los siguientes también colmen tus expectativas.
      Un saludo y muchas gracias por comentar.

  • Patricia
    Publicado a las 09:36h, 26 Febrero Responder

    Un relato evocador, descriptivo y totalmente inspirador. Esconderá el libro algo más que una sencilla historia de amor?. Me he quedado con ganas de saber más…

    • Jose Carlos
      Publicado a las 17:33h, 26 Febrero Responder

      Gracias por entrar y comentar Patricia.
      Esta es la idea, generar preguntas en vosotros, que podáis interactuar con los personajes que aparecen en estos relatos, y que podáis de alguna manera hacer propias sus historias, puesto que en el fondo, todos tenemos nuestras propias historias, muy parecidas, algunos incluso en este lugar que se narra.
      Me gusta que te quedes con ganas de más, porque sin duda habrá más…
      Un saludo

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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]