SUSSIE, DESEO, SOBERBIA Y LECCIONES DE VIDA (CONTINUACION)

www.theelegantpussy.blogspot.com.es

www.theelegantpussy.blogspot.com.es

Nos dirigimos de manera cuidadosa al final de la habitación. No había reparado al entrar en la decoración de la misma, muy oriental, al estilo de los cuentos de las Mil y una noches.

Sussie se llevó un dedo a los labios, e hizo una señal para que no hiciese ruido, metió su mano detrás del marco de color dorado del espejo del fondo. Un pequeño sonido indicó que un resorte saltaba y en ese momento el marco cedió hacia nuestra posición.

Sussie tiró del marco un poco más y un pequeño y lúgubre pasadizo se presentó ante nosotros.

  • Este es el pasillo del que le hablado antes. Desde el que se controla lo que pasa en todas las habitaciones. Si alguien nos descubre aquí –hizo una pausa y entornó los ojos levemente mientras cerraba su bata y cruzaba los brazos sobre su pecho- bueno creo que entiende perfectamente lo que sucedería si alguien nos encontrara aquí dentro. No tenemos mucho tiempo, así que rápido.
  • De acuerdo, después de usted.

Entramos en el mismo y giramos a la derecha dejando levemente abierta la puerta del espejo. Una pequeña luz penetraba en el corredor. De las paredes colgaban unos pequeños quinqués con una tímida llama separados a una prudencial distancia unos de otros. Aun así, era dificultoso poder verse los pies y no tropezar. Sussie abría camino y con mi mano en su hombro la seguía procurando que nuestras pisadas no hicieran crujir demasiado el suelo delatando nuestra posición.

A dos escasos pasos de la habitación que habíamos dejado ya se escuchaban sonidos de las habitaciones anejas. Gemidos y algún que otro jadeo de quienes estaban disfrutando de los placeres que ofrecían las profesionales de El Trébol.

Sussie detuvo su paso y volvió a llevarse la mano a la boca pidiendo silencio. Su mano derecha se alzó a la pared y deslizo un pequeño pasador que concedió dos pequeños haces de luz. Los pequeños agujeros servían para poner los ojos y dar entrada discreta a lo que ocurría en el interior de la habitación.

Tras comprobar ella misma lo que estaba sucediendo, me invitó a que pudiera comprobarlo yo mismo. Miré a sus ojos, y me preparé para ver la escena.

La habitación estaba decorada con la temática de Roma. Era como si de repente nos hubiéramos trasladado a una villa romana. No le faltaba ningún tipo de detalle, incluida una pequeña pileta a modo de baños.

En su interior un hombre era agasajado por tres mujeres distintas que le daban de comer en el interior de la pileta. Una cuarta, completamente desnuda, con el pelo recogido con una flor blanca en su sien izquierda se llegaba con una jarra en las manos. Se arrodilló delante del hombre que al ser avisado giró la cara y agarrando uno de los pechos de la que le ejercía de sirvienta en ese momento abrió la boca solícito para permitir que aquella volcase el contenido de la jarra en el interior de su boca.

No tenía ni la más remota idea de lo que había en la jarra hasta que el contenido comenzó a derramarse encima del pecho del sujeto delatando por su color, que se trataba de vino.

Con las mismas, se acercó a las otras que tenía delante y ofreció su boca para ir dejando caer parte del liquido en los labios de aquellas que le agasajaban con todo tipo de caricias y besos.

Aparté la vista unos segundos de la escena y miré a Sussie.

  • ¿De quién se trata?
  • Es el alcalde. Siempre pide lo mismo, le encanta sentirse como un emperador romano. Lo suyo es montar fiestas con varias chicas, a veces no sólo chicas, depende de lo que esa semana tenga en la cabeza. Duncan, accede a todo lo que pide, no le pone ningún reparo porque con ello puede conseguir lo que le place en la ciudad, y cualquier multa o altercado es solucionado prácticamente al momento –contestó de forma lacónica.
  • ¡Vaya con el señor alcalde! ¿Imagino que su familia conoce perfectamente sus delirios de grandeza, me equivoco? –pregunté con intención.
  • Si, claro, por supuesto. Todos nuestros clientes suelen advertir a sus perfectas esposas antes de salir de casa a lo que vienen, y al tipo de perversiones a las que nos someten, para que queden tranquilas y duerman plácidamente mientras ellos disfrutan.
  • No esperaba menos –y sonriendo volví a asomarme a los pequeños orificios un momento más.

Al volver a poner mis ojos en los pequeños agujeros de la pared, el alcalde con su grasiento cuerpo completamente cubierto por el vino, había ordenado sin mucho aspaviento a una de las chicas que le hiciera llegar su corona de laurel. La puso sobre su cabeza, y con aire triunfador perdiendo su mirada en el fondo de la habitación y puesto de pie, alargó las manos sobre las cabezas de dos de las chicas que aun arrodilladas, seguían pasando sus manos arriba y abajo por las piernas blancas del alcalde.

En un gesto leve, casi descuidado, las acercó a su sexo, erecto, no demasiado grande. Su barriga le impedía con casi total seguridad conocer desde hace tiempo como era, y salvo el tacto de sus manos al tiempo de tener que ir a orinar, no tendría mas noticia del mismo salvo por ocasiones como estas en las que las chicas le dedicaban todo tipo de piropos, por supuesto, destinados al ego del político, más que a la descripción de la realidad.

Allí de pié, las otras dos mujeres que miraban la escena en un prudencial segundo plano, acudieron al gesto de los dedos de la mano izquierda del rechoncho e impostado emperador. Con una sonrisa en la cara, y haciendo muecas de cuando en cuando ante el trabajo profesional que sus bajos recibían, pasó un brazo por detrás de las cinturas de las otras dos y beso los labios de ambas. Solicitó que fueran ellas las que le besaran a la vez y le dedicaran caricias, y en un momento determinado las instó para que se besasen ante sus ojos viciosos.

He de reconocer que la escena me estaba excitando a mí también. No tenía claro si por el contenido de la escena, o por sentirme poderoso desde el escondite que proporcionaba la seguridad, de ver sin ser visto, las perversiones del dignatario.

La mujer de la flor en la sien, hizo un gesto de disgusto ante la posibilidad de besar a la otra, menos agraciada de rostro, aunque generosa de formas.

La sonrisa se hizo más presente en el rostro del alcalde, llegando a proferir una sonora carcajada, poniendo su mano en la nuca de aquella, ayudando a eliminar los reparos que pudieran quedarle a la mujer, disfrutando con ello de un largo y mantenido beso de ambas meretrices, al tiempo que ponía sus manos en el culo de ambas.

Sussie llamó mi atención, y con un leve gesto de cabeza me instó a que continuáramos el camino.

CONTINUARÁ…

google images

google images

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
1Comentario

Publicar un comentario

¿QUIERES SOÑAR ENTRE HISTORIAS?
Suscríbete a mi blog y cada día viviras un mundo de emociones excitantes diseñadas para ti.
Su datos nunca seran compartidos con terceras partes.

Diez detalles más que os ayudarán a conocerme mejor:

[vc_row row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern" css_animation=""][vc_column]

Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]