UN MAESTRE LLAMADO BALTAR

Hace unos días hablaba con una compañera blogger, sobre nuestros gustos, y nuestras aficiones. Algo normal y divertido, una costumbre sana que recomiendo encarecidamente a todos, con gente conocida, por supuesto, pero también con desconocidos, porque no sabes nunca lo que puede salir de todo eso.

Bien.

Lo que salió de aquello no es más que esto que podéis leer hoy aquí, una locura divertida que hacemos a dos manos, Campanilla Feroz y yo. El Proyecto Assasins que ha llamado ella, y cuya primera parte podéis leer aquí.

No se si conoceis el videojuego, pero tanto ella como yo, nos declaramos fans absolutos de Assassins Creed.  Yo reconozco que más que el juego, la historia. Aun y así espero que lo disfrutéis, siendo un cambio en la línea de lo publicado en este blog hasta ahora.

google images

google images

 

Dejó sentir el aroma de la noche sobre su cara, inhalando profundo, hinchando sus pulmones, cerrando los ojos y permitiéndose pasar los dedos pulgares por las yemas del resto de sus dedos calibrando ese momento.

Se arrodilló al borde del río mezclando ideas, tratando de alejar de su mente la última conversación que había mantenido con esa pupila indisciplinada.

No era la primera vez que se lamentaba de sus decisiones, cierto, pero quizá no tanto como en ese instante. Aún no encontraba la motivación que le llevó aquel día a aceptarla bajo su protección y amparo, a adoptarla como alumna de su saber.

 

  • Concéntrate Baltar –se dijó entre dientes.

 

El río le separaba apenas una legua en la noche de la silueta de ese monstruo de piedra, de ese edificio que estaban levantando en Paris.

¿Una catedral? ¿Ahora un montón de piedras elevadas hacia los cielos?

Otra construcción para mayor gloria de Dios y menor de los hombres. Un adefesio de formas imposibles, de lo que llamaban gótico elevado, para estar más cerca del creador.

No sabían de lo que hablaban, no sabían lo que hacían, y sobre todo no sabían para qué lo hacían.

El orgullo, simplemente el orgullo humano, había conseguido alcanzar cotas insospechadas.

¿Acercarse a Dios? ¿Estar más cerca de él?.

Él, si que sabía lo que era acabar con el aliento de un hombre, con la vida de otro ser humano, enarbolando el nombre del altísimo.

Defendiendo la verdadera fe, cuando el que recibía sus mandobles decía estar haciendo lo mismo.

¡Estúpidos!

google images

google images

Los secretos de ese oscuro edificio eran su ocupación, lo único que repetía su mente desde hacía dos largos años. El objetivo propuesto. Recuperar esa pequeña estatuilla negra representación de la madre y el hijo, que robó para Chelles, el innombrable.

¿Lo único?

No. También estaba ella.

Esa niña de ojos profundos y mirada decidida. La mirada del odio y de la venganza, la mirada de quien necesita sin duda encontrar su camino. La mirada que podía reconocer en él algunos años atrás, antes de conocer la Verdad. Antes de convertirse en el mejor ladrón que se había visto bajo el manto estrellado. Antes de convertirse en una leyenda, antes de ser un Maestre Assesin’s, antes de ser Baltar.

 

Tensó los músculos del cuello y giró la cabeza hacía uno y otro lado al tiempo que relajaba los hombros sin quitar la vista de las fogatas que se mostraban altivas y dispersas desde el otro lado del rio. Apretó los puños y giró sobre las puntas de sus pies.

 

  • Hoy, tampoco será Maldito, hoy tampoco. No tengo prisa, tu momento y mi momento se encontrarán. Ahora debo ocuparme de darle una lección a esa niña.

 

Observó la dirección en la que había corrido Kalena después de su intercambio de palabras tras la lección vespertina. Un leve rastro de sangre señalaba el camino exacto. Levantó el rostro en contra dirección del viento y olisqueo entornado los ojos como si fuese un animal que busca su presa.

  • Krulls , ¡vaya!, se pone divertida la cosa.- Pensó mientras sacaba de la protección de cuero de su antebrazo una pequeña flecha para la ballesta corta y se adentraba en la profundidad del bosque.

