Buscaba el silencio día tras día anhelando el refugio de la dicha como buscaba el sosiego de Yuste en sus últimos días el emperador. Como Unamuno, encontrole en Douro, Duero, llama a mi puerta su fuego apagado tras los muros de Zorita y los árboles contores mudos, quedos espectadores de excepción del Tormes sufriente...