Cuadernos de viaje de Sir Charles Barnaby Noland: Un gran amor imposible.

En virtud de la gran acogida que ha tenido entre todos vosotros las aventuras de Sir Charles Barnaby Noland, ha decidido volver a estas páginas con una de sus aventuras. Después de una breve aparición, que estoy seguro que no será la última, por la casa de www.madisonplay.com, regresa de nuevo a su casa. En este caso es un encuentro con el que será el gran amor imposible de Sir Charles, Anna.

La escena se desarrolla en el salón de la casa de ella, mientras bailan después de una cena regada con fantásticos caldos.

Os dejo con ellos…Bajad las luces, servid un buen vino…y disfrutad!

photopin.com

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…No podía apartar la vista de tus intensos y sensualmente juveniles labios, hasta que la desaforada pasión de mi interior me desbordó para estrellarse en ellos con fruición tras uno de los múltiples giros realizados por el baile.

Sus brazos trataron de impedirlo sobre mis hombros y reporté  mi indecorosa actitud, aunque al tiempo que separaba mis labios de los suyos y me incorporaba buscando una disculpa a mi comportamiento. La grácil y cuidada mano voló sobre mi cara para reprocharlo sin darme tiempo a hacerlo, a la vez que sus ojos se clavaban entre fieros y melosos en los mios.

No supe articular palabra ante tal situación, la estupefacción era mucha y sin decir nada dio media vuelta en dirección a la cristalera rogándome que me marchara.

No se por qué, de nuevo sin dar tiempo, alargué mi zancada en su dirección y al tiempo alcancé su brazo y de un golpe suave la atraje hasta mí estrechándola contra mi pecho repitiendo una y otra vez lo hermosa que era y lo profundamente enamorado que siempre había estado de ella, perdiendo los rancios modales que mi familia me había procurado.

Notaba como su corazón se aceleraba y sentí como su escote acompasaba el movimiento acelerado también de cada latido. No dejé de decirla cuanto en mi interior se había ocultado todo este tiempo y en el mismo instante en que sus ojos se entornaron, volví a fundirme con sus labios en un apasionado beso.

Me dejé llevar también por el dulce perfume francés que se impregnaba en aquella piel de seda. Quise saborearlo deslizando mis labios por su cuello y por sus hombros, al tiempo que el placer se hacia presa en ella con mis besos, la lujuria en mí anidaba con aquellos suspiros satisfechos.

La perfecta simetría de su peinado se vio interrumpida por mis manos, que liberaron la salvaje melena sobre los hombros, y sus manos ávidas buscaron la piel entre mis ropas sin sutileza alguna, mientras seguíamos besándonos.

La organza del vestido blanco inmaculado cayó por la madera enrojecida en el instante que te levantaba con mis manos por las caderas y caíamos sobre el sillón de piel que parecía esperarnos. Mis ropas habían desaparecido del cuerpo, y sobre Anna, tan sólo se encontraba el encaje de su combinación que acababa en un ajustado corsé alzando sus sabrosos pechos en dos altares divinos.

Me apresuré a liberarla de ello mientras abandonaba mi entendimiento al placer. Su cuerpo se encontraba de rodillas sobre mí en ese sillón y mis manos exploraban cada rincón de su cuerpo y se perdían por el pelo entre su boca y la nuca. Los pechos voluptuosos, generosas manzanas tempranas, daban paso a unos coquetos y sonrosados pezones que al paso de mi tacto se hacían aún más erectos y provocaban el gemido en su entrecortada voz.

La desbordante pasión refrenada por los años se liberó, desatándose sobre mí, y sus besos empezaron a posarse en mi cuello para poco a poco ir enredándose en el escaso bello de mi pecho, con el que jugaron sus dedos al tiempo que su lengua hacia que se endureciesen mis peciolos.

