El muñeco fue el primero en cerrar los ojos al vernos entrar de la mano en aquella habitación adolescente de libros amontonados, de ropa descolocada por el suelo… La ventana se cegó ante las respiraciones aceleradas y el cargado ambiente. Los coches de la niñez...

Sencillo, sereno, discreto, distante recelo al instante de pensamiento inquietos celosos guardianes de rostros coquetos en estos momentos de bolsos menguantes.   Me acometo de quehaceres, me apaciguo de silencios y aun en voces displicentes me arrobo en todos mis bienes pequeños...