 

Los Krulls son unos seres despreciables que no tienen suelo, ni respeto por ninguna clase de vida, pero mucho menos por la del humano. Viven bajo tierra, poca gente conoce de su existencia. Mezcla de humano, y alimaña, ojos pequeños tras tiempo sin ver el sol, se orientan por un olfato sensible. Sucios, mal olientes, desagradables a la vista, su fuerza reside en unas poderosas manos que usan para despiezar cualquier tipo de animal. No sería la primera vez que han raptado niños humanos y han disfrutado de un festín. Jamás salen solos, siempre van en grupo, aunque nunca superior a cinco unidades.

Baltar pensó que era la prueba perfecta para Kalena. El olor de la sangre de sus heridas y sus ropas hechas trizas serían el mejor reclamo para esas alimañas.

Sin pensarlo un segundo localizó el árbol y la rama en la que sabía por mucho que la joven se hubiera esforzado por ocultarse, donde se había acurrucado.

Se puso la capucha sobre la cabeza y observó de nuevo al interior del bosque, esperando de forma paciente a que aparecieran las figuras cerca del pequeño claro que había debajo del roble al que se encaramó Kalena.

Los Krulls son tan hábiles con los cuchillos, como despiadados. Si no quería ser objeto de deleite primero, y cena después Kalena debería concentrarse en lo que le había enseñado.

Varias sombras se movieron a escasa distancia. Baltar cambió su posición para que la suave brisa de la noche no delatase, al menos de momento, su posición a los Krulls.

Cogió la ballesta corta del cinto, la cargó, y el silbido de la flecha fue lo único que cortó de forma rápida la distancia que le separaba de Kalena. Rasgó su camisón a la altura del costado izquierdo de la chica, provocando su gemido seco en la noche, y clavándose en el tronco.

Los Krulls se pusieron sobre aviso y contemplaron como el rasguño le hacía perder el equilibrio a la chica cayendo de la rama hasta el suelo descubriendo su posición, y siendo rodeada al instante por esa mezcla de animal y humano de la que había oído historias, pero que nunca había creído.

Dolida en el suelo, se llevó una mano al costado para calibrar el daño que tenía. Hinchó sus costillas con el aire de la noche. Aunque dolorida, tomó conciencia de que no tenía nada roto y se levantó del suelo.

Al levantar la cabeza los ojos de uno de esos seres la miraban curiosos. El golpe había dejado al descubierto uno de los tiernos y jóvenes pechos de Kalena. La mujer siguió la mirada y los pasos que se acercaban hacía ella. Trató de mantener la calma, como siempre le había dicho su maestro para evaluar la situación. Ahora si que estaba en un buen lio. Sin armas, casi sin ropa, herida, y rodeada en medio del bosque por cinco seres que hasta hace unos minutos simplemente no existían más que en los cuentos que se contaban a los niños para asustarles.

Pensó en gritar pidiendo ayuda a su Maestro, tampoco se había alejado tanto, y estaba segura de que Baltar, podía escucharla respirar a leguas de distancia. Un simple grito y en menos de lo que tarda en decir AMEN, estaría allí, pero no lo hizo. No le pediría ayuda, y mucho menos después de lo que acababa de suceder.

Miró sus piernas, desnudas, amoratadas, y sangrando por dos heridas que le había provocado el árbol al caer. Rasgó el camisón por encima de la rodilla de forma rápida, hizo dos tiras y cogió dos piedras que anudó a sus manos.

Baltar miraba la escena de manera curiosa. Allí estaba, alguien que había desvalijado la cámara secreta del Vaticano, dando lecciones en un bosque a las afueras de Paris a una niña asustada. Cruzó los brazos y se mantuvo en la oscuridad detrás de un árbol.

 

  • Veamos como te las apañas ahora, pequeña. –dijo con semblante serio espaciando las palabras Baltar.
google images

google images

J.C. Sanchez

¿Te gustó? ¡Compártelo!

FacebookTwitterGoogleTumblrLinkedInPinterest

Posts Relaciondos

JC Sanchez
jcs@jcsanchez.eu
Sin comentarios

Publicar un comentario