Mis manos seguían explorando su blanca suavidad y con la punta de los dedos subía y bajaba por la espalda mientras ella, continuaba dirigiendo su lengua hacia mi ombligo, y mis manos se abrían infinitamente para alojar las suaves y redondeadas nalgas, firmemente conseguidas en el final de unas largas y sedosas piernas de mujer joven, que hacían crecer interminablemente mi entrepierna hasta el punto de liberarse de sus ataduras y quedar al descubierto.

No tardó mucho su aliento en darle cobijo con una lasciva mirada que se clavó en mis adentros. Su boca se abrió paso sobre mi acalorado miembro. Mi placer recorrió en una exclamación el ambiente. Su lengua descubría cada rincón de mi pene con movimientos codiciosos y expertos, como un niño con una golosina.

Mi erección iba en aumento y eso se dejaba sentir en su rostro que ante tamaña magnitud, reflejó una mueca de agradecimiento que correspondí buscando su ilusión con mis dedos, acariciando su sexo, hundiéndose en su interior provocando un gemido satisfecho.

Strauss seguía en el ambiente que envolvía acalorado los cuerpos cerca del fuego, iluminados tan sólo por él, pues procuramos que las lámparas,  desaparecieran en el discurrir de nuestro armonioso juego.

Su boca seguía recorriendo arriba y abajo mi miembro, y en un arrebatador impulso, presto, he abrazado su figura con fuerza de amante en celo y sobre la oriental alfombra  la he derramado, delicadamente, y sin dejar que hiciese un solo movimiento me he abalanzado sobre sus pechos ardientes y con descarado genio he besado con deseo y buscado con mi lengua que su labio inferior se escondiese entre los dientes con un supino desenfreno. He recorrido con mimo el mapa de su cuerpo con mis besos hasta llegar a la locura de su virgo, húmedo y vivo.

Inexplorado se mostraba ante mis ojos. Las manos de Anna han empujado cariñosamente mi gesto hacia él con amplia y celerosa necesidad. Y en su suave terciopelo he fundido mis labios con sus “labios” en un eterno beso en el cual, la lengua experta, ha acompañado con gráciles movimientos, sutiles, intencionados, en su ardiente clítoris, elevando el dedo índice hasta la boca para morderlo con fuerza al tiempo que su otra mano asía con fuerza mi larga y oscura melena.

Tras unos minutos de enredo, su placer se ha desatado sobre mis labios, contentos de haber encontrado lo que buscaban, derramando su esencia por los ardientes muslos, tersos, en el mismo momento que sus hinchados senos se abrían a la grandeza de mi pene erecto que alcanzaba una gran rosa abierta que pedía a gritos ser penetrada en ese mismo y preciso momento.

Con  toda la dulzura y cariño del  que fui capaz me deje caer suavemente y bese sus labios deseosos mientras entraba en su interior rompiendo con esmero viejo el joven imen, que había soportado con presteza los embites de mis dedos, pero que se rindió a la jerarquía de mi sexo.

Sus piernas se anudaron sobre mis caderas, y sus uñas se hundieron sobre mi carne provocando un inobservado lamento al tiempo que las caderas y las piernas hacían que se ocultase más dentro de aquella mujer mi ser con un acompasado movimiento, ..rápido…cada vez…más rápido, consiguiendo otro lamento de placer sostenido en el ambiente que rebotó contra las paredes de manera intensa.

Tres veces más alcanzó el climax antes de que la levantase de nuevo, sin abandonar su interior en ningún momento, y apoyada su espalda sobre la propia cristalera, la hiciese llegar a un último gran orgasmo mientras yo conseguía el propio con un grito seco y un profundo sin dejar de entrar y salir, con suaves y melosos besos, que provocaban los últimos jadeos satisfechos para acompasar la respiración entrecortada y pesarosa del esfuerzo.

Sin parar de besar su cuello, mi frente sudorosa se refugió en su empapado pecho, y abandoné su cálido interior después de dejar testigo en su interior con mi esencia descorchada en un último suspiro profundo enloquecido.

Minutos después, nuestras ropas volvieron a su inicial estado, devolviendo un decoroso aspecto que mal disimulaba el pelo enmarañado y el brillo de sus ojos y el color de su tez que no ocultaban la evidencia de la mujer que ha sido poseída por vez primera.

Un beso a la puerta, cómplice de una despedida oculta tras mi sombrero, quizá la última, sirvió a modo de despedida…

 

Espero que os haya gustado esta nueva entrega de la vida de Sir Charles Barnaby Noland, si es así, y habéis podido disfrutar de un rato agradable y “apasionado”, no os cortéis, y dejad que alguno de vuestros contactos pueda hacerlo igual que vosotros. Lo bueno se comparte.

Si además os apetece comentar conmigo alguno de los pasajes de esta entrega, o tenéis algo que no queréis dejar de compartir, hacedlo en los comentarios de más abajo de esta entrada y gustoso os contestaré con las aclaraciones oportunas 😉

Pasad un muy ben fin de semana.

J.C. Sanchez

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JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
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Soy muy deportista. Todos los días practico deporte si mi espalda me lo permite. Ando, corro, nado, o practico yoga, pilates o alguna sesión de otra actividad dirigida. Me aburren un poco las pesas, he de reconocerlo. Quizá por el mucho tiempo que tuve que hacerlo cuando jugaba al baloncesto. Anda, ¿no os lo he dicho? Mi vida ha estado ligada al karate y al baloncesto desde los cuatro y nueve años respectivamente.

Soy un poco culo de mal asiento, es cierto. Tiendo a aburrirme si no tengo alicientes que me reten a algo nuevo cada día.

Me gusta reírme. ¿A quién no, verdad? No, no, pero a mí me gusta hacerlo incluso de mí mismo. Eso es menos frecuente, ¿eh? Sí, soy un poco payaso.

Me encanta leer poesía cuando estoy solo. Sentarme en algún lugar tranquilo, sobre todo por la noche, escuchar el silencio y meterme dentro de cada verso. Sentirlo.

Suelo leer tres o cuatro libros a la vez. No me preguntéis por qué, porque no puedo explicarlo, pero es así desde hace ya no sé cuánto tiempo. Llámalo manías.

Soy un romántico sentimental sin remedio. Una de mis obras favoritas es Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Me gusta mucho el cine. Y cuando digo mucho, es casi todo. Desde las películas que me hacen pensar hasta las que sólo tienen ruidos de persecuciones y disparos. Un detalle, pero no se lo digáis a nadie, ¿de acuerdo?: los musicales también. Estuve más de un mes cantando por todos sitios las canciones de Moulin Rouge.

Me apasiona la Historia, y la Historia medieval en particular. Participé en la escritura de Codex Templi (2005)*link, un ensayo sobre la Orden del Temple.

Soy un enamorado convencido del género humano. Sigo creyendo en el ser humano a pesar de los pesares y de lo mucho que se empeñan en hacerme cambiar de opinión. Figuras como Jose Luis Sampedro, Vicente Ferrer, entre otros, son una referencia. Ferviente devoto de esta frase: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Ahí tenéis a Rosseau: coge una frase de Aristóteles, dale un par de toques y, oye…toda una filosofía nueva ¿no?

Creo en la ilusión, la perseverancia, el esfuerzo, la entrega, la generosidad y la confianza en uno mismo y en los demás.

[vc_separator type="transparent" up="10" down="10"][vc_column_text]Todas estas cosas, además de una buena dosis de locura y las ganas de contar lo que pasa por mi cabeza, me llevaron a crear mi blog a finales del año 2013. Y es ahora, en este año 2015, cuando he decidido dimitir de mi puesto de trabajo en una multinacional para dedicarme a mi sueño de contar historias. Descubre cómo empecé a hacerlo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]